Hasta mediados de los años 70, la actividad pesquera argentina se circunscribía a unas decenas de empresas, con base en la costa bonaerense. Hoy, en cambio, hay más de 170 firmas operando desde Mar del Plata hasta Ushuaia, con una flota que supera los 560 buques, sin contar los navíos que pescan en el límite de la zona económica exclusiva, la llamada milla 201, o que tienen licencias del gobierno de las Islas Malvinas.
Hasta mediados de los años 70, la actividad pesquera argentina se circunscribía a unas decenas de empresas, con base en la costa bonaerense. Hoy, en cambio, hay más de 170 firmas operando desde Mar del Plata hasta Ushuaia, con una flota que supera los 560 buques, sin contar los navíos que pescan en el límite de la zona económica exclusiva, la llamada milla 201, o que tienen licencias del gobierno de las Islas Malvinas.
En conjunto, es una actividad que mueve unos US$ 1.200 millones anuales y basa cerca del 90% de su negocio en la exportación a medio centenar de países. Se expandió a partir de las ventajas que ofrecía el tipo de cambio competitivo e incorporó tecnología. Sin embargo, el horizonte es incierto, según señalan las firmas del rubro.
En los últimos dos años, las empresas han visto caer su rentabilidad, presionadas por la fuerte suba de costos –insumos, combustible, salarios– y la pronunciada baja de la cotización de algunas especies emblemáticas, como el calamar illex y el langostino.
A esto se suma que la merluza (hubbsi, de cola, austral) –que junto con los otras dos especies integra el podio de la producción pesquera local– tiene un sistema de asignación de capturas para preservar el recurso, que está en riesgo, por lo que en el mercado surgieron especies sustitutas (tilapia, pangasus, alaskan pollock).
También hay un sustituto del langostino –el banamei– que se cría en piletas de aguas cálidas y cuesta hasta un 30% menos. Países como Brasil, Ecuador, Colombia y Perú están siendo muy activos en esto.
Pérdida de competitividad
Si se tiene en cuenta que casi el 80% de la producción pesquera del país corresponde a calamar, merluza –todas sus variedades– y langostino, se entiende, entonces, por qué el sector en su conjunto está en una encrucijada.
La pérdida de competitividad de la industria pesquera será, sin dudas, uno de los temas que se analizarán en el marco de Expopesca, la primera megamuestra sectorial, tanto del país como del Mercosur, que comienza el miércoles en Mar del Plata (ver Todo el sector…). Desde el ámbito empresario afirman que el encuentro dará visibilidad a un sector que no todos conocen.
Paralelamente a la suba de costos en casi todos los rubros, caducaron algunos incentivos, como el reintegro por la utilización de puertos patagónicos (2006) y los reintegros de exportaciones (2005), pero continúan vigentes, aún hoy, derechos de exportación (5% al 10%) para las principales especies.
Frente a las demandas de medidas puntuales, en julio pasado el Ministerio de Economía instrumentó la resolución 137/08, que reimplanta los reintegros a la exportación de merluza, calamar, langostino, mero y abadejo. Pero la norma sólo se aplica a la producción en tierra, dejando sin efecto la devolución de impuestos para los productos procesados a bordo (ver Una gota en el mar).
Desde el combustible al cartón
Un informe de la Cámara de Industrias Pesqueras de la Argentina (Caipa), entidad con base en Mar del Plata que nuclea a armadores (dueños de barcos), procesadores y empresas integradas verticalmente, destaca que en el caso del calamar "la reducción de precios ha sido del orden del 40% al 50%", mientras que "los valores del langostino vienen bajando entre el 30% y el 40%". Por su parte, desde 2003, el combustible se incrementó un 97%, lo mismo que el cartón corrugado, y algo menos que el film de polietileno (150%). En cuanto a los costos de la estiba, pasaron de 25 a 45 dólares por tonelada.
"Aun manteniendo el volumen de ventas, las empresas enfrentan una importante reducción del flujo de ingresos de caja. La baja que se ha operado en el dólar respecto del peso también afecta la utilidad", asegura Mariano Pérez, presidente de la cámara, que reúne, entre otras, a El Marisco, Coomarpes, Congelados Artico, Mardi y los grupos Moscuzza, Valastro y Solimeno. Las tres últimas también integran CEPA (Consejo de Empresas Pesqueras Argentinas).
Las compañías que operan en el Sur comparten las preocupaciones de sus rivales marplatenses.
Daniel Molina Carranza, director ejecutivo de la Cámara de Armadores Pesqueros y Congeladores de la Argentina (Capeca), sostiene que "hoy se está perdiendo rentabilidad" y agrega que "hay muchos barcos a los que los costos no les dan para este nivel de precios. Con una vaina de calamar a 900/950 dólares la tonelada, un potero normal (barco especial que se utiliza para pescar calamares) está cambiando la plata", indica. La entidad nuclea a once grupos –como Alpesca, de capitales sudafricanos, Argenova (españoles) o Pespasa y Pesantar (japoneses)– que operan en el Sur, con plantas desde San Antonio Oeste hasta Ushuaia.
Mar del Plata, donde reinan los capitales nacionales, representa la mitad del negocio pesquero. Entre enero y lo que va de septiembre, el 50% de toda la carga pesquera se desembarcó en el puerto de esa ciudad, según datos de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura de la Nación. En el litoral marítimo patagónico, los puntos neurálgicos son Puerto Madryn (16,3% del total) y Puerto Deseado (14,6%).
El sector pesquero envió al exterior 540.000 toneladas de pescados y mariscos el año pasado, por un total de US$ 1.104 millones. Esto es, un 12% menos en dólares y un 14% menos en volumen respecto de 2006. Sin embargo, el nivel se mantuvo por encima del promedio 2001-2006, "incrementándose 23% con relación al valor y 8% respecto del volumen", de acuerdo con la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos.
En los primeros siete meses de 2008, la Oficina de Estadísticas de Comercio Exterior del SENASA calculó que se exportaron 319.000 toneladas de pescados y mariscos –casi lo mismo que en 2007– por US$ 657,5 millones, un 6% más.
La mayoría de las empresas activas en el mar argentino factura entre US$ 20 millones y US$ 40 millones anuales, con algunas que superan los US$ 50 millones. Según fuentes de mercado, más de la mitad de las firmas pertenecen a capitales extranjeros (españoles, japoneses, chinos, taiwaneses).
Todo esto hizo que el sector se abriera a los mercados mundiales, un hecho clave si se considera que el consumo interno no supera el 10% de la producción total.
Tecnologías
La clave de la transformación del negocio fue la incorporación de nuevas tecnologías a la industria –feeders, congeladores, contenedores– y la llegada de millonarias inversiones al sector. Como resultado, hoy casi el 65% de la pesca se procesa en congeladores, muchos de firmas con producción integrada a bordo y en tierra, quedando apenas un tercio del negocio en manos de los llamados fresqueros (que sólo pescan y descargan).
"Las empresas que componen CEPA, luego de la crisis de fines de los 90 y en la primera etapa del inicio de la política de devaluación, lograron recomponer su capacidad productiva industrial y tecnológica, que había quedado seriamente dañada", describe Oscar Fortunato, presidente de la entidad. "A partir de allí –agrega– se inició una etapa de inversión, en la que se modernizaron e incorporaron barcos y se reequiparon y construyeron plantas". Ahora, la suba de costos hace que "no se vean claras las posibilidades de repago de las inversiones que se puedan realizar", admite.
Pese a que en Mar del Plata se quejan, las firmas del Sur creen que ese puerto aún es más competitivo que los patagónicos. "Hay barcos que operan en el Sur a los que les conviene más subir a descargar a Mar del Plata o a un puerto bonaerense que hacerlo en la Patagonia. Aun perdiendo cuatro días de pesca en ir y volver, les conviene porque tienen la mitad de costo", señala Alfredo Pott, presidente del Grupo Pesel (Pesqueras Santa Elena, del Beagle y Yukén).
El ejecutivo destaca que, este año "antes de que terminara la temporada, hubo barcos que no salieron a pescar, porque el precio que se paga por tonelada es menor que lo que cuesta la producción. Y un barco parado es como una fábrica cerrada".
Por su parte, Ricardo Gómez Campá, gerente general del grupo Iberconsa de Argentina, de capitales españoles, enfatiza que "el sector está atravesando una de sus crisis más acuciantes", impulsada por "una inflación que ha llevado los costos a incrementarse en porcentajes del 30% al 40% en dos años. "En este contexto –apunta– no existe un marco jurídico que favorezca especialmente el desarrollo de la actividad y, francamente, existen pocas posibilidades reales para nuevas inversiones".
"Para la próxima campaña se esperan incrementos de costos, caída de mercados, disminución de capturas. Lo positivo es que finalmente se ha puesto en práctica la Ley Federal de Pesca (24.922), lo que va a dar seguridad jurídica y beneficiar a especies como la merluza negra y la polaca", sostiene Enrique Díaz, presidente del grupo Pespasa y Pesantar.
Con referencia al mecanismo de asignación de cuotas para la merluza, "la ley va a contribuir a ordenar el caladero. Hoy las empresas tienen varios buques porque no saben la cuota que les va a tocar pero, si supieran, quizás tendrían menos barcos", puntualiza Díaz.
Por Carlos Boyadjián
21/09/08
IECO -CLARIN

