Llegaron a Puerto Deseado miles de pingüinos de penacho amarillo

Un espectáculo natural atrapante en un lugar único y privilegiado de Santa Cruz.

Un espectáculo natural atrapante en un lugar único y privilegiado de Santa Cruz.

La espectacular colonia de pingüinos de penacho amarillo de Puerto Deseado ya está a pleno aunque todavía siguen llegando algunas de las más rezagadas de estas aves que permanecerán en ese apostadero hasta fines de abril, lapso en el cual los visitantes pueden acercarse a distancia prudencial para admirarlos en plenitud y poder tomar muy buenas fotos.

El escenario es la reserva provincial Isla Pingüino, una de las áreas naturales protegidas por la provincia de Santa Cruz, ubicada a unos 20 kilómetros del centro urbano de Puerto Deseado y accesible con una breve navegación, donde cerca de treinta mil pingüinos de penacho amarillo y de Magallanes nidifican y cuidan a sus crías. El primero (Eudyptes chrysocome su nombre científico), con apenas 55 centímetros de altura y tres kilos y medio de peso, atrae todas las miradas. Es inevitable que invite a la sonrisa cuando sacude su ceja de coloridas plumas amarillas sobre los ojos de intenso color rojo.

Eso sí, acercarse demasiado no está permitido y resulta peligroso porque los pingüinos no permiten que sus crías corran peligro y para protegerlas son capaces de atacar a picotazos a los turistas desprevenidos.

En el mundo existen tres millones de ejemplares que viven en tres grandes comunidades: la de Argentina-Chile, al sur de Nueva Zelanda y en el Océano Indico. Su hábitat suele encontrarse en islotes, por eso es difícil divisarlos para el público general, a excepción de lo que sucede en Puerto Deseado, localidad que cuenta con buen servicio de hospedaje, gastronomía y excursiones que esperan el arribo de turistas argentinos y del exterior para brindarles distintos programas de paseos y excursiones.

UN DESTINO INMEJORABLE

Aficionados a los avistajes de aves y safaris fotográficos encontrarán en la excursión a la Isla Pingüino y el apostadero de lobos marinos un espectáculo inspirador. Espacios protegidos y diferenciados, farallones volcánicos y mareas invasivas componen los mayores atractivos de Puerto Deseado su entorno, destino ideal para disfrutar en familia.

Cañadones y acantilados rodean a esta pintoresca ciudad de casas bajas que resguarda atractivos como la antigua estación del ferrocarril Nacional Patagónico, construida en 1909 y cuyas vías dejaron de utilizarse setenta años después, y hoy es hogar de un interesante museo. Edificado en piedra, exhibe la fisonomía de una estructura típicamente medieval. El telón de fondo de la infaltable foto del recuerdo es un vagón del año 1898.

Hacia la zona norte de la ciudad, el cañadón Filgueira es un excelente punto panorámico para distinguir el desarrollo edilicio y la belleza natural de su entorno. Por tratarse de uno de los puertos más importantes de la región, el movimiento constante de la actividad pesquera se distingue a distancia y es un oasis en la sedienta estepa.

La iglesia de Nuestra Señora de la Guardia, inaugurada en 1921, fue testigo del prodigioso arraigo de los pioneros y de la multiplicación de su descendencia, que renovó el trazado urbano. La torre conserva una campana y un faro que guió durante décadas a las embarcaciones destinadas al puerto.

RIA DESEADO

La Reserva Natural Intangible Ría Deseado es el espacio protegido y privilegiado de la costa. Sus aguas parecen rememorar remotos años en los que la playa desaparecía en el océano y éste invadía cuarenta kilómetros hacia el interior patagónico. No hay testigos pero la geografía asegura que el río cambió su cauce y éste fue ocupado por el agua del mar, diseñando uno de los escenarios de mayor diversidad de fauna de la región.

Puerta de entrada a Puerto Deseado, la ría mide 42 kilómetros de longitud y contiene infinitas excepciones geológicas en los contornos y algas gigantes, peces, erizos, caracoles y cangrejos en las profundidades.

La lancha de la excursión se aleja de tierra firme; eternas paredes de piedra encierran los canales. La fauna terrestre, como el guanaco, el ñandú, la mara, el piche, el zorro gris y la garza, se asoman entre arbustos y gramíneas, típicos de la estepa. Con la compañía de guías y biólogos, vale la pena detener la embarcación en las playas pedregosas y visitar la pingüinera de la isla Quiroga; la barranca de los cormoranes, único sitio en el mundo en el que conviven cinco especies; y la isla de los Pájaros. Macaes, petreles, flamencos, cisnes, gaviotas, ostreros, chorlitos, garzas, delfines australes y lobos marinos, entre otras especies, se disputan el protagonismo de los safaris fotográficos. A medida que se avanza es posible recibir la visita de toninas overas, saltarinas compañeras que suman diversión que amenizan el viaje.

UN FARO

Conformada por la isla Chata e islotes adyacentes de la Bahía Oso Marino, la reserva provincial Isla Pingüino despliega escarpadas costas con un pintoresco faro como corolario. El terruño se alza en la costa sur, a once millas náuticas de Puerto Deseado, es decir, a unos 25 kilómetros de distancia.

Cerca se ven restos de las calderas de la que fue una factoría lobera décadas atrás. Pero los amantes de la naturaleza y en especial del avistaje de aves prefieren elevar sus ojos al cielo y encontrar su paraíso patagónico. La excursión incluye el avistaje de los pingüinos, diferentes especies de aves marinas, y el apostadero de lobos marinos de un pelo y de elefantes marinos del sur.

24/11/08
EL DIA

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