Este fin de semana los cetáceos ofrecieron un espectáculo imperdible en el golfo.
Este fin de semana los cetáceos ofrecieron un espectáculo imperdible en el golfo.
Las contradicciones de los tiempos y las culturas son increíbles. Mientras en nuestra costa Atlántica hace meses que venimos esperándolas, y años que generaciones y generaciones seguimos mimándolas, filmándolas, contándolas, estudiándolas y sobre todo admirándolas, cuando compartimos la emoción de mostrarlas por primera vez a un hijo, un amigo que llega de visita, o un turista que atravesó el mundo para verlas interactuar con los humanos; desde hoy en la costa del Pacífico, en el hermano país de Chile, otra reunión de la CBI debatirá si se las podrá cazar y comer, o sólo cazar con fines científicos, o le daremos un tiempo más de paz y tregua a este gigante de los mares que nunca se defiende.
Ayer, la costa de Madryn era una verdadera fiesta. Desde muy temprano y ante mar espejado y calmo, ellas ofrecían su show de ensueño, mostrando amistosamente partes de sus gigantescos cuerpos a los extasiados transeúntes, en un ritual de encuentro entre seres terrestres y marinos.
Todo el fin de semana se acercaron notablemente a las costas. Hacia el norte y el sur de la ciudad, el paseo obligado fue en muchos casos ir a “ver ballenas”. Y no es porque no las conozcamos o esperemos algo diferente de este puntual peregrinaje que año a año las lleva y las trae de nuestras aguas, sino porque es casi una necesidad que se va dando con la convivencia.
En las costas de El Doradillo, familias y visitantes se quedaban hasta la caída del sol siguiendo sus recorrido, identificando a las mas grandes, a las crías y hasta deleitándose con los primeros saltitos de un pequeño ballenato que armó un show aparte, para terminar escuchando los soplidos cuando caía la noche.
Un escenario majestuoso tal vez con el único ser acuático con el que nos vemos la cara en un ámbito neutro donde uno ni otro gobernamos del todo, el aire de las piruetas, el que respiramos, el que permite el horizonte que esperamos seguir compartiendo.
El otro paisaje
Mientras tanto, la comunidad internacional con otros hábitos busca recuperar la autorización para la cacería de ballenas. Si bien parecería absolutamente lógico que sean más los países del mundo que se apiaden de los cetáceos y voten por el no a la cacería, para ejercer el derecho a voto, es indispensable pagar una cuota bastante onerosa, lo que deja fuera de la posibilidad de opinar a algunas naciones conservacionistas e incorpora a otras, que según Greenpeace reciben la ayuda de países como Japón, que habría reclutado durante los últimos años para su causa a un total de 21 países a cambio de unos 240 millones de euros.
A pesar de la moratoria, se estima que desde 1986 se han seguido sacrificado más de 30 mil ballenas. Según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), Japón, Islandia y Noruega han cazado casi 2 mil ballenas cada año. Estos dos primeros países aprovechan el artículo 8 de la convención, que permite capturar ballenas para "investigación científica". Por su parte, Noruega rompió la moratoria en 1993, siendo la única nación que caza ballenas abiertamente con fines comerciales. Según las asociaciones conservacionistas, la "caza científica" no tiene sentido hoy día, cuando hay métodos de estudio que no necesitan matarlas.
Según los defensores de su caza, las ballenas consumen gran cantidad de peces, por lo que ponen en peligro el suministro de alimento de las regiones costeras. Sin embargo, organismos como la Organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación (FAO) afirman que es la sobrepesca la que ha mermado la población marina hasta el límite de la extinción. Los responsables nipones se refieren también al "uso sostenible" de la caza para consumo en su país, aunque estadísticas publicadas por diarios japoneses hablan de que sólo un 4 por ciento de los ciudadanos de este país se alimentan de ese tipo de carne y tienen acceso a ella.
22/06/08
EL DIARIO DE MADRYN
