Nicaragua puso en marcha, hace poco, el proyecto para unir ambos océanos; la construcción será comandada por China.
Nicaragua puso en marcha, hace poco, el proyecto para unir ambos océanos; la construcción será comandada por China.
Las obras apenas comenzaron. Pero el faraónico proyecto para construir el “Canal de Nicaragua”, que competirá con el de Panamá en la unión de los dos océanos, amenaza con abrir no sólo una nueva cicatriz en la geografía, sino en la diplomacia regional.
Los ambientalistas se agarran la cabeza mientras en Washington se observa con inquietud un posible nuevo foco de tensión con el gobierno de Daniel Ortega.
La obra, que el gobierno de Ortega ya puso en manos chinas, contempla un presupuesto de 50.000 millones de dólares para construir un canal de más de 200 kilómetros que partirá por la mitad la geografía del país. Lo que empezó como una quimera empieza a tomar forma, y las posiciones, hasta ahora guardadas con cautela, comienzan a hacerse oír.
“Nosotros esperamos que Estados Unidos no vete un proyecto fundamental para nuestro país y para el mundo”, advirtió el gobierno nicaragüense.
Lo hizo en respuesta a la prevención que, hace unos días, lanzó el Departamento de Estado, que llamó a “dotar de transparencia” todas las etapas del monumental proyecto.
“Hay falta de información y de transparencia”, sostuvo la embajada norteamericana en Managua. “Preocupa la falta de datos que existió y que continúa existiendo sobre muchos de los importantes aspectos de este proyecto”, añadió.
El gobierno de Ortega llamó a los países vecinos para que se involucren en su favor respaldando el proyecto. Los críticos de la obra también hicieron lo mismo y así el eventual canal empieza a dividir no sólo la tierra, sino la relación entre países.
“Por ahora, de lo que no cabe duda es de que esto puede ser una fantástica estafa”, dijo a LA NACION Juan Carlos Hidalgo, del Cato Institute, con sede en esta ciudad. “El gobierno concedió la obra a una empresa china que no tiene antecedentes en ingeniería de esta dimensión”, agregó.
La empresa en cuestión -HKND Group, con sede en Pekín- respondió a la inquietud de Washington con una declaración en la que aseguró “estar comprometida con la transparencia”.
Tres veces más largo que el centenario canal de Panamá, el que se proyecta para Nicaragua incluye el cruce del Lago de Nicaragua, el espejo de agua dulce más importante de la región, lo que encendió alarmas entre ecologistas y población local (ver aparte).
“La posibilidad de que se contamine por un accidente o porque haya intrusión de agua salada es realmente grave”, sostuvo Octavio Ortega, líder de uno de los comités de campesinos que se oponen a la obra.
Pero, según los técnicos, el trazado a través de ese gigantesco lago de agua dulce tampoco garantiza la viabilidad. “Ocurre que es un espejo muy poco profundo, en algunos sitios, de apenas cinco metros, lo que hace prever que habrá que dragar incluso el lecho del lago”, acotó.
“Le estamos pidiendo diálogo al gobierno para que escuche nuestros temores”, sostuvo el directivo. La falta de respuesta los llevó a buscar ayuda en otros gobiernos.
El comité, que incluye pueblos indígenas temerosos de perder sus tierras, anunció contactos para exponer su posición en las embajadas de Alemania, Costa Rica, Colombia, Estados Unidos y México.
Al menos en lo preliminar, las obras ya comenzaron. Fue días atrás, con un acto formal que el presidente Ortega encabezó con las autoridades de la empresa. “Los chinos no vienen aquí con tropas de ocupación”, dijo el ex líder guerrillero, en un intento de calmar las dudas de los críticos.
Su gobierno estimó ya que el canal tendrá un tráfico de por lo menos 9000 buques al año y que dejará ganancias por 4200 millones de dólares al país centroamericano.
Los trabajos preparatorios incluyen la construcción de las rutas de acceso a los lugares de excavación, así como de las instalaciones necesarias para acometer la proyectada vía interoceánica. Una de las dudas es de dónde saldrá el dinero para financiar un proyecto que representa varias veces el PBI del pequeño país. “Ese punto aún no está claro. Nadie sabe muy bien de dónde vendrá el dinero”, sostuvo Hidalgo.
En la prensa local existe la impresión de que la firma china -que obtuvo de Ortega la operación del canal por 50 años, prorrogables a otros 50- podría estar financiando los tramos iniciales.
“La obra tendrá inversión europea y americana”, acotó Francisco Telémaco Talavera, asesor del presidente Ortega y designado por él como vocero en el exterior del Canal Interoceánico.
“Hay mucho por hacer. No todos los trabajos se han asignado. La inversión china no significa que no haya oportunidades para otros, incluidos los norteamericanos”, añadió.
“Nosotros esperamos que Estados Unidos entre en el negocio y no que vete el plan”, subrayó Talavera.
El cronograma de trabajos es ambicioso. Aspira a terminar las obras en mucho menos tiempo que los más de 30 años de idas y venidas que llevó el de Panamá.
El plan prevé terminarlo en cinco años, aunque estudios coincidentes de la consultora McKinsey y de la constructora China Railway Construction Corp. hablan ya de, por lo menos, el doble: unos diez años.
La obra demandó una reforma constitucional que incluyó una cláusula que habilita la expropiación de toda la tierra que sea necesaria en cualquier parte del territorio nacional. Los críticos llamaron la atención sobre el hecho de que esa facultad no se limita a la zona del trazado.
La construcción de un canal interoceánico es un proyecto de larga data en el imaginario colectivo nicaragüense. Un clamor con raigambre antigua que forma parte de su identidad como pueblo.
El proyecto fue aprobado por el Congreso en apenas tres días y, por lo pronto, Ortega ya figura como quien puso la piedra basal. (Por Silvia Pisani; La Nación)
03/02/15

