La falta de idoneidad de las autoridades ha llevado a la gestión a un estado de deterioro inaudito. La investigación está atravesando su peor momento, los controles se redujeron al mínimo y en la calle hay cada vez más obreros desempleados.
La falta de idoneidad de las autoridades ha llevado a la gestión a un estado de deterioro inaudito. La investigación está atravesando su peor momento, los controles se redujeron al mínimo y en la calle hay cada vez más obreros desempleados.
Cuando el equipo de la Secretaría de Agroindustria tomó funciones el 10 de diciembre del año pasado, todos los actores del sector reconocían en los funcionarios falta de conocimiento, pero nadie quiso exigirles idoneidad; se prefirió darles tiempo para que lograran rodearse de asesores que les permitieran avanzar sobre lo construido. Pero el tiempo pasó y no se rodearon de conocedores ni se conformó un equipo de técnicos; tampoco se aprovechó el optimismo de los primeros días de gobierno para generar los cambios que resultaban imprescindibles. A más de cuatro meses de gestión, la investigación pesquera atraviesa su etapa más oscura y los controles en el principal puerto del país se han limitado hasta el punto de afectar el Certificado de Captura Legal. Por otra parte, la falta de pescado ha dejado en la calle a cientos de obreros sin que nadie intervenga desde el Estado para darles contención.
“Los controladores, el INIDEP y los empresarios son tres partes igual de importantes de la actividad. Debemos trabajar todos con una mirada conjunta para resolver de a uno los problemas que hoy los aquejan y así llevar el sector a donde se merece estar”, afirmó el Secretario de Agroindustria durante su visita a Mar del Plata los primeros días de febrero, acompañado de todo el equipo de la Subsecretaría de Pesca.
En febrero de este año, cuando los recién llegados Ricardo Negri, Tomás Gerpe y Juan Manuel Bosch se mostraban en Mar del Plata como la cara en la pesca del cambio que la sociedad había reclamado en las urnas, hacían promesas y tiraban slogans como los que anteceden a este párrafo. Con el correr de los meses, el discurso no mostró correlato con la realidad y lejos de mejorar, teniendo todo para hacerlo, la administración pesquera comenzó a hundirse en el mar de la ineficiencia.
“Pensamos que las cosas iban a cambiar con el nuevo gobierno, que el Instituto se iba a reactivar, que iban a poner como director a una persona más comprometida con la investigación que tuviera ganas de sacarnos adelante, que los barcos iban a salir de campaña; pero nada de eso pasó, siguen los mismos directivos, algunos ni siquiera están nombrados y los barcos están cada vez más deteriorados”. Así describen los investigadores el estado del INIDEP, casi como si se hubieran puesto de acuerdo, aunque nos consta que no es así; todos hacen la misma lectura de la situación y ven una total falta de conocimiento e interés de aprender por parte de las nuevas autoridades. “No saben y además los asesores que buscaron no son los más idóneos”, dicen en cada despacho.
Las evaluaciones cada día que pasa van empobreciendo sus fuentes de datos. Los provenientes de campañas vienen disminuyendo desde hace un tiempo considerable pero desde hace dos años directamente no existen. La atomización del programa de observadores sirvió para cubrir de forma ineficiente un número mayor de especies: por ejemplo el proyecto merluza apenas llega al 5 por ciento de cobertura de las mareas cuando necesita tener cubierto el 10 por ciento como mínimo para lograr un valor de referencia razonable. Ahora a ello hay que sumarle la disminución de las actas de descarga por una medida de fuerza de los inspectores, volviendo cada vez más inverosímiles los partes de pesca, el otro pilar sobre el que se basa la investigación pesquera.
Ante este escenario, el Director del INIDEP, lejos de lo que había fantaseado el cuerpo de investigadores ante el cambio de autoridades, no se ocupa de gestionar reuniones para dar fin a un ridículo conflicto gremial con sindicatos que no son signatarios de convenio pero que se arrogan la potestad de mantener detenida en el tiempo la investigación pesquera, sino que para despejar la mente decidió que era oportuno tomarse unas buenas vacaciones; total, después de todo, el INIDEP está parado.
Como puede verse el pilar INIDEP sobre el que se apoya en parte la administración pesquera, según palabras de Ricardo Negri, está derruido y lo peor es que no es el único basamento flojo: los controles también se encuentran en su peor momento en años. “Ahora los armadores pueden traer lo que quieran porque nadie los controla, si se quedaron sin cuota de merluza pueden seguir trayendo, total en el parte de pesca ponen lo que se les ocurre porque no hay nadie que lo certifique. No todos hacen trampa, pero algunos están aprovechando y todavía no han ingresado los barcos grandes”, relata un inspector de pesca de Mar del Plata, que por estas horas cumple horario de oficinista en protesta por un reclamo salarial.
Que muchos barcos no presenten actas de descarga no impacta únicamente en la investigación pesquera sino en administración de los recursos, afectando directamente la eficacia del sistema de administración por cuotas, como así también el cumplimiento de reglamentaciones internacionales para la exportación de los productos pesqueros.
El Observatorio de Políticas Públicas dependiente de la Jefatura de Ministros escribía al respecto de la cuotificación en el año 2010: “El buen resultado de un plan de manejo de la pesquería depende de la seriedad de sus investigaciones, del diseño de sus políticas y de las correspondientes medidas de manejo” y “fundamentalmente de la eficiencia con la que estas medidas son implementadas. El monitoreo y fiscalización de la actividad pesquera constituyen mecanismos importantes de control”. “En efecto, –señala– seguimiento, control y vigilancia son elementos indispensables de un proceso eficaz de ordenamiento de pesquerías”.
Los controles que debe realizar un inspector de pesca sirven para contrastar el parte de pesca con el acta de descarga, a fin de constatar que los volúmenes de captura y las especies declaradas son las correctas. Este dato no solo es importante en función de la administración de cuotas sino a la hora de cumplir con la reglamentación internacional imprescindible para el ingreso a los mercados. La ausencia de actas anula el Certificado de Captura Legal (CCL).
Apenas han transcurrido veinte días desde que entró en vigencia, tras una demora de dos meses, y el CCL ya carece de sentido. El acta de descarga es el primer eslabón del certificado; esta información luego se cruza con los datos de monitoreo satelital pero si no hay acta, deberá tomarse por cierta la declaración jurada del capitán respecto de las especies que ha capturado. Hoy el sistema de monitoreo y control pasó a manos de los particulares, careciendo de todo valor en función de la fiscalización.
Reprodujimos al inicio de esta nota las palabras siempre entusiastas del secretario Ricardo Negri: “Los controladores, el INIDEP y los empresarios son tres partes igual de importantes”. Pues bien, las dos primeras podríamos ir tachándolas. En cuanto a la situación del sector empresario más que hablar de rentabilidad deberíamos hablar de las indeseables consecuencias que la falta de ella o de pescado están generando. En lo que va del año varios cientos de trabajadores quedaron en la calle por plantas que directamente cerraron. Ese es hoy el verdadero problema de un sector que nadie atiende.
Las oficinas de la Subsecretaría de Pesca en la Ciudad de Buenos Aires parecen estar lo suficientemente lejos como para que el caldo de cultivo de tensión social que se está generando en el puerto de Mar del Plata no logre siquiera inquietar a sus ocupantes. No ha bajado desde Nación una sola ayuda de carácter social, el tiempo de los subsidios para evitar conflictos mayores quedó en el pasado y hoy los obreros se las arreglan como pueden, quemando gomas en la puerta de una u otra planta para no quedar en la más absoluta miseria.
Ante el escenario que hemos presentado – simplemente la descripción de la situación en el sector pesquero– podemos confirmar, tras cuatro meses de gestión, que comienzan a notarse las consecuencias de la falta de aptitud para ocupar sus cargos de aquellos que están al frente de la cartera. En tan solo 120 días han logrado arrastrar a la administración pesquera a un estado de decadencia que debería generar preocupación en las altas esferas del gobierno, en caso de que allí se sepa que la pesca existe. (Por Karina Fernández; Revista Puerto)
24/04/16
