La cuotificación pesquera, un modelo que fracasó en Europa pero incorporaremos acá

Cristina anuncia hoy la implementación del sistema. Opinión.

Cristina anuncia hoy la implementación del sistema. Opinión.

Pasado el mediodía de hoy, la propia presidente Cristina FK estaría finalmente oficializando la cuotificación de la especie más codiciada en el litoral Atlántico patagónico, la Merluza Hubssi. Superando así las últimas postergaciones para firmar el acuerdo con el Consejo Federal Pesquero, que estaba sufriendo un recambio de representante de la provincia de Bueno Aires, además de terminar con otros ajustes; el subsecretario de Pesca de la Nación, Norberto Yauhar logrará adoptar el polémico modelo y tratará de consensuar con todas las provincias con litoral marítimo, sobre su aplicación y respeto. Sin embargo, pese a la aclamada “previsibilidad” que invocan la empresas, todo indica que el prolongado trámite de aplicación del Artículo 27 de la ley Federal de Pesca, no sólo no garantiza mayor rentabilidad a la actividad sino que además no garantiza tampoco el cuidado del recurso. Mayormente lo que permite, es que las empresas capitalicen las cuotas asignadas y logren vender sus activos con mayor comodidad o condición, trámite sumamente ansiado por varias de las principales firmas extranjeras que operan en la región muchas de ellas, convocadas y gravemente devaluadas.
 
La política del fracaso

Pero nada extraña en esta actividad de tantos vaivenes como es la pesca en Argentina. Incorporamos el arrastre y abrimos los brazos de par en par a las flotas más perversas del planeta, precisamente cuando éstas eran expulsadas de caladeros heridos de muerte de los mares más ricos y diversos. Fomentamos el corporativismo monopólico, desnaturalizamos las cooperativas de trabajo para “negreo” y achique de costos, corrompimos funcionarios para asegurar el sistema, descabezamos los cuadros científicos, falseamos los informes de situación de las principales especies, habilitamos zonas de veda, vedamos zonas de buena pesca, en fin, ya pasamos por el cupo, y entonces ya a nadie extraña ahora que adoptemos el sistema de la bendita cuotificación, que en este preciso momento está revisando y tratando de cambiar Europa por haber sido un retundo fracaso por aquellas experimentadas latitudes.
 
Un incentivo al descarte

De hecho, hace exactamente seis meses Ministros de la Unión Europea (UE) se reunieron en Bruselas (Bélgica) para discutir una reforma radical del régimen que establece cuotas de pesca en aguas europeas.

Precisamente los 27 titulares de Agricultura y Pesca de la UE se reunieron en momentos en que había una fuerte preocupación por el exceso de la actividad pesquera en la región allá por el mes de mayo.

Según la Comisión Europea -el brazo ejecutivo de la Unión-, más del 80 por ciento de las reservas ictícolas de Europa se pescan por encima de lo aconsejado por los científicos, mientras que en el resto del mundo ese porcentaje no supera el 30 por ciento. Y esto pese a las benditas cuotas y límites impuestos.

La actual Política Pesquera Común, que establece cuotas, ha sido ampliamente criticada como un fracaso en la protección de especies como el bacalao. Asimismo, numerosas empresas pesqueras la han responsabilizado de la ruina de sus negocios (tan sólo en el 2006, la UE importó tres veces más pescado de lo que exportó), y gran parte comercializó sus cuotas a grupos que no respetaron consignas, según detalló la BBC.

Uno de los principales problemas que produjeron las cuotas fue precisamente que amplió exponencialmente el descarte, una práctica de la que ya hoy es víctima nuestro caladero.

En esa reunión en la capital belga, los ministros europeos debatieron cambios profundos en las reglas pesqueras y uno de los principales objetivos de la nueva política fue minimizar el descarte, es decir, la cantidad de peces que son arrojados al mar -vivos o muertos- porque se han alcanzado las cuotas de pesca, o para lograr alcanzar la cuota de la especie buscada comercialmente.

Europa adoptó el sistema de cuotas por el año 1983 y lo reformó en 2002. Ahora pretenden descabezar el régimen y establecer uno nuevo de acá a 2012, antes de que sea demasiado. 
 
Los más vivos

Pero como nosotros somos argentinos y más vivos, y la experiencia ajena, no nos interesa ni siquiera como antecedente, allá vamos, a decidir sobre un recurso natural renovable pero muy sentido, por boca de los que verdaderamente sí conocen el negocio.

El capitalismo extremo echa mano de todo lo posible para alimentar el sistema. Primero exportar flotas y apropiarse del recurso ajeno al menor costo y con la menor inversión, o sea con todos los beneficios posibles incluidos sesión de tierras, mano de obra barata, exenciones impositivas, reembolsos, reintegros, y subsidios estatales en épocas de crisis.

Cuando se esquilmó un sitio, los procedimientos de crisis, la venta de flotas y la transferencia de activos a empresas propias pero con nombres fantasías a través de la que se sigue cobrando pero no pagando, parecen ser “desgracias” que deben conmover a las comunidades costeras mendigantes de puestos de trabajo. No faltan el desmantelamiento de estructuras, los achiques “forzosos” y aceptados, la reducción de horas, de turnos, y hasta el entendible proceso de “migración” de alguna firma que ya va anunciando procesar más al norte para mejorar los costos de competitividad, a la que se pretende que miremos como una amiga que dice adiós y no como una empresa con épocas buenas y malas.

Y cuando ya el fisco no se altera ante los gemidos, estrategias como la cuotificación, es un modo más de seguir alimentando el monstruo. Es más o menos como que una minera venda su estructura con lo que tiene explorado y que puede extraer y con lo que no sabe si existe. O una maderera comprometa gran parte del bosque que posee cercano a su zona de influencia, como propio.

Las cuotas de peces que “podrían” pescar y que se les asignan en relación a su estructura, personal y flota, permiten a las empresas incorporarlas como activos. Esto les da “otro” valor ya que pueden ofrecerse a la venta cotizándose doblemente, o armar joint-ventures con cuotas y todo, por ejemplo con empresas extranjeras o de Mar del Plata (cuya flota es costera pero tiene un sistema precarizado de procesamiento donde los beneficios son otros) y terminar falseando el sistema: captura asegurada en el sur, pero con procesamiento desplazado al norte. Para ello solo hace falta un buen discurso, funcionarios que no se pierdan tentadoras innovaciones, y empresarios y cámaras que discutan y discutan, pero al final arreglen.

Si bien la reglamentación de la cuotificación estipularía entre sus cláusulas que todo proyecto de venta y transferencia de cuotas y barcos deberá contar con la aprobación con mayoría especial del Consejo Federal, no es menos cierto que las empresas terminan vendiendo sus activos para levantar sus concursos o para evitar llegar a esas situaciones, tal como lo expresó recientemente un funcionario chubutense. Además de trasladarse el “negocio” de la venta de cuotas “autorizadas” también a la Capital.

Por lo pronto, todo indica que hoy hay que aplaudir, mañana habrá que ver.

17/11/09
DIARIO DE MADRYN

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