Las efemérides son una ocasión propicia para reflexionar en conjunto sobre el pasado y el presente, recordar la trayectoria y la obra de los hombres y mujeres que dejaron su impronta en una actividad, analizar las características del presente y plantear las dificultades y desafíos hacia el futuro.
Las efemérides son una ocasión propicia para reflexionar en conjunto sobre el pasado y el presente, recordar la trayectoria y la obra de los hombres y mujeres que dejaron su impronta en una actividad, analizar las características del presente y plantear las dificultades y desafíos hacia el futuro.
Con este espíritu Pesca & Puertos encara esta edición dedicada en su totalidad a la industria naval al conmemorarse el pasado 12 de septiembre un nuevo “Día de la Industria Naval”.
La fecha recuerda que fue un 12 de septiembre de 1961, bajo la presidencia de Arturo Frondizi, cuando se firmó el decreto impulsado por el Capitán de Navío Horacio Esteverena, entonces titular de la flamante Empresa Líneas Marítimas Argentinas (ELMA), que aprobaba un gran plan de renovación y expansión para la flota de la empresa estatal. El referido plan dispuso la construcción de treinta y siete unidades y se llevaría a cabo en dos etapas a lo largo de diez años: la primera encargando las construcciones en el exterior y en la segunda serían los astilleros nacionales los que construirían la totalidad de las nuevas unidades. La primera obra que se concretó dentro de aquel plan fue la del carguero Almirante Stewart, construido en Ensenada por Astilleros y Fábricas Navales del Estado SA (AFNE).
La Argentina de entonces expandía sus intereses en los mares y en los ríos, planificaba el transporte y se proponía consolidar su presencia en el comercio internacional. Los buques de ELMA llegaban a los principales puertos del mundo, la flota de YPF junto a numerosos buques tanque de capital privado se encargaba del transporte de hidrocarburos, el movimiento que generaba el carbón de Río Turbio también demandaba barcos en la órbita de YCF y gran parte del transporte con países vecinos estaba a cargo de la Flota Fluvial del Estado y de armadores privados.
Es difícil precisar el inicio de la larga decadencia que siguió a aquella época, pero sin duda fue durante la presidencia de Carlos Menem cuando la caída fue estrepitosa, a partir de la casi desaparición de la flota mercante nacional y la sistemática destrucción del transporte marítimo y fluvial de bandera. Así fue como los astilleros y talleres navales, otrora pujantes, quedaron en un estado de agonía, miles de trabajadores calificados desocupados y salieron del país millones de dólares en concepto de fletes pagados a flotas de otros países.
El presente muestra la posibilidad de reconstruir a la industria naval. Sin embargo, aún no se percibe la construcción de un pensamiento estratégico y falta una planificación política que dé consistencia y continuidad a las medidas que se deben tomar. El Decreto 1010/04 sirve de ejemplo. Dispuso la derogación de la normativa que destruyó a la marina mercante nacional, decisión que era impostergable y que recibió un amplísimo apoyo. Fijó nuevas reglas que empezaron a reactivar el sector, necesarias, pero que todos reconocían insuficientes para planificar el largo plazo. Estableció en dos años el plazo de vigencia, reconociendo que la norma aspiraba a dar el puntapié inicial de un proceso de reconstrucción pero que, por la magnitud y los intereses involucrados, requiere de otros instrumentos que aseguren reglas permanentes y fijen objetivos que superen la coyuntura para fijar una clara política de Estado, marco que debe hacerse mediante la sanción de una ley para la marina mercante como el mismo decreto señaló.
Los dos años se vencieron, tuvieron que prorrogarse a otros dos y la ley sigue en pañales. Hasta el más optimista puede empezar a dudar.
Tras la deliberada destrucción de la flota nacional que casi hizo desaparecer a la industria naval y naviera nacional se movieron intereses, seguramente los mismos que ahora intentarán frenar todo cambio. A ellos habrá que contraponer los derechos de quienes apostamos a la reconstrucción de la industria naval que como una “industria de industrias” asegurará trabajo a los argentinos, impulsará el desarrollo científico y técnico, aumentará la inversión en sectores productivos, mejorará la competitividad de nuestros productos y ofrecerá una alternativa de transporte imprescindible para un país de características casi insulares como el nuestro.
El aumento del comercio por agua, la búsqueda de hidrocarburos off-shore, el máximo aprovechamiento de la hidrovía, la industria pesquera, el transporte de pasajeros demandan la reactivación plena de los astilleros y talleres navales. Reactivación que requiere para ser permanente de medidas claras, que podrán ser graduales en algunos casos, pero que permitan superar los cuellos de botella, resolver debilidades estructurales, que no asfixien a otras industrias productivas, financiamiento genuino, reserva de carga y un fuerte apoyo del estado en su rol de planificador y garante de las reglas de juego.
Así, cada 12 de septiembre la Industria Naval tendrá nuevos motivos para festejar y todos los argentinos renovaremos nuestro reconocimiento a los trabajadores, técnicos, ingenieros y armadores que hacen posible que buques y artefactos navales construidos o reparados en astilleros y talleres nacionales proyecten a la Argentina en los espacios marítimos de todo el mundo.
Editorial de P&P
17/09/07
PESCA & PUERTOS
