Se desembarcaron casi 18 mil toneladas, repartidas entre costeros y fresqueros de altura. El tamaño no fue el mejor pero hubo ventas sostenidas al exterior.
Se desembarcaron casi 18 mil toneladas, repartidas entre costeros y fresqueros de altura. El tamaño no fue el mejor pero hubo ventas sostenidas al exterior.
La zafra de anchoíta no fue de las mejores, pero tampoco de las peores. “Regular”, dicen en algunos saladeros que comenzaron a comprar bien entrado agosto y no sumaron 90 días de producción, ahora que ya no llega más pescado fresco a muelle.
“Para nosotros fue bueno”, confiesa Roberto Pennisi, gerente de Recursos Humanos de Natusur e Indupesa, empresas dedicadas a la conserva y al salado de anchoa. “Mejor será si cobramos”, reconoce el empresario.
Según la estadística oficial de la Subsecretaría de Pesca, que monitorea los desembarques, se llevan desembarcadas 17.885 toneladas de anchoíta. La gran mayoría, descargadas en Mar del Plata: 17.762. La zafra terminó el mes pasado. Solo 281 toneladas corresponden al mes que transitamos.
“Nosotros hace dos semanas que no mandamos a ningún barco a pescarla”, dice Pennisi. Su empresa a lo largo de la temporada compró unas 2 mil toneladas.
“El tamaño no es el mejor: 40/42 piezas por kilo. Sería “D”, pero el “A” y el “B” hace mucho que ya no hay más”, explica el empresario, al tiempo que reconoce que sus emprendimientos produjeron menos anchoíta y también menos caballa.
“Este año pedía esto. Yo te dije cuando empezamos que la zafra era una carrera de resistencia; lo planificamos así y nos dio resultados. El año que viene será otra historia, hay que pensarlo de nuevo. Esto es así, año a año”, aseguró.
Más allá de la diferencia de costos en el combustible, las capturas estuvieron repartidas entre la flota fresquera de altura y los costeros. Declararon descargar 9146 toneladas los más grandes y 8.734 toneladas la flota menor. La flota menor, de rada/ría, otra vez parece una convidada de piedra en la zafra. Apenas descargaron 4,4 toneladas.
La anchoíta demora 6 años en ser adulta. La estrechez de su tamaño –explicaron distintos armadores- obedece a la implementación de la red de media agua por sobre la tradicional red de cerco. “En la red con que la pescamos ahora entra toda mezclada. Con la de cerco, el pescado chico tiene tiempo de salir”, explicó un armador costero.
En muelle la anchoíta se movió en el orden de los $3 promedio. Tuvo picos de $4 y en el epicentro de la zafra, tocó los $2,40. “Faltó pescado en otros caladeros y a nosotros nos han comprado hasta la pasta, que rara vez se la llevan”, dice Pennisi, entusiasmado porque el viernes estaban terminando de cargar cuatro contenedores de tambores con filetes y sal.
El envío inmediato de mercadería es otra señal positiva. “Cuando se aleja el pescado, se acercan los cheques, decían en mi familia”, cuenta el empresario. Despachar la carga ahora tiene otro condimento: la carga no pierde peso, habitual en el proceso de maduración.
La deuda pendiente que dejó la zafra, como todas las anteriores, es el elevado nivel de informalidad que registra el sector del salado. Más de la mitad del personal vinculado al proceso de la anchoíta es precarizado en la industria marplatense.
Pese a los operativos e inspecciones del Ministerio de Trabajo, promovidos por el propio Sindicato Obrero de la Industria del Pescado (SOIP), queda mucho por mejorar y sobre todo, registrar.
Por Roberto Garrone
18/11/13
REVISTA PUERTO

