¿Llegan tarde los astilleros argentinos?

Pese al enorme crecimiento de la industria naval de los últimos años, los astilleros de todo el mundo siguen esforzándose para incrementar aun más su producción.

Pese al enorme crecimiento de la industria naval de los últimos años, los astilleros de todo el mundo siguen esforzándose para incrementar aun más su producción.

Mientras que la producción en términos de Tonelaje Bruto Combinado (CGT) fue en 1988 de apenas 8,5 millones, en 2006 alcanzó más de 30 millones.

Las predicciones para 2009 ven un incremento en la producción hasta unas 40 millones de CGT. Los mismos los astilleros europeos, entonces considerados una industria moribunda, han visto incrementar su producción a niveles que hasta hace poco habría sido imposible predecir.

El portafolio de órdenes se encuentra en un nivel asombrosamente alto en todo el mundo.

Es inevitable que el numero de buques que va a ser entregado al mercado cause una reducción en los fletes y, como consecuencia, una menor predisposición de los armadores (y sus bancos) a construir más buques. Cuando esto llegue, y va a llegar, los astilleros deberán competir aun más fuertemente que antes para las reducidas ordenes y solamente los más fuertes van a poder soportar esta presión. Europa va a ser la primera en tener problemas.

Japón, Corea y China, quizás también en un menor porcentaje Vietnam e India, son los países con más posibilidades de supervivencia en construcciones navales, aunque con una producción reducida. Los astilleros europeos pueden tener alguna chance para buques muy especializados como los de off-shore o cruceros. Lo que puede llegar a pasar entonces con los astilleros existentes es futurología y no el objeto de este articulo.

Las consecuencias para Argentina

Ahora bien, ¿qué consecuencias trae esto para la Argentina? Para empezar, la Argentina nunca tuvo ni cerca de ser parte de este “renacer” de las construcciones navales. Los buques graneleros recientemente entregados por Astilleros Río Santiago son opciones ejecutadas de órdenes de construcción de principio de los noventa y no hay programa de construcción consistente en la actualidad. Entonces, nada ha cambiado.

No obstante esto, hay movimientos como consecuencia del desarrollo de la Hidrovía. El incremento de la demanda y la edad promedio de las unidades existentes ha creado un nicho interesante y único para los astilleros locales. Hay una fuerte demanda de barcazas y remolcadores de empuje y su importación de los EEUU no es ya una opción realista por el fuerte incremento de los costos de transporte que los pone fuera de competencia.

El último programa fuerte de construcciones en la Argentina se desarrolló en los años setenta durante el gobierno militar y tuvo algún seguimiento en los ochenta. En esa época había una clara política de estado, buena o mala, pero que funcionó para el sistema. No es demasiado tarde para hacer algo al respecto y poner a la industria naval nuevamente de pie. Por Ian Kok.

28/05/07
BUENOS AIRES HERALD. (Traducción del autor)

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