La industria del pescado intenta reencauzar el conflicto laboral

El año cierra con el SOIP habiendo acordado la relación de dependencia en varias plantas y con los fileteros más duros desmovilizados, gestionando subsidios ante la Nación. Aún así, la controversia por las relaciones laborales dentro de la industria del pescado sigue en pie.

El año cierra con el SOIP habiendo acordado la relación de dependencia en varias plantas y con los fileteros más duros desmovilizados, gestionando subsidios ante la Nación. Aún así, la controversia por las relaciones laborales dentro de la industria del pescado sigue en pie.

El año termina con el conflicto laboral en la industria del pescado relativamente encaminado y con un clima mucho más sereno del que se vivía hasta hace algunos meses. Por un lado el Sindicato de Obreros de la Industria del Pescado (SOIP) se muestra fortalecido, exhibiendo la reciente firma de varios acuerdos con empresas del sector que aceptaron contratar bajo relación de dependencia a más de un centenar de trabajadores que se desempeñaban bajo la figura de cooperativas.

Por otra parte, los obreros "autoconvocados" que critican a la conducción del SOIP e incluso cuestionan el modo en el que se produjo esos "blanqueos", parecen haber encontrado un canal de diálogo y contención dentro el Ministerio de Trabajo de la Nación para plantear sus demandas. Al margen de continuar con su reclamo de una "registración laboral" generalizada en la actividad, los fileteros más duros hoy se muestran abocados a conseguir subsidios de parte de la Nación para obreros que en estos momentos están sin trabajo. Si bien la controversia sigue latente, el escenario actual se presenta bastante diferente al que se vivía en el puerto marplatense hace algunos meses, en especial durante los días previos a las elecciones nacionales de octubre.

En aquel momento, el protagonismo lo tenían los obreros "autoconvocados" que con el apoyo de la CTA, algunos movimientos políticos y activistas, habían puesto en marcha un intenso plan de protesta.

En pocos días tomaron la sede del SOIP, protagonizaron marchas provocando destrozos en algunas fábricas tratando de forzar huelgas y, en agosto, mantuvieron bloqueados durante varios días los accesos al puerto obstaculizando por completo la operatoria.

Más tarde ocuparon el recinto del Concejo Deliberante y después hicieron lo mismo con la sede local del Ministerio de Trabajo de la Nación. Durante los días de mayor violencia hubo un filetero herido de bala y una golpiza contra el secretario general del SOIP Samuel Salas, en pleno centro de Mar del Plata. Todo esto ocurrió en un lapso de 4 meses, durante los cuales la protesta tuvo como consigna reclamar la "registración laboral" para todos los obreros del sector. Esto implica para los "autoconvocados" no sólo erradicar el trabajo en negro, sino también embestir contra el sistema de cooperativas bajo el cual están organizadas varias fábricas dedicadas al procesamiento de pescado.

Aunque sus argumentos en contra de las cooperativas aparecen relativizados por la ley que las considera legales y por las declaraciones del propio ministro de Trabajo, Carlos Tomada, de admitir la existencia de "lo que sea formal y posible". Si "es legal se lo permite; si no, no", sostuvo el funcionario en una de las reuniones que mantuvo con el sector en las últimas semanas. Con el correr de los meses, la actividad de los fileteros más radicalizados comenzó a debilitarse ya que pasadas las elecciones, perdieron el apoyo que les brindaban las agrupaciones "solidarizadas" con su causa. Al mismo tiempo, la cuestionada comisión directiva del SOIP trató de recuperar el protagonismo, algo que en las últimas semanas parece haber alcanzado. En pocos días, el gremio -cuya dirigencia pudo recuperar su sede de la calle 12 de Octubre- exhibió como un "triunfo" haber acordado "sin violencia" la contratación bajo relación de dependencia para más de cien fileteros, peones y envasadores que hasta ahora trabajaban dentro de las cuestionadas cooperativas.

Al mismo tiempo, sus dirigentes aparecieron firmando un aumento salarial del 15% para sus afiliados.
En cambio, los fileteros más radicalizados parecen haber perdido poder de movilización, aunque van moviendo sus fichas ante el ministro de Trabajo Carlos Tomada, a quien esta semana le pidieron subsidios. Lo cierto es que como telón de fondo de las protestas ocurridas durante este año en el puerto local aparece un dato significativo: en 2007 se pescó al menos un 12% menos de merluza que en 2006 por disposición del Gobierno nacional.

De algún modo, la menor disponibilidad de materia prima fue lo que gestó el malestar entre obreros de plantas que, al no disponer de pescado, no podían trabajar. Así, quedó otra vez al descubierto la disconformidad de ciertos grupos con las cooperativas que no garantizan ingresos para sus socios en épocas de inactividad. Pero también comenzó a descorrerse el velo sobre la existencia de plantas que aducen ser cooperativas y que no lo son ya que apenas califican como establecimientos clandestinos que se abastecen de pescado que elude los controles.

22/12/07
LA CAPITAL – MAR DEL PLATA

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