Sin vela, sin viento, sin timón.

Sin vela, sin viento, sin timón.


Un desliz de uno de esos funcionarios apasionados por la doctrina oficial y la defensa del modelo fue una sentencia elocuente: la soja y Brasil (exportación de la industria automotriz) redondearán las cuentas que el Gobierno necesita.


Si un productor de fruta, de aceituna, de vino o de cualquier economía regional, como la pesca, escuchó esa frase que condensó el reduccionismo oficial respecto de las fuerzas productivas del país (y la paradoja respecto del modelo que propone empleo y agregado de valor) seguro sintió que la gota que corría por su columna era más fría y más densa.


La pesca argentina, por ejemplo, es netamente exportadora. 95 de cada 100 toneladas que se pescan y procesan se exportan. Con la merluza, el calamar y el langostino como banderas -congelados, fileteados, procesados- la industria emplea miles de familias en Mar del Plata y en la Patagonia.


La escalada ilimitada de los costos internos fogoneada por la inflación se topó con el frente frío de un dólar incólume y la caída fenomenal de los precios internacionales y de la demanda.


La tormenta asola a la pesca, marplatense y santacruceña. Las plantas cierran. Las pesqueras quiebran. Los ánimos sindicales no dan para más y sólo en Mar del Plata la conflictividad provocó -con niveles de violencia inusitados- un parate de la actividad por 127 días a principios de año: los barcos no salían a pescar; si salían, no los dejaban descargar; si descargaban, no entraban en los frigoríficos; y si los procesaban, no dejaban cargar los camiones. Así las cosas, las bodegas repletas de las plantas industriales fueron vaciándose. El stock se redujo y habrá que volver a salir a pescar. Pero los números no dan: armar un barco para zarpar implica miles de litros de gasoil, insumo que representa el 40% del costo productivo. Un barco grande pueden demandar hasta 18 camiones de combustible que deben pagarse en efectivo. Por anticipado.


“Cuando perdés, perdés mucho”


“La pesca es muy complicada. No dan los costos. Hace poco, salió la flota amarilla [buque de media altura, de pesca más costera] y uno comentó que en dos días sacó 400 cajones de besugo. Festejaba los $ 120.000 que iba a facturar. Pero hizo la cuenta y gastó $ 76.000. Salió dos días más. Y perdió todo. Cuando perdés en la pesca, perdés mucho”, sintetizó un “arrepentido” de una de las más grandes pesqueras que recientemente quebró. Reconoció, no obstante, que cuando ganan, también ganan mucho.


Para variar, ningún empresario habla con nombre y apellido. Le “tienen miedo” a los sindicalistas, a los intendentes, a los ministros provinciales y secretarios nacionales, a la AFIP…


Cuando una pesquera está a punto de quebrar, es común que vengan otros y la compren. Incluso sabiendo que compran un pasivo social.


-¿Pierde plata la industria pesquera? , le preguntó LA NACION.


-(Silencio) No gana. La gente te lleva puesta. Chubut está muerto con la cantidad de gente en relación de dependencia con niveles de ausentismo del 40%.


En Mar del Plata la cosa no difiere mucho. Allí, el incremento de los insumos (ver “Costos” aparte) no pueden ser compensados ni siquiera por una variación del tipo de cambio efectivo ni con un aumento de precios. “Salvo en un muy corto período en el que pudimos tramitar el cobro los reintegros de exportación del 4% para algunos productos, después del mes de febrero en adelante y hasta el mes de mayo en el que existió el decreto de validez de los reintegros, todavía ninguna empresa pudo cobrarlos; además en el período que se eliminó la ventaja dejuauto [declaración jurada del exportador como garantía para diferir el pago de los derechos de exportación] pagamos derechos mas allá de lo que correspondía por lo embarcado realmente, debido a que había que pagarlos anticipados y después en algunos casos se cargaba menos. Todo ese dinero está para cobrar pero no se hace efectivo”, relató otro empresario pesquero.


“No hay inflación”


La asfixia financiera se ajusta con más nudos corredizos: más de 120 días de paro; bancos que mantienen el mismo porcentaje de créditos “porque en la Argentina no hay inflación”; grandes proveedores nacionales de combustible que obligan al pago en el momento de carga o por anticipado, entre otros.


“El puerto y las fábricas, hoy, están funcionando, pero de manera muy reducida”, intenta tranquilizar el empresario, pero no puede con el sincericidio : “Por el sólo hecho de seguir funcionando no te creen que te estás fundiendo”.


“El que pesca, procesa y exporta se funde. Pero el que compra y vende, el intermediario, gana una fortuna”, sentencia.


-¿Que soluciones o propuestas tienen para resolver la situación?


-Descartamos pedir una devaluación porque sabemos que el Gobierno no lo ve. Pero sí pedimos recomponer el tipo de cambio efectivo. Por ejemplo, eliminar las retenciones [están entre el 5 y el 10 por ciento]; atender la situación del combustible, con financiación; resolver la cuenta fiscal y acelerar la devolución: que nos acrediten el 80% del IVA adeudado y negociamos el 20%; que paguen los reintegros que rondan los 8 millones de pesos, y agilicen el pago de los 6 millones de pesos que pagamos de más cuando había que pagar los derechos de forma anticipada y terminábamos embarcando menos [la cuenta corriente aduanera apunta a agilizar el trámite]; estudiá reintegros proporcionales al grado de elaboración del producto.


En Mar del Plata, las empresas más grandes que dominan el negocio exportador son pocas: Solimeno, Moscuzza y Valastro entre otras. Cada una emplea de forma directa entre 700 y 1000 empleados. A mediados de año se inauguró una planta grande, de Mattera. Nunca entró en funcionamiento.


“Las que desaparecen son las pymes. Este es un negocio muy particular. Pasamos muchas crisis, pero ninguna como esta, donde las crisis son de costos, de mercados y de una política oficial que no ayuda”, agrega otro empresario.


Si el Gobierno soluciona su presupuesto con soja, autos y Brasil -como Chávez con un barril a poco más de US$ 52- el futuro de la pesca, y de las economías regionales, no es promisorio.


Qué pasa, qué piden


Una ecuación complicada
La industria exporta el 95% de su producción.
Con este nivel de exposición internacional, el aumento desmedido de los costos, sumado a la caída de la demanda externa, alteró la competitividad de las pesqueras.


127 días sin pescar ni procesar.
La conflictividad sindical -enfrentamientos entre el SOMU y el Simape- provocó que durante cuatro meses no se pudiera operar en el puerto ni en las plantas.


Medidas para paliar la situación
Retenciones y reintegros a las ventas.
Los exportadores solicitaron en más de una oportunidad lograr la eliminación de los derechos de exportación y la agilización en la devolución de los reintegros.


Acuerdo con los sindicatos.
Los empresarios destacaron la comprensión de los sindicatos al lograr homologar en el Ministerio de Trabajo un acuerdo que preveía la suspensión temporaria del pago de las cargas sociales, a principios de año.


Costos:


Esta es la evolución que tuvieron los valores de los principales insumos del sector armador e industrial marplatense entre julio de 2009 y julio de 2012.


123%
Gasoil mayorista neto de impuestos


270%
Hora taller de reparaciones navales


190%
Servicio de lancha en el puerto


Por Emiliano Galli | LA NACION


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18/09/12



LA NACION

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