La “soberanía” de Gibraltar (España)

No voy a tratar en este momento el detalle de las medidas que en las últimas tres semanas se están tomando por parte de los actores principales del litigio sobre Gibraltar. Sin embargo, si me interesa hacer unas reflexiones sobre el tema central del contencioso, la soberanía.


No voy a tratar en este momento el detalle de las medidas que en las últimas tres semanas se están tomando por parte de los actores principales del litigio sobre Gibraltar. Sin embargo, si me interesa hacer unas reflexiones sobre el tema central del contencioso, la soberanía.

Es verdad que los dos países, España y el Reino Unido, son socios y aliados dentro de la Unión Europea y de la Alianza Atlántica pero también es cierto que Lord Palmerston, Primer Ministro inglés de mediados del siglo XIX, señalaba este principio de política exterior de su país: “las naciones no tienen amigos o aliados permanentes, ellas solamente tienen intereses permanentes”.

Es en este marco de realpolitik en el que se debería mover nuestra Política Exterior, si realmente se quieren obtener resultados positivos en este viejo conflicto. El Reino Unido mantiene su interés permanente mediante la aplicación de una estrategia siempre constante e invariable con independencia del gobierno de turno.

El Istmo

Tomemos el caso del istmo, que no fue cedido por España al Reino Unido en el Tratado de Utrecht. En 1810, en plena Guerra de la Independencia, el gobernador inglés ordenó volar las defensas del sistema defensivo que unía el Peñón con la Península. Entre 1815 y 1854, unas epidemias de fiebre amarilla permitieron que las autoridades españolas toleraran, por razones humanitarias, la instalación de campamentos provisionales en la zona del istmo que luego se convirtieron en permanentes.

En 1909, el Reino Unido construyó una verja en el límite norte del istmo, ocupando sin título legal, 850 metros del mismo. En 1935, construyó en el istmo una pista de vuelos sobre la pista de emergencia que venía utilizando desde los años 20. En 1938, durante la Guerra Civil española, la transformó en un aeródromo adentrándose más de 500 metros en la Bahía de Algeciras. En la actualidad, el istmo ocupado por los británicos tiene una extensión aproximada de un km2.

Es decir, el Reino Unido ha utilizado una estrategia permanente de hechos consumados sobre el istmo, en momentos críticos en los que el Gobierno español se mostraba vulnerable. España ni ha cedido ni reconoce soberanía británica alguna sobre el mismo y entiende que la ocupación es ilegal y contraria a los principios del Derecho Internacional.

Resulta muy significativo que la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de los Comunes pusiera de manifiesto, en el informe Kershaw sobre Gibraltar, publicado el 25 de julio de 1981, que existen dudas acerca de la soberanía británica sobre el Istmo. A mayor abundamiento, el Tribunal Europeo de Justicia, en su sentencia de 29 de junio de 1993, reconoció la existencia de una controversia entre España y el Reino Unido respecto a la soberanía sobre el Istmo.

El Peñón y aguas territoriales

En el Tratado de Utrecht, España cede la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con el puerto, defensa y fortaleza que le pertenece. Pero no habla nada de aguas territoriales ni al Este ni al Oeste del Peñón, de las que el Reino Unido está adueñándose de forma ilegal.

En relación con el derecho de autodeterminación y de integración territorial, la doctrina de las Naciones Unidas desde los años 60 del siglo pasado considera a la situación de Gibraltar de naturaleza colonial, estima que destruye la unidad nacional y la integridad territorial de España y es incompatible con el párrafo 6 de la Resolución de la Asamblea General 1514 (XV) de 1960 sobre descolonización en general.

También señala dicha doctrina que la cuestión de Gibraltar debe ser resuelta mediante negociaciones bilaterales entre España y el Reino Unido, recomendadas ininterrumpidamente desde 1964. Añade que las negociaciones deben tener en cuenta “los intereses” de la población de la Colonia. Asimismo, especifica que solo las Naciones Unidas pueden decidir cuándo se ha completado el proceso de descolonización de Gibraltar.

Ignorando esta doctrina, el Reino Unido sigue apostando por el derecho de autodeterminación frente al de integración territorial. El hecho, del pasado 24 de julio, de arrojar al mar 70 bloques de hormigón, en un momento de debilidad interna del Gobierno español, responde a las pautas de la citada estrategia permanente británica.

A pesar de que la ausencia de negociaciones hispano-británicas desde los años 60 fue rota con el Comunicado Conjunto de Bruselas, de 27 de noviembre de 1984, donde se especifica que serán tratadas las cuestiones de soberanía -el plural cuestiones alude por una parte al istmo y por otra al territorio cedido por el Tratado de Utrecht-, los avances en el tema de soberanía han sido prácticamente nulos.

A modo de conclusiones

No puedo pasar por alto el sentimiento de frustración y desilusión que me embarga cuando contemplo a los británicos actuando siempre unidos apoyando la postura de su gobierno acerca de Gibraltar -entre otros, el alcalde de Londres- mientras que en España precisamente ocurre lo contrario. Diferentes partidos políticos y otros actores están cuestionando la posición oficial española respecto a Gibraltar. Esta actitud afecta muy negativamente a nuestra credibilidad, solidez y prestigio internacional.

El lanzamiento de los 70 bloques de hormigón, los rigurosos controles en la verja, la denuncia de gasolineras flotantes, las exigencias de transparencia fiscal, el envío de observadores a Gibraltar o la protesta de pescadores solo son medidas secundarias con respecto a la verdadera clave del conflicto que es la soberanía.

La política a seguir por España debiera centrase en el objetivo principal: recuperar la soberanía sobre Gibraltar. Para ello, es preciso acudir a Naciones Unidas para que se cumpla su doctrina, mediante la acción única del estado -España entera unida-. Asimismo, debiera establecer una estrategia activa permanente, ajena a intereses partidistas, como corresponde cuando se trata de una cuestión de estado,

Dicha estrategia demanda reiniciar las negociaciones bilaterales con el Reino Unido, buscar los apoyos internacionales adecuados y ejercer una mayor diplomacia pública. Esto no impide que se pueda acudir también a la UE o a otros organismos internacionales pero sabiendo que Naciones Unidas es el actor esencial en este caso.

Por Jesús Argumosa

19/08/13

ATENEA

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio