¡Marche un chorizo de anchoas!

Por primera vez en la historia moderna, la producción mundial de pescado nacido y criado en granjas superó a la de la carne vacuna.

Por primera vez en la historia moderna, la producción mundial de pescado nacido y criado en granjas superó a la de la carne vacuna.

¿Se vienen el domingo a casa a comer un asado? Yo pongo el salmón, ustedes tráiganse una anchoas. No, eso no va con nuestro modo argentino y occidental de vida, ¿verdad? Nosotros, que tenemos los pastos más ricos, las vacas más gordas y los bifes más jugosos. Pero el mundo está cambiando aceleradamente y por primera vez en la historia moderna la producción de pescado nacido y criado en granjas superó a la de la carne vacuna. Parece increíble, pero se han producido unos 66 millones de toneladas de pescado mientras que las vaquitas se quedaron en unos 63 millones de toneladas, y la diferencia parece ir en aumento. Todo esto, según los datos del Instituto de Políticas de la Tierra (Earth Policy Institute), una organización no gubernamental con sede en Washington que analiza indicadores ambientales y de paso sugiere acciones concretas en cuanto a la sustentabilidad de nuestras acciones -incluyendo las acciones comestibles, claro-.

El asunto, por supuesto, es que somos muchos en un solo planeta: siete mil millones (digno título para Roberto Arlt). Tantas bocas para comer requieren cambios radicales en la producción de alimentos, como los que comenzaron con la famosa revolución verde y siguieron con el tremendo aumento en la producción de carne a lo largo de la segunda mitad del siglo 20, a expensas de los campos y las pampas. Pero este crecimiento parece estar deteniéndose: es muy caro darle de comer a las vacas. Claro, a lo largo del siglo pasado también aumentaba peligrosamente la pesca, hasta niveles que actualmente la hacen difícilmente sostenible: cada vez se requiere mayor esfuerzo para mantener los niveles actuales de captura; hay que ir más lejos y más profundo.

Y aquí hace su aparición la acuicultura (cultura líquida, diría algún filósofo de la modernidad), con sus granjas de peces, bastante eficientes en cuanto al manejo de nutrientes. Y llegó para quedarse: China, por ejemplo, tiene más del 60% de la producción mundial de peces (sobre todo carpas) que, de paso, tienen un gran sentido ecológico ya que pueden ser criados en los campos de cultivo de arroz. Así, se pueden alimentar de las sobras: plancton, pastos, nutrientes orgánicos que anden flotando por ahí. Por si fuera poco, ayudan a fertilizar los cultivos.

Pero otras granjas pueden ser más complicadas en términos ambientales. Si se cría salmón o langostinos, hay que darles de comer. peces (o aceite de pescado, que en el fondo es lo mismo). Noruega es el mayor productor de salmón del mundo y el mayor consumidor (e importador) de aceite de pescado para alimentar a sus salmoncitos. Algo similar ocurre en China con la cría de langostinos. También hay que ser cuidadoso con los ambientes que se destruyen, tanto para la cría del ganado como para los peces de granja. Como sea, mientras el consumo de carne vacuna está estabilizado o en baja en el mundo (a excepción de nuestros edificios en construcción con el típico asadito en la vereda, por supuesto), el de pescado sigue aumentando.

No todo es lo mismo en términos de los costos para don Neptuno. Según cálculos de la Universidad de British Columbia en Canadá, consumir un kilo de peces de “nivel 4” (los predadores de más alto nivel) equivale a comerse 10 kilos de predadores intermedios (nivel 3), que cuentan como 100 kilos de consumidores de primer orden (nivel 2) y hasta 1000 kilos de productores primarios (nivel 1). Así, el impacto sobre los ecosistemas marinos es muy diferente para un tremendo buque pesquero que para una pequeña aldea de pescadores. Si son curiosos y responsables, les puede interesar que la Asociación National Geographic desarrolló una guía de sustentabilidad pescaderil muy útil frente a la góndola del supermercado, en la que se puede elegir desde anchoas hasta bacalaos y compararlos en función de su impacto ambiental, su nivel nutricional (como los famosos Omega-3), la cantidad de mercurio que pueden contener y su posición en la cadena alimenticia (por ejemplo, le haremos menos mal a los océanos consumiendo sardinas que atunes).

¡Marche un chorizo de anchoas, mozo! Los peces son de nosotros, las vaquitas.

Por Diego Golombek  | LA NACION

06/10/13

LA NACION REVISTA

 

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