Inevitable. En el mundo del siglo XXI las respuestas están en las universidades. "Hay que ponerse en busca del saber"
Inevitable. En el mundo del siglo XXI las respuestas están en las universidades. "Hay que ponerse en busca del saber"
La industria marítima es una de las actividades más complejas del mundo de hoy, de mayor inversión y más expuesta a los avatares económicos, políticos y sociales, que requiere a su frente timoneles experimentados salidos de las universidades.
Cambios económicos, avances tecnológicos, alzas astronómicas de los precios del petróleo, crisis comercial, menos intercambio internacional, incorporación de más bodegas al mercado cuando escasean las cargas, desguace de barcos relativamente nuevos para reducir abundancia de bodegas, barcos fondeados sin carga, cuándo chartear barcos o comprarlos, construcción de nuevos barcos, desregulación y proteccionismo, precios internos creciendo, puertos poco eficientes o en permanente conflicto, precios de los insumos en ascenso, el dólar a la baja, feroz competencia internacional y cuántas cosas más de este siglo XXI tan complejo, son algunos de los avatares que debe enfrentar el transporte marítimo de hoy día, obligado a grandes desafíos y a decisiones muy comprometidas.
En realidad, hablamos de las empresas, de su hardware y no deberíamos hacerlo porque ellas no toman decisiones, sino que son sus ejecutivos quienes deciden su destino, y el punto que deseamos destacar son los recursos humanos que exige la industria marítima de hoy: preparados, capacitados, bien profesionales, dotados y tomando decisiones inteligentes, son en verdad la última esperanza que nos queda.
Ya nada se aprende en 15 días como en el pasado, lo cual nos recuerda la frase del profeta islámico que se traduce como "El que abandona el hogar para ponerse en busca del saber, sigue el camino de Dios", y esa es la verdad inapelable que nos dice con fuerza y realidad que hay que ir a las universidades a buscar las respuestas y acaso un poco de poder. No es menos cierto que las empresas a su vez deben acercarse a las universidades para estimular y sostener su acción civilizadora.
La industria marítima del siglo XXI es la que más requiere recursos humanos altamente preparados. Hoy habría que decir que cuando los planes de las compañías fracasan, es porque fueron proyectos en realidad construidos para el fracaso por directivos inhábiles. Por eso nos sentimos atraídos por el mundo del conocimiento, por la logística y por los recursos humanos altamente capacitados que llevan las empresas al triunfo.
Son hombres dotados de intuición, de visión, de pupila profunda, salidos de uni-versidades especializadas, de las cuales Uruguay tiene varias de ese tipo, son las herramientas del progreso y desarrollo. Nos maravilla del despegue de China co-munista, el mercado que hoy día consume la mayor cantidad de automóviles de lujo y de marca y donde el número de millonarios crece cada hora. Recordamos los tiempos que China enviaba a sus jóvenes a las principales y conocidas universidades del mundo a prepararse. Fue una inteligente inversión.
Ciertamente vivimos cada día en un mundo de desafíos. Quien no esté capacitado no hallará respuestas, no se insertará. Preguntas tales como cuál modo de transporte o qué combinación de medios deberán emplearse, qué extensión deberán tener los contratos y sus riesgos y bajo qué condiciones y términos aceptar, revertir el hoy costosísimo movimiento de contenedores vacíos cuando hay un desbalance brutal en los flujos de carga (importación-exportación) en un factor de equilibrio, son interrogantes que no tienen respuestas si no se ha ido a las universidades y se cuenta con experiencia para saber mover las piezas de ese ajedrez. Hay ejecutivos que reducen costos para sobrevivir, otros, más sabios, lo hacen para competir y ahí está la diferencia.
Por igual, armador y cargador están comprometidos en esta industria y son engranajes inseparables. Pero aquí nos gustaría agregar un valioso ingrediente, y es que el armador es el que sobrelleva el riesgo mayor porque está expuesto a los vaivenes del mercado y a los cambios políticos, sociales, económicos y a los decretos de cada uno los países donde escala el barco.
Un buen ejemplo de ello es cuando hace tres años comenzó la crisis, los fletes cayeron al abismo: transportar un contenedor a Asia costaba 6 mil dólares y cayó a 400 dólares con todo un mundo de consecuencias catastróficas que omitimos para no alargar esta nota. Las empresas armadoras más importantes del mundo están sufriendo cuantiosas pérdidas y hay muchas dudas de los expertos que las ayudas estatales sean saludables.
Las comparan con la industria del transporte aéreo que por miedo a la pérdida de empleos han recibido apoyos gubernamentales y hace más de una década que las líneas aéreas están en el mismo lugar estancadas o en quiebra. Estos son los duros desafíos del mundo de hoy, por lo menos para la industria marítima.
Hoy día la operativa de los barcos superó aquel fácil y clásico puerto a puerto del pasado, hoy es "door to door", y éste es un mecanismo mucho más complejo en el marco de una sofisticada logística y multimodalismo incluido la magia y arte de cargar un barco de contenedores. Por eso hay que ir a las academias técnicas.
China hace 25 años fue inteligente, vio como se enriquecía Taiwán y envió a sus jóvenes a las universidades del mundo capitalista y comenzó a crecer. Hoy China maneja 100 millones de contenedores anuales, (importación, exportación, movimiento interno) y a esto debe agregársele los de EE.UU. Europa y el resto de Asia que deben ser otros 250 millones de contenedores, cada uno de ellos saliendo de factorías para llegar a su destino final con precisión y bajo una cruda competencia. Así que si quiere saber algo de esto, vaya a la Universidad, allí están las respuestas.
Entonces ¡Qué valiosa frase es la del profeta: "El que abandona el hogar para ponerse en busca del saber, sigue el camino de Dios"!
Por Emilio Cazalá
03/05/10
EL PAIS – URUGUAY
