Ante Pesca, Prefectura y Secretaría de Trabajo. Temen quedarse sin empleo por proteger el recurso.
Ante Pesca, Prefectura y Secretaría de Trabajo. Temen quedarse sin empleo por proteger el recurso.
Un grupo de dieciocho marineros que trabajaba a bordo del buque pesquero “Oryong 756” denunció ante la Delegación Regional Puerto Madryn de la Subsecretaría de Pesca de la Nación, ante la Delegación Madryn de la Secretaría de Trabajo, y ante la guardia local de la Prefectura Naval Argentina, que la empresa Continental Armadores de Pesca S.A. (Conarpesa) los despidió de sus puestos de trabajo embarcados debido a la negativa de los marineros de “tirar” al mar varias toneladas de calamar muerto sin procesar, porque aparentemente era de un tamaño menor al que la firma considera comercialmente apto para su traslado a puerto.
El “Oryong 756” es un buque pesquero dedicado específicamente a la pesca de calamar con “potas”, un elemento que exclusivamente permite la recolección de calamar, no izando a la cubierta otro producto de mar diferente a la especie en cuestión.
“Había calamar muy chico”
La denuncia fue encabezada por el contramaestre de planta del buque potero “Oryong 756”, Jorge Enrique Cariello, quien tras formalizar la presentación ante la oficina de Pesca de la Nación dialogó con El Diario de Madryn y relató que después de haber embarcado a todos los tripulantes, haber partido hacia la zona de pesca, “nos encontramos con que había calamar muy pequeño, y el capitán nos ordena procesarlo. Una vez que la tripulación estaba procesando el producto como ‘vaina’ y ‘rejo’, que implica por un lado la parte de los tentáculos y por el otro el cuerpo del animal, el capitán ordenó después que el calamar chico lo tiremos al mar y que procesemos únicamente el grande”.
“Un ochenta por ciento al agua”
Cariello remarcó que si hubiesen cumplido con la orden que comunicó el capitán, Alberto Fermín Flores, “un ochenta por ciento de la captura hubiese ido” ya muerta “al agua”. El ex tripulante del “Oryong 756” comentó que durante la noche de trabajo procesaron 451 bandejas de calamar.
“Cuando el segundo contramaestre me comunica la orden del capitán, me negué a ejecutarla.
Informado el personal de planta” de procesamiento a bordo, respecto a la decisión del capitán, “también se niega a tirarlo al mar, por lo que se decidió continuar con la ejecución de la primer orden que había emitido: procesarlo”.
Ante esto, el capitán “dijo que la empresa no nos va a pagar el calamar chico, porque quiere pescado grande. Entonces, decidimos que si la empresa no iba a pagar, lo hacíamos igual y que la firma decidiera, cuando tuviera la carga en puerto, qué haría con el producto”.
En su relato de la situación que se produjo a bordo del buque, Cariello subrayó que “en el segundo día de pesca ocurrió exactamente lo mismo, y también nos negamos a devolver al mar el calamar” que ya estaba muerto. Ahora, “el aduce que los tripulantes nos negamos a trabajar, cuando ninguno se negó a trabajar pero ninguno está dispuesto, tampoco, a tirar calamar al mar”.
Al capitán “se le aclaró permanentemente que no nos negábamos a trabajar, y las pruebas están, procesamos todo el calamar que se recogió, chico y grande, como sea. Cumplimos las 14 horas de trabajo”.
Finalizadas esas 14 horas de procesado, “nos fuimos a dormir las seis horas que nos correspondían, pero cuando nos levantamos para comenzar nuevamente a trabajar y realizar la descarga del ‘túnel de frío’ del calamar congelado, nos encontramos con que estamos en navegación”. En un primer momento, “supusimos que nos dirigíamos a otra zona de pesca, para continuar con las operaciones, pero el personal de máquinas nos informó que hacía varias horas que estábamos en navegación, apenas se terminó con el procesamiento, hacia la rada de Puerto Madryn”.
Entonces, ante una consulta puntual, “el capitán señaló que iba a la totalidad de los marineros por negarse a trabajar”. Los tripulantes “no permitimos que tiren nada al mar, tomamos las correspondientes fotografías de la carga” y los detalles del calamar que el capitán permitió recoger, “el tamaño y contextura”.
“Cuidar el caladero”
El personal “se hace eco de una realidad, si uno pesca es para procesar, si no lo va a hacer, no lo captures y dejes morir” en cubierta. En ese sentido, recordó que “en la empresa, hasta hace algunos años trabajábamos hasta nueve meses de corrido, pescando y navegando, pero desde hace dos o tres años que se navega sólo dos meses o se hace incluso un solo embarque o dos.
Ya no es como antes, y si nosotros no cuidamos lo nuestro, el recurso, no va a venir nadie a cuidarlo; por eso, el pescado que levantamos del mar tenemos que procesarlo, es la única manera de cuidar el caladero, para que haya calamar el día de mañana”.
Finalmente, destacó que “si uno tira al mar el calamar que a la empresa no le da el tamaño, ese es el animal que el año que viene tendría que haberse reproducido y generar más recurso en el caladero. La tripulación decidió procesarlo igual, por más que nos hayan amenazado con que no nos iban a pagar el procesamiento de ese tonelaje, o que nos amenacen con que nos van a bajar de oficio”.
“Sólo por evitar la depredación”
Con esta medida, “de bajar al personal de oficio, ahora va a costar mucho que alguna empresa le de trabajo a estos marineros, y sólo porque quisieron cuidar el recurso y evitar la depredación. Ahora nos van a desvincular de la empresa, y había gente que tenía más de ocho años de antigüedad en Conarpesa. Decidimos hacer lo que correspondía para cuidar el caladero”.
Cariello definió también que “por la destrucción del caladero, ahora trabajamos sólo dos meses y después tenemos que estar todo el año en nuestra casa, sin cobrar, haciendo lo que sea para sobrevivir”.
“Siempre permitimos que se hiciera esto”
Otro de los tripulantes desembarcado de oficio, de apellido Benítez, comentó que “en los años 2003, 2004 y 2005, ya se recogía calamar muy chico, casi un ‘calamarete’; y la mayoría de lo que se sacaba del mar se volvía a arrojar muerto”. Además, “no era poca cantidad, sino más de cinco toneladas por día. De diez toneladas que se recogía, se procesaba cinco nada más, el resto iba al agua. Siempre permitimos que se hiciera eso, pero se está terminando el trabajo, (se destruye) el recurso marítimo y siempre pasa lo mismo, estas empresas multinacionales hacen lo que quieren. Esto da para pensar que está arreglado esto, porque nadie hace nada. No puede ser que seamos la primer tripulación que nos hayamos ‘plantado’ para quejarnos”.
El trabajador embarcado remarcó que en este tipo de buque “no viaja a bordo un inspector de pesca para verificar lo que ocurre con la pesca, sí en los que recogen otras especies. En algún momento se pensó en colocarlo, pero nunca se concretó y estamos a la buena de Dios. Además, si no te gusta, te echan”, sentenció.
27/06/08
DIARIO DE MADRYN
