Larga cadena de víctimas por el parate del puerto (Mar del Plata)

Larga cadena de víctimas por el parate del puerto (Mar del Plata)

Comerciantes, fileteros, peones, marineros, pescadores y empresarios se quejan por la situación y la falta de soluciones para el conflicto. Todos coincidieron en preguntarse ¿cuánto tiempo más seguirá?

Comerciantes, fileteros, peones, marineros, pescadores y empresarios se quejan por la situación y la falta de soluciones para el conflicto. Todos coincidieron en preguntarse ¿cuánto tiempo más seguirá?

Salmones, chernias y langostinos esperan en las bandejas metálicas a que alguien los adquiera, en la pescadería instalada a metros de la banquina que pertenece a la Asociación Embarcaciones de Pesca Costera, pero desde hace tres meses a esta parte las ventas se redujeron “entre un 30 y un 40 por ciento”, afirmó a LA CAPITAL Héctor, encargado del local.

“Esto nos está afectando a todos -dijo- y cada vez es peor. Para colmo no hay información, porque la gente piensa que no tenemos pescado, pero tenemos de todo porque a nosotros nos abastecen las lanchitas amarillas”, que están ajenas al paro del Simape.

Héctor reiteró que “tenemos pescado fresco siempre” y se mostró esperanzado con que “se solucione pronto el conflicto, porque así como están las cosas no favorecen a nadie”.

Ulises Fabián Martínez, de 48 años, hace 26 que trabaja como marinero, embarcándose en los barcos de mediana altura por espacio de entre 10 y 12 días. Pero hoy, al igual que hace casi tres meses, está de paro y por ende no cobra.

Para combatir ese falta de entrante de dinero dice que “ajusté todos los gastos, trato de tirar con la tarjeta crédito, pero a mis hijos les tengo que pasar la manutención. Y la poca plata que podía tener guardada ya me la liquidé”.

En su opinión, la solución al paro -del que participa activamente- pasa porque “se sienten a dialogar la provincia, la Nación y el sindicato” y aunque reconoce que vivió varios conflictos dice que “este es el peor de todos”.

“No sé qué va a pasar -asegura- pero esto ya se está extendiendo mucho y afecta a todos, no sólo a nosotros, así que no se cuánto más se va a prolongar”.

Perjuicio generalizado

Tarde otoñal de un día hábil y la arteria principal del puerto, la calle 12 de Octubre, luce casi vacía, apenas recorrida por algunos colectivos de línea que cumplen con su recorrido.

El derrame que genera la actividad pesquera desde hace tres meses dejó de ser tal, debido al parate que se vive en el puerto local, y está afectando al barrio portuario y amenaza con extenderse a toda la ciudad.

“Y sí, esto nos afecta a todos”, explica Marcela, del café ubicado en la esquina de 12 de Octubre y Alcorta. “Particularmente -añade- no bajamos tanto las ventas, pero sí nos vemos perjudicados por las formas que usan para protestar, como por ejemplo las quemadas que hacen” y señala la gran mancha negra que se extiende por la calle Alcorta, sede de una protesta el último fin de semana.

Como “desolador” describe el panorama Diana, propietaria de la casa de venta de ropa Martins, ubicada sobre 12 de Octubre. “El último fin de semana repuntó un poco por las ventas del Día del Padre, pero desde que empezó el paro bajaron las ventas entre un 30 y 40 por ciento”, asegura mientras se pregunta “¿cuánto más durará? Esto nos va a aniquilar a todos.

Jorge Rivero se desempeña como filetero desde hace “más de 20 años” y asegura que el paro actual lo afecta “terriblemente mal, porque nos agarra en un mal momento porque empezamos el año trabajando bastante flojo”.

El día a día dice que “se hace muy pesado”, gravedad que aumenta debido a que “tengo una hija discapacitada y si bien la obra social nuestra es buena, hay cosas que tenemos que pagar aparte. Te tenés que cuidar en todo, hasta si tus hijos quieren tomar dos tazas de leche”.

Desde que comenzó el conflicto cobra “el garantizado”, una especie de salario mínimo, que apenas supera los $1.800 mensuales. Para llegar a fin de mes, hasta ahora, recurrió “a la plata que había juntado mi mujer, que siempre ahorró, pero ya no queda nada”.

“Lamentablemente -dice- no hay Plan B, porque el 70 por ciento de Mar del Plata se mueve con el puerto y ni siquiera puedo salir a hacer changas porque no hay trabajo”.

Aunque se mostró a favor de “luchar por nuestros derechos, por un salario digno”, sostiene que “esto ya se extendió demasiado y a mí me parece que ya es una cuestión política”.

Como mancha venenosa

José García, con más de 30 años de trabajo en la actividad -se desempeña como peón en una planta-, cuenta que hace dos meses “cobro sólo el garantizado, que no alcanza para nada, así que hacemos magia para sobrevivir”.

“En 31 años de actividad -confiesa, preocupado- es la primera vez que me avisan que este mes está garantizado el mínimo, pero después no se sabe qué pasará, a lo mejor empiezan las suspensiones. Este es un gran conflicto que está afectando a todos”.

Oscar Poletti, de Pampa Fish, asegura que el conflicto los afecta “muchísimo” aunque “no somos parte del problema ni de la solución. Pampa Fish compra la materia prima, la procesa y la exporta, pero la cuestión es que “no hay pescado”, asegura el empresario.

“Nosotros estamos faltando a nuestros compromisos -confiesa- debido al desabastecimiento que hay, no podemos completar los pedidos”.

Además, explica que “tenemos gente a la que le pagamos desde hace tres meses y no está trabajando, por esta cuestión, y además se redujo el volumen de mercadería y una planta sobrevive gracias al volumen”.

Desde que comenzó el conflicto, están trabajando “entre un 30 y 40 por ciento menos, y cada mes que pasa se hace más cuesta arriba. Porque una vez finalizado el conflicto, vamos a tardar en poner otra vez la rueda en funcionamiento, no es que se arregla todo de un día para otro”.

Las quejas y consecuencias del prolongado conflicto no afectan sólo al puerto, sino que se extiende a toda la ciudad como una especie de mancha venenosa, en medio de una pulseada de poder. ¿Cuánto tiempo más llevará.

Por Natalia Prieto

19/06/12

LA CAPITAL

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