Malestar gremial, dragas a la miseria y formalismos políticos

Los principales referentes gremiales volvieron a moverse inquietos en sus sillas y el malestar aumenta. Las promesas de gestión no se concretan, y la tregua política que concedieron a las autoridades portuarias y de transporte marítimo y fluvial se extingue de a poco, pero con fuerza.


Los principales referentes gremiales volvieron a moverse inquietos en sus sillas y el malestar aumenta. Las promesas de gestión no se concretan, y la tregua política que concedieron a las autoridades portuarias y de transporte marítimo y fluvial se extingue de a poco, pero con fuerza.

El apoyo explícito a la gestión actual en Puertos y Vías Navegables se circunscribe sólo a reuniones cara a cara con los funcionarios. Luego, salvo algunas segundas líneas, no hay sindicalista de fuste dispuesto a seguir firmando cheques en blanco.

Desde el ámbito netamente marítimo, pasando por el sector de dragados, el de la estiba, y el fluvial (con la tenue excepción del naval), los trabajadores se resignan a la parafernalia discursiva vacía de contenido y de acción. Por ejemplo, la construcción de nuevas radas y la nueva traza, dicursos fuertes de las autoridades. ¿Pero quiénes pueden hacerlo? Sólo los privados están en condiciones porque el plantel de dragas estatales está a la miseria y la renovación de los equipos deberá esperar la consumación ferroviaria. Así está el discurso nacional y popular para y por el trabajo argentino: vacío de contenido.

Sólo una draga (la 58, que opera en el Martín García) está más o menos en orden. A las más defectuosas se les sacan partes para reparar las menos defectuosas. La repartición depende del director nacional de Vías Navegables, Aníbal Díaz. Encima, la cuestión salarial del personal de Dragados está al límite. “Gana más el contramaestre de una draga privada que el capitán de una draga estatal”, señala Juan Carlos Schmid, referente del gremio.

Los portuarios de Buenos Aires, que esperan definiciones, días atrás vieron cómo la draga se retiraba del puerto. Sergio Dorrego, director nacional de Transporte Fluvial y Marítimo, le anuló a la embarcación el waiver que vencía en mayo. La presión llegó desde el ministerio. A las 48 horas, el solícito Dorrego dio marcha atrás con la medida.

Dorrego también cultiva el estilo multifacético y laboralmente prolífico. Como su jefe, Horacio Tettamanti -que es a la vez subsecretario nacional de Puertos y representante de la provincia de Buenos Aires en el Consejo Federal Pesquero- Dorrego reparte su profesionalismo entre la Subsecretaría de Tettamanti y la dirección de la Escuela Nacional de Náutica Manuel Belgrano.

El astillero del subsecretario (SPI) está muy activo con la reparación de buques de la Armada. Pero no lo suficiente como para realizarle el simulador a la Escuela Nacional de Náutica de Dorrego, licitación que ganó (aún con una cotización más cara) porque el otro candidato no cumplía con formalismos políticos. Perdón, técnicos.

Por Emiliano Galli

11/03/14

LA NACION

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