La sostenida crecida del Paraná, no por anunciada deja de preocupar: la zona completa está en situación de alerta y ya se ven claramente las primeras consecuencias de la arremetida del río, que está cargado en toda la cuenca.
La sostenida crecida del Paraná, no por anunciada deja de preocupar: la zona completa está en situación de alerta y ya se ven claramente las primeras consecuencias de la arremetida del río, que está cargado en toda la cuenca.
Como todos los días, y a veces dos o tres veces en el mismo día, viene por la uno en su ciclomotor, cruza la ruta como si fuera el patio de su casa -casi lo es: vive y trabaja en Los Cerrillos, uno de los puntos críticos donde el río está al alcance de la mano-, se baja y camina hasta un punto de la costa para sacar un medidor casero: “creció dos centímetros”, nos dice. “Todavía no pasa nada, pero hay que estar atento”, agrega, y se vuelve a su moto y a su casa, que está en un punto cercano e impreciso “por allá”.
Alejandro, que vive al norte del extenso distrito de Arroyo Leyes, aun protegido por el murallón de defensa, teme por las lluvias y por las filtraciones que puedan provocar las napas altas y el terreno saturado y ya se aseguró la compra de una bomba pequeña que le tire cualquier eventual excedente al otro lado, al río que corre a diez metros de su casa.
El agua del Paraná, hinchado en toda la cuenca y con pronóstico de sostenimiento de registros altos por bastante tiempo, preocupa a toda la Costa santafesina y ya se ven -y, sobre todo, se verán- los primeros impactos: la Ruta 1 afectada, la producción afectada, el turismo afectado y la seguridad de bienes y personas amenazada por el progresivo pero firme ascenso del río.

La medición empírica -a ojo- de los lugareños y baqueanos, gente con años y muchas inundaciones encima, es también un medidor de una preocupación genuina: este año el río viene cargado y “afirmado”, no con una de esas crecidas de pocos días en que el agua entra y se va.
Qué dicen las mediciones científicas? Hoy el río estuvo estacionario en un largo trecho, prácticamente todo el Paraná Superior y Medio, desde Corrientes o Barranqueras para abajo hasta Diamante, con los mismos registros de ayer. Pero esos registros son altos y en la mayoría de los casos se ha pasado las marcas del nivel de alerta y se avanza hacia el de evacuación. Paraná y Victoria, por nombrar dos referencias cercanas aunque “del otro lado” -frente a Santa Fe y Rosario respectivamente-, ya están en el corte de “evacuación”. La capital entrerriana, está un centímetro arriba de los 5,70 críticos -escritos en rojo en el parte diario con las alturas del río- y Victoria está medio metro arriba de ese nivel crítico.

Paso de la Patria tiene 6,57, hace 7 centímetros que pasó el alerta y su evacuación es a los 7 metros; Barranqueras está en 6,43, casi medio metro por arriba del alerta y a sólo 7 de la evacuación; Goya, frente a Reconquista, está en 5,54, 34 arriba del alerta y a 16 del punto crítico; Reconquista está a sólo 5 centímetros de la evacuación; Esquina -frente a Alejandra- está en 5,19, 19 más que el alerta y a 21 centímetros de la evacuación; La Paz (que muchos santafesinos toman como una referencia posible para Santa Fe), pasó 5 centímetros el alerta, está en 5,85 y va hacia los 6.15 de la evacuación. Santa Fe midió igual que ayer: 5,37 metros, 7 centímetros más que el alerta y a 33 centímetros de la evacuación…
La parte ganadera, afectada
No hubo ni hay sorpresa: esta crecida del río, en el marco de unos cuantos años sin registros similares, permitió a los productores sacar con tiempo su hacienda de las islas, buena parte de las cuales ya están bajo agua, en tanto se prevé que todo ese sector quede cubierto.
Así que el primer impacto afecta a la producción: pequeños y grandes productores, que utilizan de modo creciente la isla para sus animales (en períodos de río bajo tiene agua, sombra y pasto en un entorno de bienestar que no existe en el mundo) debieron sacarlos y reubicarlos en los campos más altos, que hoy tienen elevada carga animal. Y si bien las lluvias generales permitieron la existencia de pasturas naturales, todos los campos están sobrecargados y si la crecida persiste, como se cree, y se mete en el invierno sin dejar la posibilidad de retorno a la isla, pues, muchos productores estarán en problemas para alimentar sus planteles, o deberán hacerlo con mayores costos.
El dato no es menor en lo económico: buena parte de la endeble estructura económica de la costa está relacionada con el circuito que la ganadería tiene y de ella viven no sólo ganaderos, medieros, peones o veterinarios, sino también el comercio, proveedores, entre otros.
También el turismo
El otro aspecto a considerar tiene que ver con el turismo: no sólo con la capacidad receptiva, que se verá afectada pues habrá cabañas y complejos -o sus accesos- que estarán anegadas, sino también en la ausencia de playas y en la redefinición del calendario de fiestas costeras, que suelen atraer gente -y fondos- de afuera.
Los balnearios de todas las localidades costeras están afectados por la crecida y en algunos casos se analiza la suspensión de las fiestas que se celebran en enero y febrero en todo el corredor y en otros casos, habrá readecuaciones. Baste mencionar que los organizadores de la emblemática Fiesta del Sol de Romang, que habitualmente congrega a miles de personas a lo largo de tres días, resolvieron concentrarla en una sola jornada, el sábado 16, y con obligado cambio de escenario -el camping está inundado- con un escenario especialmente montado sobre la calle principal.
Las plazas hoteleras de un circuito que tuvo en los últimos años su despegue -con alrededor de 2.000 camas-, este año verá drásticamente reducida su oferta, pues muchos complejos y cabañas tienen el camino de acceso cortado o bien están o estarán en breve inundados. Estarán vigentes, sí, y quizás con demanda plena, aquellos complejos en zonas altas y con piletas en sus predios. Pero también el turismo se verá afectado y es una fuente de ingresos importante para la costa.
Evacuaciones
Pero la primera preocupación está relacionada con el río mismo y con la inundación de los terrenos más bajos, donde igualmente hay casas y familias enteras que o se autoevacuan o deben ser asistidas y contenidas.
En general la costa tiene “experiencia” en la materia y todas las comunas tienen alguna forma de asistencia y contención para esas personas, pero se hace evidente también que el gobierno provincial deberá reforzar su presencia en todo el corredor costero.
Otro tema tiene que ver con las plantas urbanas: con el río en etapa de alerta, se cierran los desagües y se sellan tanto como se puede las defensas y en consecuencia el sitio queda a merced de las lluvias convectivas, que se hicieron típicas en la región y que hacen que toda una localidad dependa de las bombas extractoras. Con el río alto, y la posibilidad concreta de grandes lluvias, la emergencia se potencia.
Todos los municipios hicieron y hacen tarea de aprestamiento relacionadas con el desagote del agua, con el refuerzo de defensas y con el monitoreo constante del río y de los sectores más vulnerables.
Pero el río está ya aquí, llenado el valle que fue y es “suyo”, aunque los hombres lo olvidemos. Y los próximos días, en que se espera el pico, serán realmente como lo estipulan las marcas, de “alerta”.
04/01/10
EL LITORAL

