En 1998 un barco griego que navegaba con bandera panameña, transportaba azúcar de Brasil a Perú, pero quedó retenido en Comodoro Rivadavia por un desperfecto mecánico de cuya reparación nadie se hacía cargo. Varios países se vieron involucrados en un conflicto comercial que derivó en deudas y remates, pero donde sobresalió también la solidaridad de la comunidad hacia la tripulación.
En 1998 un barco griego que navegaba con bandera panameña, transportaba azúcar de Brasil a Perú, pero quedó retenido en Comodoro Rivadavia por un desperfecto mecánico de cuya reparación nadie se hacía cargo. Varios países se vieron involucrados en un conflicto comercial que derivó en deudas y remates, pero donde sobresalió también la solidaridad de la comunidad hacia la tripulación.
El 5 de setiembre de 1998 llegó al puerto de Comodoro Rivadavia un barco mercante llamado “ELINKA”. Transportaba 14 mil toneladas de azúcar que había cargado en Brasil y que debía entregar en el puerto de El Callao, en Perú.
Su tripulación, compuesta por 23 marinos, estuvo varada en la ciudad por más de dos años a raíz de que su dueño ni las aseguradoras se hacían cargo de costear la reparación del desperfecto mecánico que mantenía la nave fondeada inoperable en el golfo San Jorge.
La historia que cobró notoriedad a nivel nacional, hoy marca un paralelismo con la situación que vive la tripulación de los dos pesqueros chinos que el 25 de diciembre fueron capturados pescando ilegalmente en el mar argentino y que permanecen retenidos en el puerto local ya que sus capitanes resultaron procesados por desacato a la orden de alto emitida por el guardacostas “THOMPSON” de Prefectura para intentar huir hacia aguas internacionales.
Sin embargo, la circunstancia que mantiene a los tripulantes chinos varados en Comodoro Rivadavia es muy distinta en varios aspectos a lo que les sucedió a los tripulantes birmanos y rumanos del “Elinka”.
El viejo barco carguero fabricado en 1975, con 154 metros de eslora, llegó al puerto comodorense por una rotura del motor luego de ser interceptado por un guardacostas navegando por aguas jurisdiccionales argentinas sin autorización.
El barco transportaba 13.000 toneladas de azúcar sin refinar. Su situación comercial fue su principal prisión, ya que nadie se hacía cargo del viejo buque de bandera panameña, con un propietario griego, carga peruana, consignataria y aseguradora chilena, y reasegurador británico.
Durante más de un mes el barco ocupó el único muelle de aguas profundas del puerto, mientras buzos de Prefectura Naval repararon los agujeros que estuvieron a punto de provocar una inundación. Luego, se ordenó que abandonara el muelle y fondeara en rada cerca de la entrada del puerto.
La situación fue complicada y difícil de resolver para las autoridades, ya que todos los implicados no querían perder su inversión. Mientras tanto, los tripulantes vivieron en la embarcación, ayudados por la comunidad, y sólo algunos pudieron realizar trabajos temporarios en tierra, ya que no tenían papeles para radicarse en forma legal.
Ellos pasaron Navidad en el mar, y la misma comunidad hizo una colecta que luego fue enviada en lancha. Quizás eso fue lo mejor que dejó esta historia que tuvo un largo ida y vuelta, con múltiples complicaciones.
Idas y venidas
En un principio la Justicia Federal ordenó la descarga de 5.000 toneladas de azúcar que por calidad y tipo de producto no podía comercializarse dentro del Mercosur. Luego se efectuó el remate de la embarcación. Sin embargo, la subasta no tuvo éxito.
Como nadie se quería hacer cargo del barco y de su tripulación, un empresario argentino ofreció 260.000 dólares por la nave, con lo cual se pagaba el 70 por ciento de la deuda de la tripulación, quienes se negaban a irse sin cobrar.
Sin embargo, los rumanos se negaron. El barco fue a remate y lo terminaron comprando ellos mismos por 250.000 dólares a pagar cuando cobraran su deuda. Una locura teniendo en cuenta que por esta situación se debían 450 mil dólares al puerto, a la agencia marítima argentina Meridien, al armador y a un hotel familiar, entre otros.
Finalmente, la empresa Meridian Marítime compró el barco por 41 mil pesos, en un nuevo remate que se realizó por orden de la Justicia Federal. La nave salió a la venta “sin base y al mejor postor”, y según los compradores sería enviada a la India para su desguace.
12/01/13
EL PATAGÓNICO
