Los cambios en la Antártida aún no se pueden relacionar con el clima

Los cambios en la Antártida aún no se pueden relacionar con el clima

«Me quedo con la sensación de haber abierto una puerta a la investigación española en el continente helado»

«Me quedo con la sensación de haber abierto una puerta a la investigación española en el continente helado»

Josefina Castellví (Barcelona, 1935) es oceanógrafa y bióloga marina. Fue la primera científica española que exploró la Antártida en una misión y colaboró, a partir de 1984, en la organización de la investigación científica en el continente, que culminó en 1988 con la instalación de la base antártica española «Juan Carlos I» en la isla Livingston. Hasta 1993 ejerció como jefa de la base y ahora, ya retirada, asegura que «no va a volver». Ayer, acudió a Luanco invitada por el Museo Marítimo. Allí ofreció una conferencia en la que analizó la importancia de la investigación científica en el continente helado.

-¿Por qué es necesario conocer la Antártida?

-La Antártida es un pedazo de naturaleza de la Tierra absolutamente desconocido. Para poder interpretar lo que ocurre en el planeta es necesario saber lo que pasa allí, por eso no nos queda más remedio que hacer exploraciones en ese continente, aunque sea caro y duro. Los científicos que han estado y aquellos que actualmente participan en las misiones científicas están descubriendo especies nuevas, comportamientos biológicos de ciertas especies de flora y fauna que hasta ahora se desconocían, además de masas de agua y corrientes de transporte de energía entre el ecuador y los polos. Todo eso se está aún estudiando. Lo que es cierto es que, desde 1957, se ha avanzado mucho.

-¿Cómo fue su primera experiencia en el continente helado?

-Muy rica y muy dura a la vez. La primera vez que fuimos a la Antártida, en 1984, éramos tres personas -ahora van una media de 140 científicos al año- y se trabajó mucho. Las condiciones de vida al principio eran realmente duras, incluso teníamos que dormir en tiendas de campaña, porque no había nada. No tiene nada que ver con la base española que hay ahora, que tiene hasta agua caliente para ducharse y lavadora. La sensación que tengo es la de haber abierto una puerta para la investigación española y para los jóvenes científicos, ya que la Antártida era un campo vedado por la falta de infraestructura que había hasta entonces.

-¿Qué efectos puede tener el cambio climático en la Antártida?

-Se están haciendo muchos estudios. Científicamente aún no se pueden relacionar los cambios que sufre la Antártida con los climáticos. Es muy complejo, ya que no es una relación causa-efecto. Por ejemplo, el retroceso de los glaciares no tiene relación directa con las temperaturas. La cuestión es mucho más complicada.

-¿Debe quedar preservado para siempre el continente como el último reducto ajeno a la mano del hombre?

-Sí. En el Tratado de la Antártida se estipula que está declarada como Patrimonio de la Humanidad y como continente dedicado al estudio científico. Y así debe quedar.

-¿Las mujeres ya tienen más presencia en el mundo científico?

-Ahora las cosas están muy bien. Cuando yo entré en el Instituto Oceanográfico en 1960, fue una especie de escándalo. Cuarenta y siete años después, la directora del Instituto es una mujer; de los tres departamentos que hay, dos están dirigidos por mujeres; la gerente es una mujer, y el 50 por ciento de los científicos son mujeres. La progresión ha sido muy importante.

-¿Con qué recuerdo se queda de sus estancias?

-Con todos, los buenos y los malos, aunque estos últimos se suelen olvidar. No rechazo ninguna de las experiencias que he vivido allí.

15/09/07
LNE

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