Nuevos récords marcarán la campaña 2007/2008 de turismo embarcado: más pasajeros, más buques y de mayor tamaño. Pese a ello, será otro año sin una terminal exclusiva.
Nuevos récords marcarán la campaña 2007/2008 de turismo embarcado: más pasajeros, más buques y de mayor tamaño. Pese a ello, será otro año sin una terminal exclusiva.
El Nordnorge, un crucero proveniente de España con 200 pasajeros y 74 tripulantes, inauguró la temporada de cruceros el mes pasado en el puerto de Buenos Aires. Desde ese momento y hasta el 2 de abril de 2008, pasarán por la terminal porteña 99 buques, siete más que el año pasado.
Las cifras son récords cada temporada: la anterior recalaron 92 buques, y la previa, 73. Lo mismo ocurre con los pasajeros: se espera para esta campaña 190.000 navegantes, que embarcarán, desembarcarán o pasarán en tránsito por la terminal porteña Benito Quinquela Martín. El año pasado la cifra fue de 130.000, y el anterior poco más de 100.000.
"Si bien este año esperamos siete barcos más que la temporada anterior, la diferencia está dada en que las compañías están cambiando los buques a otros de mayor tamaño", aseguró a LA NACION el superintendente de la terminal Benito Quinquela Martín, Pablo Hawkins. Hace tres años, el buque más grande que venía al puerto daba hospedaje a 1300 personas. Ahora, los colosos traen 2800, más del doble. Este año se espera la llegada del Infinity, con 3300 personas a bordo, entre pasajeros y tripulantes, el barco más grande que tocará Buenos Aires, con 293 metros de largo.
"El año que viene vamos a tener el Mariner of the Seas, que trae casi 4000 personas y es uno de los barcos más grandes del mundo", anticipó Hawkins.
La compañía italiana Costa reemplazará este año al Costa Romántica (de 1700 pasajeros) por el Costa Victoria (2400 pasajeros), relevo que significará un 40% más de huéspedes en Buenos Aires. Además incrementó el número de escalas. "La operación de este verano, comparada con la anterior, representa para Costa prácticamente un 50% de incremento en términos de turistas que arriban y argentinos que se van", informó el director general para la Argentina de Costa Cruceros, Carlos Núñez. Sus cruceros tienen como destino Brasil. La mitad de sus barcos vienen con turistas extranjeros, mientras que la otra mitad son argentinos que se embarcaron hacia el país vecino.
Mediterranean Shipping Company es otro que vino apostando al tamaño. Empezó a venir con el Rhapsody, que traía 840 pasajeros. Luego lo reemplazó por el Melody, de 1500. El año pasado llegó el Sinfonía, con 2000 visitantes, y aun así quedó gente en lista de espera. "Esta temporada redoblamos la apuesta. El año pasado teníamos el Sinfonía compartido con Brasil. Este año contamos con el barco entero, con lo que duplicamos la oferta para el mercado local", adelantó Máximo Conterno, director comercial de la empresa en Buenos Aires.
El servicio es íntegramente para el mercado latino y trae 20% de extranjeros. El resto son argentinos (el 42% del interior), que demandan cada vez más este tipo de vacaciones.
Otro gigante que pasará por Buenos Aires es el Splendour of the Seas, un barco de Royal Caribbean que había dejado de venir al mercado sudamericano. Trae 1800 pasajeros y 700 tripulantes.
Y mientras el tamaño de los buques crece, también nacen otras opciones más exclusivas. "Esperamos la llegada del Azamara Journey a partir de diciembre en Buenos Aires. La reciente marca lanzada al mercado -Azamara Cruises (perteneciente a Celebrity Cruises)- se caracteriza por el servicio ultra premium en barcos de 30.000 toneladas con capacidad para 700 pasajeros", contó Laura Tortorice, responsable de marketing de Organfur, representante comercial de Royal Caribbean, Celebrity Cruises y Azamara Cruises.
Divisas
El paso por la ciudad de los turistas representa un importante ingreso de divisas. Según un informe elaborado por la Subsecretaría de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires, la temporada pasada los extranjeros gastaron un promedio de 661,26 pesos por día cada uno, con una estadía promedio de 1,4 noches. Asumiendo que este año gastarían lo mismo, durante la temporada 2007/2008 los turistas dejarán en la ciudad más de 125 millones de pesos -descontando la porción de argentinos-, un 20% más que la temporada pasada.
Pero mientras los buques adoptan a Buenos Aires como un destino obligado en América del Sur, y las embarcaciones se agigantan año tras año, la terminal Benito Quinquela Martín hace lo que puede. Fue pensada como provisional, hace siete años, hasta que el Estado definiera la construcción de una terminal definitiva. El contrato con Terminales Río de la Plata (TRP), que tenía la concesión por tres años, se siguió extendiendo de a una o dos temporadas hasta la actualidad.
Las voces coinciden en que la terminal está quedando chica, más allá de la buena predisposición y administración de sus autoridades. Mientras haya uno o dos barcos en muelle, todo va bien. El problema es cuando coinciden varios barcos a la vez, como sucedió el año pasado, cuando hubo un pico de cinco embarcaciones juntas.
Falta espacio físico para valijas y movimiento de gente. El 9 de diciembre próximo habrá tres barcos con más de 2000 pasajeros cada uno en la terminal. Para ver el congestionamiento en Buenos Aires no hará falta ir a Corrientes y 9 de Julio, o tomarse un subte. "Hay un proyecto para ampliar esta misma terminal, ya que queda un galpón vacío. No es la solución del ciento por ciento, pero es apagar el fuego", resumió Hawkins.
En 2005, el consorcio integrado por las empresas Decavial, London Supply, Rowing e International Trade Logistic le presentó al presidente Néstor Kirchner una iniciativa privada para construir un puerto único de cruceros marítimo y fluvial de la ciudad de Buenos Aires en la Dársena Norte. Sin embargo, no hubo definiciones en el asunto.
Terminal propia
El desarrollo de una terminal es una cuenta pendiente para la industria, y podría poner una piedra en el camino a la creciente llegada de buques. Buenos Aires, dentro de América del Sur, es un paso obligado siempre y cuando acompañe el crecimiento de la industria, ya que las perspectivas a corto y mediano plazo son plenamente favorables. "El mundo de los cruceros crece en todos los mares, pero aquí tenemos una situación estratégica: estamos en pleno verano cuando en el hemisferio norte están en pleno invierno, y muchos circuitos no se hacen.
Es una planificación de mucho tiempo la de los itinerarios. La limitación de la infraestructura como la que tiene el puerto de Buenos Aires desincentiva a quien está pensando en venir en dos años, y tal vez busque otra alternativa. Buenos Aires es un puerto caro, comparado con la región y el mundo, y en contrapartida no ofrece las posibilidades para que se desarrolle la industria", sintetizó Núñez, de Costa. Tortorice, de Organfur, también vislumbra que si el puerto de cruceros de Buenos Aires no se amplía para poder atender los nuevos barcos que se incorporan a las flotas, será más difícil contar en la región con los megabarcos que en la actualidad se pueden disfrutar en el Caribe.
Año tras año, más turistas eligen navegar por las costas sudamericanas. Es deseable que recalar en Buenos Aires siga siendo un viaje de placer.
Por Lucila Marti Garro
06/11/07
LA NACIÓN

