Oscar Sayago fue capitán, compró su propio barco y luego una planta en tierra para crear una pesquera integrada. En un contexto de crisis, es uno de los pocos que hoy está invirtiendo en ampliar su fábrica. Dice que en la actualidad "hay mucho barco y poca pesca" y que la relación costos-precio hace que la actividad no sea rentable.
Oscar Sayago fue capitán, compró su propio barco y luego una planta en tierra para crear una pesquera integrada. En un contexto de crisis, es uno de los pocos que hoy está invirtiendo en ampliar su fábrica. Dice que en la actualidad "hay mucho barco y poca pesca" y que la relación costos-precio hace que la actividad no sea rentable.
Más allá de haberse convertido en una industria sofisticada, compleja y conectada con el mundo, la pesca marplatense conserva en plena vigencia valores y costumbres establecidas como leyes no escritas por los pioneros de la actividad. Y tal vez por eso todavía siga existiendo un tácito reconocimiento hacia quienes tienen la capacidad de destacarse por su trayectoria y su destreza en algún oficio.
Ese es el caso de Oscar Sayago, al que muchos recuerdan como uno de los mejores capitanes que tuvo la pesca de altura y a quien ahora se lo reconoce como uno de los empresarios modelo dentro del sector. Sayago navegó durante décadas hasta que finalmente logró comprar su propio barco de altura, el "Desafío", al que comandó hasta hace unos 5 años, cuando decidió abandonar el mar. Para entonces, ya había resuelto invertir en la construcción de su propia planta, en la que procesa toda la materia prima que captura su propia embarcación.
La empresa de Sayago, a la que él mismo describe como una "industria chiquita", funciona como una compañía integrada que replica el modelo de las grandes empresas del sector, aunque en una escala pequeña. Desafío cuenta con un solo buque fresquero de altura con capacidad para capturar 80 toneladas de pescado, una planta procesadora, una fábrica de hielo y un área dedicada a la comercialización de productos en el exterior cuyo principal mercado es el brasileño. Con 64 años, Sayago está al frente de su empresa junto a sus dos hijos y por estos días se dedica de lleno a monitorear la ampliación de sus instalaciones en tierra, con la construcción de una nueva cámara de frío en la calle Vértiz.
– ¿Cómo se inició en la pesca? -le preguntó LA CAPITAL.
– Mi primer trabajo fue como repartidor de café y chocolate en Bonafide hasta que a los 16 años empecé a navegar en la lanchita de mi suegro. Los primeros días no fueron fáciles porque me pasé una semana tirado descompuesto arriba del motor hasta que al final la cosa fue mejorando.
– ¿Y cómo llegó a ser patrón de pesca?
– A los 27 me decidí a estudiar e hicimos un gran sacrificio con mi mujer para poder terminar la carrera porque como tenía que ir a la escuela todos los días tuve que dejar de navegar y sobrevivir con changas en la banquina hasta que me recibí de patrón de pesca.
– ¿Ganó dinero?
– En la pesca se puede juntar plata, pero no se puede tirar manteca al techo. Después de navegar durante muchos años en varias empresas pude juntar ahorros para comprar un barco fresquero de 28 metros con un permiso irrestricto para pescar merluza, abadejo, calamar y otras especies y poco a poco lo fuimos pagando.
– ¿Qué lo decidió a dar el paso para pasar de la pesca a la actividad de procesamiento y comercialización?
– Al principio vendíamos nuestras capturas en el mercado interno con los problemas que eso trae. Los intermediarios trabajan con la plata de uno y nunca es fácil cobrar, lo que genera mucha mala sangre. Es un negocio difícil en el que hay que andar peleando mucho. Lo que hicimos fue comprar esta planta, que era de Moscuzza, invirtiendo para procesar nuestra propia materia prima a partir del ’96. Tardamos tres años en modernizar esta fábrica, haciendo cámaras, antecámaras y llegamos a tener un establecimiento con habilitaciones para poder exportar a cualquier parte del mundo. Hoy nosotros tenemos un mejor producto que otras empresas, porque tenemos una buena materia prima que es la que nos provee nuestro propio barco. Nos manejamos únicamente con eso y no compramos ni vendemos pescado a terceros. Así creamos una pyme que es chica en relación con las otras grandes empresas integradas que existen en el país, haciendo todo de manera prolija y ordenada, manteniendo a la gente en relación de dependencia para que todo ande bien.
– ¿De qué etapas del proceso de producción se ocupa la empresa directamente?
– Una vez que el barco descarga traemos la materia prima a nuestra planta donde la acomodamos en cajones de 32 ó 33 kilos y la mandamos a cortar a otras plantas que poseen todos los permisos que exige la ley y nos devuelven el filet. Acá tenemos envasadoras, lo congelamos y lo exportamos. También hacemos nuestro propio hielo con dos máquinas que producen exclusivamente para nosotros. El armado del buque también lo hacemos nosotros.
– ¿Por qué cree que varios armadores han seguido el modelo de crear empresas integradas?
– Las empresas se integran porque los armadores ven que es una estrategia conveniente para defender su trabajo, dedicándose a procesar sus propias capturas. El mercado interno es muy complicado y la verdad es que hay muchos tránsfugas. Lo ideal es tener la materia prima, procesarla y comercializarla uno mismo. Diría que en el sector procesador hay dos clases de personas. Los que están bien constituidos y tienen todo en regla y los que lamentablemente tienen 50 fileteros a los que les pagan lo que quieren, sin ningún papel. Cualquiera lo sabe; entrar en relación con esta clase de gente es un problema.
– Si bien usted es reconocido por su habilidad como pescador, ¿de qué manera fue adquiriendo el conocimiento necesario para dedicarse a otras actividades como el procesamiento y la comercialización del pescado?
– La verdad es que al principio no tenía ni idea. Así que fui aprendiendo a los golpes; más en esta actividad tan competitiva en la que nadie te ayuda. Vos le preguntás a los más grandes cómo hicieron algo y la verdad es que es muy difícil que te revelen algo. Yo he tenido la suerte de no tener problemas con nadie y de conocer gente con la que tenemos afecto como Moscuzza o Solimeno que me han ayudado con muchos consejos y hasta me han prestado cosas. Pero esa no es la regla en esta industria donde diría que más bien sucede todo lo contrario. Todo lo que sabemos lo fuimos aprendiendo despacito y tratando de reunir a la gente que sabe de cada especialidad. Creo que hemos creado un buen grupo de gente. Pero la verdad es que también nos pudimos defender gracias a que nuestra empresa tiene un muy buen producto, por ser muy cuidadosos con lo que hacemos en el mismo barco. Hace 4 ó 5 años que yo no navego, pero toda la tripulación que está a bordo es la que me había acompañado a mí. Trabajan muy bien, son muy buenos pescadores, lo que nos asegura obtener una muy buena materia prima y las diferencias se notan.
– ¿Cómo describiría la situación actual del sector?
– Antiguamente se ganaba plata. Hoy en día no porque hubo subas muy fuertes en los costos y no es fácil mantener esta estructura.
– ¿Qué circunstancias fueron las más favorables para la industria?
– Según los gobiernos y las épocas. Hoy el dólar tendría que estar en un valor de entre 6 y 7 pesos para decir que en la pesca se gana plata. Del 2002 en adelante hubo una muy buena racha que se terminó de golpe cuando el precio del pescado en Europa se vino abajo. Hoy en día además hay mucho barco y poca pesca. Por lo tanto hoy la pesca no es rentable. A lo sumo se sale hecho, con números muy finitos, lo que exige ser muy responsable como empresario y no tirar manteca al techo.
– ¿A qué atribuye el cierre de algunas empresas pesqueras argentinas en los últimos años?
– Lo que pasa es que te comen los costos. Hay empresas a las que se las devoran los gastos. Los impuestos, los costos de gasoil, los costos laborales son enormes. Nuestro barco puede llegar a hacer 300 mil pesos de producción en un viaje, de los cuales sólo 100 mil se van en el combustible, a lo que hay que sumarle los gastos en sueldos, impuestos, alquiler de cajones, la comida, las artes de pesca, los derechos de extracción, los inspectores de a bordo, las tasas del Senasa, la Municipalidad y los inspectores de tierra. No se gana lo que la gente imagina para tener a la gente bien y sobrevivir. Antes, todos los barcos estaban prolijos y pintados. Hoy no es tan así porque recibir atención en un astillero puede costar unos 50 ó 60 mil dólares y no es fácil juntar esa plata. Este año tuvimos la suerte de hacer una buena temporada de caballa, pero toda la plata que ganamos la pusimos en construir una nueva cámara de frío. Pero la verdad es que hoy somos unos de los pocos de los que estamos invirtiendo en el puerto.
– ¿Dónde y cómo comercializan su producción?
– Todo va al mercado externo.
– ¿De qué manera los afecta la crisis de los principales mercados de la pesca argentina?
– Las empresas más grandes son más vulnerables a la crisis de Europa porque tienen más costos fijos. En este momento nuestra producción la podemos defender por ser más chicos. El 80% de nuestras exportaciones hoy son a Brasil y muchas empresas no están en condiciones de colocar su mercadería sólo en ese mercado. Nuestra ventaja al tener relación con Brasil es que es como venderle al vecino, con el beneficio de ser parte del Mercosur. Si Brasil no tuviera las condiciones que tiene hoy, con una buena situación económica, todo sería mucho más complicado. Brasil hoy puede comprar mucho y pagar bien. Hoy se está vendiendo en Brasil al mismo precio que en Europa, con la ventaja de que los costos de transporte son menores y no hay tantas trabas para ingresar como en Europa o Estados Unidos.
– ¿Qué opinión tiene de las condiciones operativas del puerto marplatense?
– Como algo bueno hay que decir que se mejoró bastante la infraestructura en calles e iluminación. Hay que reconocer que se han mejorado los muelles, existen cámaras de seguridad, se han cerrado los sectores operativos y se establecieron ingresos y egresos. Pero una vez adentro debería haber más servicios, orden y control. Nosotros al tener un barco chico no sufrimos los problemas del banco de arena, pero también es una deuda pendiente. No vemos que para esto haya una solución definitiva como modificar las escolleras o asegurar un servicio de dragado. Además, el de Mar del Plata es un "puerto sucio" por la conflictividad laboral que tiene. Hoy cualquiera corta el puerto por cualquier razón y eso perjudica a todos, quitándole la posibilidad de trabajar a miles de personas.
– ¿Qué efectos tuvo en su caso la aplicación de la cuotificación de la merluza, vigente desde el año pasado?
– En nuestro caso nos redujo la captura de merluza de manera notable, lo que nos obligó a dedicarnos a otras especies alternativas, no tan rentables. Pero esto es algo que pudimos hacer nosotros gracias al permiso que tenemos, que es irrestricto, y nos posibilita capturar otras especies.
– ¿Y cuál cree que fue el efecto de la cuotificación en general?
– No fue muy beneficioso en general.
– ¿Qué visión tiene sobre el futuro de la pesca?
– Día a día me doy cuenta del deterioro del pescado, al ver ejemplares cada vez más chicos. Es una mala señal. Hace 30 años no había barcos tan grandes ni tanta cantidad. Aparecieron nuevos actores. A mí no me molestan los de acá que crecieron. Pero sí se llenó de paracaidistas, de empresas grandes extranjeras a las que les dieron permisos sin ningún problema. Yo distingo a los que son de acá, vecinos nuestros, de los que cayeron del cielo y se agregaron en el sur. La Patagonia se regaló a los capitales extranjeros de españoles o sudafricanos de grandes compañías internacionales que tal vez ni saben qué es lo que tienen.
– ¿Cuál debería ser el rumbo productivo de esta actividad?
– Primero, los buques factoría no deberían pescar al norte del 45. Segundo, no tendrían que seguir ingresando barcos al caladero y habría que buscar la manera de reducir el esfuerzo pesquero. En tercer lugar diría que urgentemente habría que buscar la manera de reducir los costos. Y desde el punto de vista de la producción hay mucho para hacer. El futuro es darle valor agregado al pescado, produciendo empanados, comidas listas, presentaciones para la góndola y la producción de productos por kilo. Yo creo que esto es algo que en la Argentina se puede hacer.
– ¿Mar del Plata valora la importancia de su industria pesquera?
– No, no le da la importancia que tiene. Andando bien el puerto toda la ciudad anda bien. Si la gente gana en el puerto, la gente gasta y a toda la ciudad le va bien. Cuando se cayó el puerto a la ciudad siempre le fue mal.
Por Gabriel Coronello Aldao
04/07/11
LA CAPITAL (Mar del Plata)

