¿Las Ciencias del Mar? Bien… gracias.

(FNM) La ocasional notoriedad alcanzada por algún hecho científico-tecnológico del ámbito oceánico, suele recordarnos las significativas carencias en las que se desarrollan las ciencias del mar en nuestro país. Tal es el caso en nuestros días, de los proyectos de fertilización oceánica sobre los que la experiencia en el plano local, resulta más que modesta.

(FNM) La ocasional notoriedad alcanzada por algún hecho científico-tecnológico del ámbito oceánico, suele recordarnos las significativas carencias en las que se desarrollan las ciencias del mar en nuestro país. Tal es el caso en nuestros días, de los proyectos de fertilización oceánica sobre los que la experiencia en el plano local, resulta más que modesta.

Y es que con excepción de los ámbitos costeros, y de las líneas de investigación orientadas a la prospección pesquera, la investigación en mar abierto y en las grandes profundidades – es decir, en la mayor parte de nuestros espacios marítimos de interés – configura un área postergada por décadas.

Sólo el empeño y enorme talento de un reducido grupo de investigadores – al que nunca habremos de reconocerles suficientemente el haber optado por pelear la despareja lucha desde nuestros propios institutos -, mantiene viva una llama siempre amenazada.

El desarrollo de la oceanografía, la química o la geología marinas –por citar sólo algunas áreas- ha estado por décadas limitado por un sistemático retaceo en la asignación de recursos, sólo paliada por la cooperación externa.     

La limitación empero, no obedece a los avatares de la economía. Su verdadera raíz, estriba en la miopía con la que tradicionalmente tratamos las cuestiones del mar.

La promulgación reciente de la Ley 26.435 nos provee un “botón de muestra”.

La norma, promulgada el 5 de enero último, aprueba un Acuerdo de Cooperación Científica y Tecnológica entre el Gobierno de la República Argentina y el Gobierno de la República de Sudáfrica, suscripto el 16 de mayo de 2006.

Se expresa allí, que con el deseo de fortalecer las relaciones de amistad existentes entre los dos países; el anhelo de promover la cooperación en ciencia y la tecnología; y reconociendo la importancia de la ciencia y la tecnología en las economías de ambos países; las Partes se comprometen a fomentar y apoyar la cooperación científica y tecnológica entre los dos países, incluidos los contactos directos entre las instituciones de cooperación científicas y tecnológicas, sobre la base de la igualdad y en aras del interés de ambos países.

El Artículo segundo del acuerdo, define las áreas específicas para el desarrollo de esta cooperación. Ellas son:

a) Agricultura y ganadería;
b) Tecnología de la Información;
c) Industria, Minería y Geología;
d) Salud;
e) Ciencias sociales y Humanidades; y
f) Otras áreas de interés común.

¿Las Ciencias del Mar? Bien… gracias.

Podrá argumentarse que el inciso f), deja la puerta abierta para ensayar algún “proyectito” cooperativo de investigación marina.

Lo cierto es, sin embargo, que la ausencia de una inclusión explícita de las Ciencias del Mar como área prioritaria de acción en un acuerdo de cooperación científica y tecnológica con la República de Sudáfrica, país al que nos liga uno de los más vastos y menos explorados espacios oceánicos del planeta, revela a las claras que la mirada de quienes diseñan y administran las políticas científicas en la Argentina, continúa ignorando simplemente, su condición y dimensiones marítimas.

Una perjudicial miopía, que urge corregir.   

26/01/09
NUESTROMAR

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