En una reciente nota informativa firmada por el Canciller Héctor Timerman, se efectúa una síntesis de lo actuado en el 2013 con relación al reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes. Su lectura deja un sabor amargo.
En una reciente nota informativa firmada por el Canciller Héctor Timerman, se efectúa una síntesis de lo actuado en el 2013 con relación al reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes. Su lectura deja un sabor amargo.
Un número de frágiles consideraciones genéricas desnuda, por un lado, visiones conceptuales cuanto menos polémicas en las relaciones internacionales contemporáneas y, por otro, revela la grave ausencia de una estrategia diplomática efectiva e imaginativa para la recuperación de Islas Malvinas. Las apreciaciones contenidas, con un tinte irascible, tampoco transmiten mayores esperanzas en la modificación del status quo diplomático.
El texto detalla, como si fuera una primicia, una lista de acciones que, en definitiva, son las tradicionales que viene desarrollando la diplomacia argentina en las últimas tres décadas tanto en el ámbito bilateral como multilateral. Nada particularmente novedoso. Las gestiones más importantes en defensa de los derechos argentinos como pueden ser las medidas relativas a los hidrocarburos, han sido impulsadas con anterioridad al 2008. Ninguna iniciativa sustantiva, lleva la impronta del actual Canciller.
De lo señalado en la nota, parecería que el único objetivo político que ha perseguido el titular del Palacio San Martin ha sido el de evitar que los apoyos internacionales históricos logrados por la Argentina, se dispersen o evaporen. Es bueno que lo haya hecho. Lamentablemente eso no es, claramente, suficiente para recuperar las Islas Malvinas ni para ejercer presión sobre el Reino Unido.
En este contexto, es llamativo que el parte informativo haya sido firmado por Timerman en lugar del habitual comunicado de prensa impersonal. ¿A qué se debe tanto aspaviento? Una posibilidad es que el firmante haya pretendido arrogarse la paternidad de antecedentes diplomáticos que la realidad indicaría está lejos de corresponderle. Puede ser también un intento de ocultar fracasos de gestión y orientación diplomática como pretender contrarrestar, con un relato propio, la imperdonable ausencia de una estrategia de política exterior en defensa de los intereses en el Atlántico Sur.
Sobre esta base, no es sorprendente la reciente creación de una Secretaria de Estado para el seguimiento específico del reclamo nacional sobre la soberanía de las Islas Malvinas. Posiblemente la Casa Rosada haya intervenido a la Cancillería para reducir los efectos perjudiciales de la grave serie de desatinos diplomáticos. Es de esperar que las nuevas e importantes funciones que encarará el distinguido ex senador Daniel Filmus, se cumplan con la seriedad y responsabilidad que exigen las actuales circunstancias. Es indispensable que así sea.
La no diplomacia de los últimos cinco años, en particular del 2010 al 2013, a diferencia de lo que expresa el Canciller en su nota, ha puesto a la Argentina con relación a Malvinas al borde de un fracaso diplomático de alcance histórico. Es necesario y urgente revertir la desconstrucción de la presencia Argentina en el Atlántico Sur. También lo es que las políticas diplomáticas que se diseñen para salir del actual impasse sobre Malvinas cuenten con el aval y el consenso de los distintos sectores políticos representados en el Honorable Congreso de la Nación. Ese factor es central para que las Malvinas, como si fuera un film de Campanella, vuelva a estar positivamente en los ojos del mundo.
Por Roberto García Moritán (Ex vicecanciller)
10/01/14
CRONISTA.COM
