Más de 30 buques amarrados con 2.400 toneladas de pescado podrido en sus bodegas. Casi 600 obreros del pescado en la calle, luchando por un mínimo garantizado de 980 pesos y la registración laboral. Armadores intentando sacar el pescado por la playa. Inactividad total de los estibadores. Desequilibrio en el normal desarrollo de una de las principales actividades económicas de la ciudad, en el principal puerto pesquero del país.
Más de 30 buques amarrados con 2.400 toneladas de pescado podrido en sus bodegas. Casi 600 obreros del pescado en la calle, luchando por un mínimo garantizado de 980 pesos y la registración laboral. Armadores intentando sacar el pescado por la playa. Inactividad total de los estibadores. Desequilibrio en el normal desarrollo de una de las principales actividades económicas de la ciudad, en el principal puerto pesquero del país.
(Mar del Plata-Roberto Garrone) En resumen, una crisis social, política y económica que cruza la estación marítima local y que tiene un solo responsable. La empresa pesquera Valastro, liderada por Alberto Valastro, accionista mayoritario de la empresa Giorno, que cuenta con casi una docena de buques, fresqueros y congeladores, con más de 200 obreros efectivos y 570 trabajadores pertenecientes a 8 cooperativas a los que les provee materia prima desde hace años.
La merluza no es precisamente lo que sobra en este puerto. Empresas del nivel de Valastro, como Moscuzza y Solimeno, tienen muchos cuestionamientos, pero no perdieron de vista nunca las necesidades de sus trabajadores y casi siempre las mantuvieron ocupadas. Ellas dos también tercerizan la mano de obra en cooperativas,
Mirta Canossa es una de las obreras de la cooperativa “San Jorge”, o “Valastro Uno”, como la llaman dentro de la estructura de Giorno. Ubicada en Hernandarias 4040 la planta es la única cuyo dueño es Valastro, las otras siete del conflicto laboral alquilan su planta. “San Jorge” es la única también que está habilitada para exportar a CCE. En esa planta Mirta corta, o cortaba, H&G de merluza y abadejo.
A los 52 años, madre de tres hijos y abuela de 5 nietos, Mirta se siente usada y lucha por lo que cree justo. Le pide a sus compañeros que no tengan miedo y solicita un Juez para contarle todas sus penurias, confiada en que la van a ayudar.
En la primera quincena de julio cobró 35 pesos, a razón de 15 centavos por kilo de merluza. Las dos veces que fue a trabajar acumuló 40 minutos de fileteado. Y la convocaron a trabajar a las 3 de la mañana. Su historia se repite muchas veces en la rueda humana en torno a los fogones del bloqueo que frenan el frío.
Por eso estalló el conflicto en el puerto local. Porque Alberto Valastro priorizó la captura de langostino en aguas nacionales por sobre las necesidades de los obreros marplatenses y al dejar de pescar merluza los condenó a la falta de trabajo. Ese es el pensamiento que domina a todos los actores que trabajan para solucionar el conflicto que trasciende al empresario marplatense, quien está vacacionando en la Costa Azul.
Mariano Pérez, presidente de CAIPA, la empresa que tiene a Valastro como socio, reconoce por lo bajo la “equivocación” del empresario y debe contener como puede las presiones del poder político, legislativo, judicial y hasta de los propios armadores que no pueden comprender tanta falta de reflejos para controlar la situación.
Al cierre de esta edición y pese a muchas amenazas, la Prefectura se negaba a reprimir a los trabajadores. Con el aval político al reclamo quedaba todavía un camino largo que resolver: cómo hacer para que el grupo Valastro asuma la responsabilidad social que le cabe, cuando en estos últimos 15 años hizo culto de todo, menos de su deber social como empresa. Y más cuando captura, procesa y comercializa recursos pesqueros que son de todos los argentinos.
30/07/07
PESCA & PUERTOS
