El Parlamento ucraniano aprueba el acuerdo en medio de graves altercados.
El Parlamento ucraniano aprueba el acuerdo en medio de graves altercados.
El hecho de que fuera un secreto a voces no evitó que cogiera desprevenido a todo el mundo. Sin previo aviso, el presidente ruso, Dmitri Medvédev, viajó la pasada semana a Ucrania para firmar un histórico acuerdo que permitirá que la Flota rusa del mar Ne-gro permanezca en el puerto de Sebastópol, en la península ucraniana de Crimea, hasta mediados de siglo (2042).
El nuevo presidente ucraniano, Víctor Yanukóvich, lo había insinuado durante la cam-paña electoral, pero nadie esperaba que ocurriera tan pronto. Como se dice común-mente, se juntaron el hambre con las ganas de comer. Rusia, cuya economía aún no se ha recuperado de los embates de la crisis, no puede permitirse la construcción de una nueva base naval para 2017, cuando expiraba el anterior convenio bilateral, mientras Ucrania necesitaba como el aire un urgente descuento en la tarifa del gas ruso. En estos momentos, los puertos ruso de Novorossíysk y el abjaso de Ochamchira no pueden considerarse alternativas a Sebastópol. Ahora, Moscú podrá dedicarse a modernizar su avejentada flota, que sufre graves achaques de obsolescencia.
De poco valió que durante sus cinco años de mandato el anterior presidente ucraniano Víctor Yúschenko, que hizo todo lo posible por acercar a su país a la OTAN, pidiera a Rusia en numerosas ocasiones que abandonara Crimea. Tampoco ha influido el que el artículo 17 de la Constitución ucraniana prohíba expresamente la presencia de bases extranjeras en el territorio nacional. El preciado gas ruso ha sido más poderoso que cualquier otra argumentación sobre los intereses estatales, la integridad territorial y la soberanía nacional.
Al desintegrarse la Unión Soviética, Kiev y Moscú se toparon de bruces con la realidad de tener que repartirse los buques soviéticos basados en Crimea, territorio cedido a Ucrania por el dirigente soviético Nikita Jruschov en 1954. Tras años de disputas, fir-maron un convenio por el que la Flota rusa alquilaba la base por 20 años, que la pasa-da semana fue prolongado por otros 25. Crimea no es territorio hostil para Moscú, ya que la mayoría de habitantes de la península son de origen ruso.
En honor a la verdad, la Flota del mar Negro es la menos potente de la Armada rusa y, no por casualidad, fue tachada por la prensa rusa como "museo naval" o "montón de chatarra". Entre sus reliquias destaca el buque de salvamento "Communa", que fue botado nada menos que en 1913, lo que le convierte en el más antiguo de toda la flota rusa.
El buque insignia es el "Moskvá" (186 metros de eslora y capacidad para casi medio millar de tripulantes), un acorazado que se ha dedicado los últimos meses a patrullar las aguas del Índico en busca de piratas somalíes. Además, la Flota del mar Negro acoge otros dos acorazados (Kerch y Ochakov), un destructor (Smetlivy), dos fragatas (Ladny y Pitivly), dos submarinos diesel y también varios buques antisubmarinos y corbetas. El número de efectivos de la base ronda los 18.000, entre militares y especialistas. En concreto, en Sebastópol se encuentran 32 buques con un edad media de 28 años.
"Si unes la flota rusa y la ucraniana, es 4,5 veces más pequeña que la turca. Si la comparamos con la sexta flota estadounidense que controla el Mediterráneo, es 20 veces más pequeña", aseguró el almirante Vladímir Komoédov, antiguo comandante de la Flota del mar Negro entre 1998 y 2002. El militar ruso considera que la Flota del mar Negro "debería contar con un centenar de buques y 25.000 efectivos".No obstante, el Kremlin se ha propuesto su modernización con el objetivo de recuperar la presencia en el mar Mediterráneo, una salida al Índico y, al mismo tiempo, garantizar la seguridad del South Stream, gasoducto que será tendido a través del mar Negro para suministrar gas centroasiático a los países europeos. Además, la flota sirve de herramienta de disuasión en caso de que a Georgia se le ocurra intentar recuperar por la fuerza las regiones separatistas de Abjasia y Osetia del Sur. De hecho, Moscú ya utilizó sus buques para bloquear los puertos georgianos durante la guerra por el control de Osetia de agosto de 2008. Según la prensa rusa, uno o dos de los portahelicópteros Mistral que Moscú piensa comprar a Francia entrarían a formar parte de la Flota del mar Negro.
Analistas rusos consideran que el Kremlin mató dos pájaros de un tiro al conseguir una prolongación del alquiler de la base. Aducen que la presencia de la Flota rusa en Crimea convierte en imposible los anhelos de ingreso de Ucrania en la OTAN, que no acepta en su seno países con bases extranjeras.
La reacción de la OTAN fue comedida. El secretario general aliado, Anders Rasmussen, afirmó que el acuerdo era un asunto bilateral, al tiempo que subrayó que éste no impediría el ingreso de Ucrania en la OTAN. En cambio, la ex primera ministra Yulia Timoshenko acusó a Yanukóvich de "traición", de violar la Constitución y de "poner en venta" los intereses nacionales a cambio de gas barato. La oposición intentó ayer sabotear con lanzamiento de huevos y a puñetazos la votación de ratificación del acuerdo, pero el partido de Yanukóvich selló la polémica al contar con mayoría parlamentaria.
28/04/10
ATENEA DIGITAL
