Pasaron casi dos meses desde el traspaso de las áreas de Puertos y Vías Navegables al Ministerio de Economía, decisión que tomó el Gobierno para allanarle una campaña sin mayores conflictos al ministro de Transporte, Florencio Randazzo.
Pasaron casi dos meses desde el traspaso de las áreas de Puertos y Vías Navegables al Ministerio de Economía, decisión que tomó el Gobierno para allanarle una campaña sin mayores conflictos al ministro de Transporte, Florencio Randazzo.
La visión del Gobierno fue acertada: la Federación Marítima, Portuaria y de la Industria Naval (Fempinra) se movilizará este jueves al Ministerio de Economía para demostrar su cansancio por la indefinición compulsiva de las autoridades del sector. Si el área hubiera continuado bajo la órbita del “ministro ferroviario”, su campaña empezaría a verse empañada por reclamos de más de 15 gremios que trabajan en los ríos, los puertos, los astilleros y en el mar. A eso, debería sumarle el paro convocado por la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) para el mes próximo.
Así, el gambito que jugó la presidenta Cristina Kirchner catapultó a Randazzo y congeló a un sector cuyas bases están a punto del desborde social.
En los puertos, la realidad es crítica. La caída sistemática del comercio exterior -promovida por un Gobierno que, preocupado por anclar artificialmente el tipo de cambio, administró a destajo las importaciones- provoca un impacto directo en el puerto y en sus trabajadores.
La caída de la actividad no es el peor dato: la reacción que puede provocar la combinación entre la caída de la licitación de la terminal 5 (suspendida por el ministro Axel Kicillof) y la suma de una nueva oferta portuaria (Tecplata) es imprevisible. En la terminal 5 hay más de 1000 familias que no saben qué va a pasar a partir de octubre. Desde Economía, no dan ninguna definición.
El transporte fluvial, en tanto, perdió 70 buques de bandera argentina en los últimos 10 años. No hay buques portacontenedores argentinos y el 90% del tráfico de barcazas por la hidrovía Paraná-Paraguay se hace en terceras banderas, con un combustible (cargado en Argentina) y tripulación más baratos.
Respecto de la industria naval, complemento necesario de la marina mercante, el principal astillero de barcazas del país (Punta Alvear) trabaja con casi el 10% de la dotación de personal de la que tenía cuando se inauguró. Inviable competir con los incentivos fiscales y beneficios arancelarios del Paraguay.
Cada cara del prisma portuario, naviero y naval argentino se esmerila, a punto de quebrarse y astillar todo a su paso. (Por Emiliano Galli; la Nación)
20/05/15
