Los brujos que revolucionaron Aysén (Chile)

Por tres días, el buque “SARGENTO ALDEA” fue un hospital flotante que atendió a 6.000 personas de localidades australes que llevaban años esperando un médico. Estas son las historias del megaoperativo “Machitún Antares”. 

Por tres días, el buque “SARGENTO ALDEA” fue un hospital flotante que atendió a 6.000 personas de localidades australes que llevaban años esperando un médico. Estas son las historias del megaoperativo “Machitún Antares”. 


Machitún es el nombre con el que se conoce al ritual curativo de los brujos mapuches, en idioma mapudungun. Antares es la estrella más brillante de la constelación de Escorpión. Por separado, ambos términos no tienen mayor relación. Juntos, dan el nombre al operativo que ha tenido al buque “SARGENTO ALDEA” surcando las frías aguas australes en su primera misión oficial.


Es pasada la medianoche del viernes y sólo unas fuertes luces rojas iluminan los pasillos de la embarcación de la Armada, mientras navega hacia Puerto Chacabuco, Región de Aysén.


En su interior, el navío -que opera desde hace sólo ocho meses-, lleva un particular batallón:


– una suerte de selección nacional de médicos, odontólogos y otros profesionales de la salud, que renunciaron a dos días de su trabajo normal en las mejores clínicas y hospitales del país (y al fin de semana largo), para aportar su experiencia en la que probablemente sea la región más carente de atención médica en el país.


Son los brujos de este machitún


Acostumbrados a trabajar en boxes de atención con los pies firmes sobre el suelo, sus rostros, teñidos del rojo de las luces, se notan preocupados por el vaivén del buque al atravesar el bravo oleaje del Golfo del Corcovado rumbo a mar abierto, antes de internarse nuevamente por los canales del sur hasta llegar a destino en la Undécima Región, pasadas las 07:00 horas del viernes.


Saben que son parte del operativo médico más grande de la historia de Chile


Saben también que no será el único, sino sólo el primero. Así lo anunció el ministro de Salud, Jaime Mañalich, cuando visitó el operativo y comprometió cuatro nuevos despliegues de esta magnitud para atacar las listas de espera no AUGE y así cumplir con el compromiso presidencial de terminar con estas listas -de 89.000 intervenciones- en junio del próximo año.


Al llegar a Puerto Chacabuco


Los profesionales de las clínicas Las Condes, Alemana, Santa María y de la U. de Chile, y de hospitales como el San José y el Sótero del Río, son recibidos por una multitud ávida de atención.


Provienen de zonas tan aisladas como Caleta Tortel, a unas ocho horas por tierra y a 32 de navegación desde donde recaló el “Sargento Aldea”.


Todo, para poder resolver problemas tan básicos para la gente de las grandes ciudades como acceder a anteojos o someterse a un examen cardiológico, los dos servicios más demandados por los lugareños durante los tres días que duró el operativo.


Para ellos, la visita de estos brujos constituyó una verdadera revolución.


Como a Rosa Cahuil, quien nació en Puerto Aysén hace más de tres décadas con un problema auditivo. Como le significó un grado importante de sordera, no pudo ser parvularia y terminó trabajando como nana.


El sábado abordó el “SARGENTO ALDEA” para atenderse. Luego que le colocaron un audífono, sintió que nacía de nuevo. Por primera vez escuchaba con normalidad.


“No puedo expresar lo que siento”, dice emocionada.


Recuerdos juveniles


Enrique Paris, pediatra y toxicólogo, es el presidente del Colegio Médico, y si bien no se embarcó junto a la delegación, sí se puso a las órdenes del equipo y atendió los tres días del operativo a pacientes menores de 15 años en el hospital de Puerto Aysén.


No es la primera vez que participa de estas iniciativas. Cuando era un médico recién titulado fue destinado como general de zona en Achao, en la Isla Quinchao, Chiloé.


Allí, donde el frío es inclemente y la lluvia empapa hasta los huesos, navegó entre 1975 y 1979 a bordo del buque médico-dental “CIRUJANO VIDELA”, recorriendo pequeñas islas para entregar atención médica. “Mis abuelos eran de Chiloé y, cuando me recibí, pedí ir destinado hacia allá, como una forma de devolver la mano”, cuenta.


Dice que aprendió mucho: “Hice cirugías, atendí partos… fue muy demandante en cuanto a tiempo y muy exigente respecto de los conocimientos que debí aplicar”. Recuerdos de una juventud intensa que han vuelto a estar presentes en su mente esta semana: en Puerto Aysén ha atendido a casi 200 niños en tres días.


Rafael Caviedes es el director ejecutivo de la Asociación de Isapres. En ese rol, le toca salir a plantear los puntos de vista del gremio. Pero su experiencia en salud -también fue director del Fonasa- la combina con su afición por la navegación oceánica. Como ejemplo de ello, hace algunos años cruzó en un yate a vela el Océano Atlántico, como parte de una tripulación de tres marinos.


No extraña entonces que integre la Reserva Naval desde hace tres años , con el grado de subteniente. Tampoco que participara durante estos días como apoyo en las labores del operativo.


Lo que partió como un hobby, fue tomando otros ribetes gracias al impulso de amigos que lo convencieron de iniciar su servicio en la Armada, pese a no contar con instrucción militar. Y aquí está.


Capitán de mar y aire


Daniel Coca hizo su especialidad dentro de la Armada en la Aviación Naval y es piloto de aviones P-3. La piocha con un albatros sobre su solapa lo confirma. Pero su traje cuenta con otra insignia, quizás todavía más importante, y que establece que está a cargo del “SARGENTO ALDEA”, el segundo más grande de la Armada y el más nuevo. Fue adquirido a Francia a fines de 2011.


Coca estuvo a cargo de recibir e izar el pabellón nacional por primera vez sobre el buque multipropósito, y este viaje es el primero que exige al máximo las capacidades hospitalarias del navío. Cree que la importancia de este operativo está en “demostrar que no sólo somos cañones, sino que estamos insertos en la comunidad, y nos interesa reafirmarlo”.


El capitán de navío tampoco es nuevo en materia de rondas médicas. Antes de asumir el “SARGENTO ALDEA” sirvió a bordo de otros buques, y cree que el echar a andar el recinto asistencial a bordo es una nueva forma de reforzar los lazos de la Armada con la comunidad.


Reconoce que el trabajo tiene dificultades. “Costó un poco echar a andar el sistema y que los médicos se acostumbraran a trabajar en espacios reducidos, pero al par de horas (de iniciado el operativo) ya estaban funcionando al máximo”, asegura.


Karla Rocha Haardt es la vicepresidenta de la Fundación Angelicum , vinculada a la fortuna dejada por su padre. Recursos que permitieron financiar gastos como pasajes aéreos y alojamiento para parte del equipo que participó en el operativo, y que llegaron por los vínculos directos que tienen con la reserva naval.


Lo dice mientras mira con atención la sonrisa de quienes han terminado de ser atendidos. Como Luisa Almonacid, quien llevaba tres años esperando realizarse una ecografía, y que ahora -en sólo media hora- se practicó el examen, un médico lo analizó vía telemedicina desde Santiago, y recibió el diagnóstico de cálculos biliares que explicaban los dolores que padecía, y que sólo combatía con las aguas medicinales que tenía a mano. Ahora sabe que tendrá que operarse.


Por  Rene Olivares


15/10/12


EL MERCURIO

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