La ciencia gallega diseña un plan para lograr el «residuo cero» en la pesca

Trasladará a las firmas la tecnología para hacer gelatina con la piel de pescado o aceite con hígado de tiburón. La reducción de descartes podría evitar desequilibrios ecológicos y la proliferación de parásitos como el anisakis.

Trasladará a las firmas la tecnología para hacer gelatina con la piel de pescado o aceite con hígado de tiburón. La reducción de descartes podría evitar desequilibrios ecológicos y la proliferación de parásitos como el anisakis.

La ciencia gallega ha abrazado sin ambages la política de residuo cero que persigue para la pesca la Unión Europea (UE), y se ha volcado de lleno en la búsqueda de estrategias para evitar que las flotas devuelvan al mar sus desechos, ya sean

– las capturas accidentales,
– las vísceras u
– otros desperdicios fruto del tratamiento del pescado a bordo.

Para acabar con ese lanzamiento de despojos por la borda -y por ende evitar desequilibrios ecológicos y la proliferación de parásitos, como el anisakis-, los científicos, por una parte, han elaborado un manual de buenas prácticas pesqueras, que ayer presentaron a representantes de la industria en el marco de la feria Conxemar, que se celebró en Vigo. Y, por otra, proponen transformar los descartes en productos de valor comercial para la industria alimentaria y cosmética.

En este último campo se inscribe el proyecto europeo Be-fair, que coordina un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) -y en el que participan la Fundación Cetmar, dos institutos de investigación de Francia y Portugal, industrias transformadoras y el Puerto de Vigo- y que está ya en disposición de trasladar a las empresas la tecnología necesaria para que puedan poner en valor esos residuos.

No es novedad

– que de la piel de pescado puede salir gelatina,
– que del hígado del tiburón se saca aceite,
– que las vísceras son aprovechables para harina, ni
– que de los residuos marinos aún pueden extraerse otros complejos enzimáticos con aplicaciones en la industria alimentaria y cosmética.

Ya existe la tecnología necesaria para hacerlo. De lo que se trata ahora es de trasladar esos ingenios a la industria para que ésta pueda compensar el coste de ocupar sus bodegas con especies de bajo valor comercial y de almacenar sus residuos.

«Éste es esencialmente un proyecto de transferencia de tecnología», expuso Antonio Álvarez, investigador del Instituto de Investigaciones Mariñas de Vigo, que comentó que ya se están construyendo prototipos a pequeña escala, que se combinan con simulaciones por ordenador para emular el funcionamiento de una planta industrial. «Eso permite estimar tanto los costes como los resultados, una herramienta útil para plantearse la viabilidad del negocio y hacer el estudio de mercado», señala Álvarez.

05/10/07
LA VOZ DE GALICIA

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