Los índices que desinflan el comercio

El fuerte aumento de costos internos terminó por licuar la ventaja cambiaria y complica el panorama exportador.

El fuerte aumento de costos internos terminó por licuar la ventaja cambiaria y complica el panorama exportador.

La cuota de oxígeno que la devaluación aportó a gran parte de los exportadores argentinos en 2002 comienza a extinguirse. El fuerte aumento de los costos internos licuó en buena medida lo que en aquellos años significó una gran ventaja competitiva.

Pero, ¿puede un país basar su competitividad indefinidamente en el tipo de cambio? ¿Se trata de una herramienta transitoria para lograr una competitividad más definitiva? ¿Supo, pudo o quiso la Argentina -tanto el sector público como el privado- sacar el mejor provecho de aquella medida que el entonces presidente Eduardo Duhalde anunció como parte de la alianza con la comunidad productiva que tanto la reclamaba?

Hoy cada vez son más los empresarios que se quejan con el argumento de que la fuerte inflación del último tiempo los obliga a enfrentar costos en dólares tan apretados como los que debían afrontar antes de la devaluación del verano de 2002.

Un trabajo de Deloitte, dirigido por el economista Luis Secco, muestra, efectivamente, que el índice de competitividad bilateral es en la actualidad sólo el 2, 3 por ciento más alto que a fines de 2001. Se trata un índice construido a partir del cociente entre la evolución del tipo de cambio bilateral con el dólar y un índice nominal de costos de producción doméstica (compuesto en un 50% por los salarios nominales ajustados por productividad, y un 50% por el costo de bienes intermedios y energía).

Lo más preocupante es que, según los todos los indicios, esa tendencia a la caída de la competitividad continuará.

Eduardo Fracchia, director del Area de Economía del IAE, explicó que para un exportador promedio, "el gran número" es el tipo de cambio real, "que se viene haciendo puré a un ritmo del 25 por ciento anual promedio". "Esa es la cuenta que más le duele a los exportadores", dijo antes de advertir: "Si seguimos así, en 2011 llegaremos al uno a uno de 2001. La inflación es tan fuerte que licuó la diferencia cambiaria pero pareciera que el Gobierno no quiere devaluar y es lógico, llevar el dólar a cuatro pesos empujaría más la inflación".

En la antesala de un año electoral, el economista del IAE dio por hecho que en 2009 "habrá un fuerte lobby para subir el dólar" y si bien admitió que muchos argumentan que "un dólar alto es bueno para los exportadores" pidió que no se exagere: "Países como Alemania o Brasil, con un cambio horroroso frente al dólar, son grandes exportadores".

De inmediato llegó la "salvedad": Alemania y Brasil tienen mayor productividad, más eficiencia y mejor logística, admitió.

Una vía para mejorar la competitividad es subir el dólar, pero otra tan válida como ésa es bajar la inflación, dijo Fracchia.

Cuando se comienza a desmenuzar el tema surgen los grandes capítulos de la "pérdida de competitividad argentina": la licuación de la ventaja cambiaria tras la devaluación de 2002 se debe, en gran medida, al incesante y creciente aumento de los costos internos en salarios, insumos y transporte.

Pero también puede trazarse una segunda lista tan o más importante y que se refiere al "costo argentino".

Raúl Ochoa, de la Fundación Standard Bank lo puso en estos términos: "Es cierto que ha habido un aumento de costos muy importante; que el tema salarial es un capítulo aparte, especialmente en actividades que demandan mano de obra especializada; que el aumento en el costo del transporte y la logística han sido sustanciales, pero además hay severos problemas de infraestructura y seguridad que atentan contra la facilitación y la conectividad con el mundo y que provocan mayores gastos".

¿Es sostenible en el tiempo la ventaja competitiva basada en el tipo de cambio?, preguntó LA NACION.

"El único país del mundo que logró hacerlo es China. Puede darse en mercados en los que se registre una fuerte migración de la mano de obra rural a las zonas urbanas, con salarios bajos. Lo que hay que hacer es lograr una competitividad sistémica; no se puede estar devaluando cada dos años. Sí se puede fomentar el uso de vías de transporte que ayuden a reducir los costos, como la hidrovía, tomar medidas para mejorar el tránsito transfronterizo, generar un buen ambiente de negocios con políticas claras y previsibles que atraigan a inversiones que mejoren la productividad, y ofrecer un financiamiento adecuado para que las empresas locales puedan crecer", enumeró Ochoa, casi sin respirar.

Mariano Lamothe, economista de Abeceb.com, fue contundente: "La competitividad por el tipo de cambio dura poco, y en la Argentina, en los dos últimos años, ese proceso se aceleró por efecto de la suba de precios y costos, que en el caso de los salarios rondó el 20 por ciento. La energía también aumentó para la industria, y ni hablar de los costos logísticos", agregó.

Crédito

Lamothe dijo que existen ciertos factores que permiten absorber o al menos atemperar el efecto del aumento de costos, como los incentivos a las inversiones y medidas que reduzcan el costo financiero para acceder al crédito. "Hay que dar condiciones que las empresas no tengan que estar pensando en la renta a corto plazo", señaló.

El dólar para el próximo año -que según el Presupuesto será de $ 3,19- "no compensará los aumentos, pero algo es algo. Para recuperar niveles lógicos de competitividad tendría que estar a 3, 40", dijo Lamothe.

Cristina Zapata, especialista en negocios internacionales y docente de la Universidad de Belgrano coincidió: "Nunca se puede basar una estrategia de internacionalización en el tipo de cambio. Ese puede ser un disparador, pero no el factor decisivo. Lo mismo que en un momento es una oportunidad puede transformarse en una amenaza por eso es importante construir ventajas competitivas durables. Los microemprendedores que se lanzaron a exportar en 2002 lo hicieron como manotazo de ahogado. Salieron a vender sin volumen, sin conocimiento suficiente, por eso no tuvieron continuidad ni credibilidad y hoy ven agotadas sus ventajas para seguir exportando. Una empresa verdaderamente orientada al mercado internacional exporta en las buenas y en las malas", concluyó.

Carlos Musante, director técnico de la Cámara Empresaria de Operadores Logísticos (Cedol), dio su visión. "Todos los costos internos aumentaron y lo siguen haciendo y eso afecta de modo directo a la competitividad del país. Lo que más nos duele es que son costos que no podemos controlar, no dependen de nosotros, y nos vemos obligados a trasladar", indicó.

Cedol, que agrupa a 38 operadores logísticos que representan el 90 % de la actividad del sector, elabora mensualmente un índice de costos logísticos nacionales. El mismo se construye sobre la base de una operación logística tipo y contempla las variaciones de costos de diferentes rubros: recursos humanos, transporte y distribución (en todos los modos), administración de stocks y sistemas, y comunicaciones.

"La mano de obra y el gasoil representan el 80% de nuestro costo total", explicó Musante antes de citar un ejemplo concreto que refleja los incrementos que debió afrontar el sector desde el final de la convertibilidad hasta nuestros días.

"El costo de alquiler de un depósito AAA [los de mayor comodidad logística] en 2001 era de entre 5 y 6 pesos el metro cuadrado, hoy va de los 19 a los 22 pesos. Pero además se dan cosas muy raras, como lo que ocurrió el mes pasado, cuando el gasoil a granel era más caro que en el surtidor", contó, y razonó que eso se da porque "hay dos tipos de inflación: la de costos, tradicional, y la otra que está dada por la oferta y la demanda. La falta de un marco institucional claro hace que no haya inversiones en infraestructura -rutas, puertos, trenes- en cuestiones básicas, entonces, la cantidad de metros de depósitos disponible o de camiones para transportar la carga no alcanzan a cubrir los volúmenes que se incrementaron en los últimos años", amplió.

El índice de costos logísticos nacionales desde diciembre de 2001 hasta el mes pasado sufrió un incremento del 403,8 por ciento.

El peso de los salarios

El estudio de Deloitte dice que la devaluación del peso, a principios de 2002, provocó un significativo incremento de la competitividad de los bienes y servicios producidos domésticamente vis á vis los de origen externo.

"La muy baja utilización de los factores productivos de capital y trabajo que existía por aquellos días, junto con el congelamiento de tarifas energéticas hicieron que las principales variables nominales de la economía (básicamente, precios y salarios) no aumentaran en la misma proporción que lo hizo el tipo de cambio. Pero para que aquella mejora de competitividad respecto de la década pasada fuese sustentable en el tiempo, resultaba imperioso lograr que la productividad también fuera más alta que durante los mejores años de la convertibilidad, lo que implicaba necesariamente la existencia de un proceso generalizado de inversiones en capital físico y humano, tanto en el sector transable como en el no transable", detalla el estudio.

Ese salto no se dio, al menos en los niveles necesarios y por ello, a seis años de la crisis, la productividad media de la economía "apenas ha vuelto a los niveles de mediados de 1998".

"Esta tendencia a la caída de la competitividad muy probablemente continúe, sobre todo si los costos siguen aumentando. Porque es de esperar que las autoridades convaliden nuevos aumentos salariales, sin que tales aumentos respondan a la evolución de la productividad", alerta el trabajo.

El informe señala que resulta más que probable que los salarios promedio de la economía terminen aumentando este año entre el 28 y 30%, acumulando así un incremento de nada menos que de 125% en los últimos cuatro años (en idéntico período, la productividad media sólo creció 20,5%), porque también aumentarán otros costos, como el de la energía. Si las autoridades intentasen ganar competitividad devaluando no tendrían éxito – aclaran- porque bajo las actuales circunstancias (alta utilización de los factores productivos disponibles, elevadas expectativas inflacionarias, etc.), una significativa devaluación nominal bilateral y multilateral terminaría acelerando la tendencia al aumento de precios y salarios.

Fracchia, del IAE, explicó que una manera de ver la competitividad de un país es medir el costo laboral en dólares. "En China es de US$ 0,70 la hora, mientras que la Argentina, México y Brasil tienen valores similares, que rondan los US$ 4 y los países centrales, entre 20 y 25."

Y un trabajo elaborado por la consultora Abeceb.com que compara el comportamiento salarial en la Argentina, Brasil, México y Europa, muestra que nuestro país lidera el ranking de aumentos (175%) desde junio de 2002 hasta marzo último.

Ochoa, por su parte, comentó: "El tema de la inflación no es menor. Se aplican políticas de aumento salariales masivos que si bien en un momento mejoraron los salarios reales, no se tuvo en cuenta que generan inflación. Otro punto importante es el de la manipulación de los datos. ¿Cómo es posible que si para el Gobierno la inflación es del 8% anual se negocien aumentos salariales que van del 20 al 30%?", ironizó.

Vías de recuperación

Ante lo que parece una gran encrucijada, ¿cómo se puede recuperar competitividad?

Fracchia, respondió que con un tipo de cambio real que no se atrase y bajando el costo argentino, es decir, mejorando la infraestructura y las vías de salida para la producción local con opciones que abaraten el costo de los fletes, como la hidrovía, por ejemplo. "Otra falencia importante es la falta de un Bndes [el Banco de Desarrollo de Brasil] que apoye a los exportadores", acotó.

Diego Pérez Santisteban, director asociado de Deloitte y ex presidente de la Cámara de Importadores, cree que hay una batería de medidas y herramientas.

• Bajar un poco la presión fiscal. No cobrar retenciones a las exportaciones y subir los reintegros. Sólo esas medidas lograrían un efecto de incremento del tipo de cambio de entre el 15 y el 20% sin tocarlo realmente.

• Estimular la inversión. Hace dos años se abandonaron los programas de promoción en ese sentido. Se hacen, pero no en la medida en que se necesitan, y eso es clave para generar más productividad.

• Tener más prudencia en el tema salarial. Insistir en el mismo sentido generaría un cuello de botella.

• Generar una política monetaria que apunte a brindar créditos para la producción y no para el consumo.

• Sincerar el tema inflacionario para recuperar los niveles de inversión que se necesitan. Las últimas acciones con el Club de París y los bonistas son buenas porque permitirán acceso a nuevo financiamiento.

• La inflación devoró buena parte de las ventajas competitivas que la Argentina logró con la devaluación de 2002. El camino comienza estrecharse pero, pese a todo, parece haber algunas opciones para seguir marchando. Todo depende de la voluntad política.

Por Florencia Carbone

30/09/08
LA NACION

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