Asociación en el área de energía, relaciones bilaterales y Mercosur, reforma del sistema financiero mundial y seguridad internacional son los temas que estarán seguramente en la agenda de las conversaciones entre el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y su par de Brasil, Dilma Rousseff.
Asociación en el área de energía, relaciones bilaterales y Mercosur, reforma del sistema financiero mundial y seguridad internacional son los temas que estarán seguramente en la agenda de las conversaciones entre el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y su par de Brasil, Dilma Rousseff.
Obama confirmó, la noche del martes, que viajará en marzo a Brasil, en la misma época en que estaba prevista la llegada de Rousseff a Washington -la segunda quincena del mes-. Según fuentes del gobierno brasileño, la visita del presidente estadounidense reforzará el papel de Brasil como principal aliado en América latina.
Además, Obama corregirá una laguna diplomática: después de asumir con un discurso que prometía valorizar la región, el demócrata jamás visitó Brasil en sus tres años de mandato. Su antecesor, George W. Bush, viajó dos veces en los ocho años del ex presidente Lula da Silva.
Obama tenía previsto visitar Brasil en agosto de 2010, pero la incompatibilidad en las agendas presidenciales impidió el encuentro. Lula estableció en el segundo semestre del año pasado una intensa agenda de viajes por el país e inauguraciones de obras para apuntalar la candidatura de Rousseff.
Al día siguiente de su victoria en segundo turno, la presidenta recibió una llamada telefónica de Obama, que la felicitó por la elección y la invitó a visitar Estados Unidos antes de asumir, el 1 de enero. Pero en función de su agenda interna, Rousseff optó por permanecer en Brasil.
Brasil y Estados Unidos poseen una agenda común en el sector energético. Además de la posibilidad de asociaciones entre empresas brasileñas y estadounidenses para la exploración de petróleo en la camada pre-sal, los países son los más grandes productores de biocombustibles del mundo.
Sin embargo, el poderío de ambos en ese sector, se transformó en un embate comercial: Brasil cuestionó en la Organización Mundial de Comercio (OMC) los subsidios al etanol de maíz concedidos por el gobierno demócrata. Por otro lado, los dos gobiernos negocian para incluir el etanol en la categoría de commodities.
Otro asunto que estará presente en la agenda será la reforma del sistema financiero internacional, bastante criticado por Lula, quién se quejaba de que los países ricos no impusieran límites al sector y arrastraran a los demás a una recesión mundial.
Negociaciones militares y seguridad internacional también componen la agenda estadounidense. El gobierno de Obama quiere convencer a Rousseff de adquirir para la Fuerza Aérea Brasileña (FAB) los cazas F-18 de Boeing, en un negocio estimado en R$ 20.000 millones, prometiendo inclusive transferencia completa de tecnología. Rousseff avisó que no tiene prisa para decidir que aeronave comprará Brasil. Durante el gobierno de Lula, los franceses de Dassault, fabricante del Rafale, eran los favoritos, pero la presidenta brasileña anunció que evaluará mejor las propuestas presentadas -además de los franceses y estadounidenses, están interesados los suecos de Saab, que fabrica el Gripen-.
Finalmente, la defensa intransigente de los derechos humanos aproximará a los dos gobernantes. La Casa Blanca se mostró satisfecha de la entrevista que dio Rousseff al Washington Post, en la que se colocó contra la pena de muerte impuesta a la iraní Sakineh Astiani. Los estadounidenses siempre criticaron la posición de Lula, que privilegió las relaciones comerciales con Irán. Ambos países tampoco coinciden sobre el programa nuclear iraní -la comunidad internacional lo ve como un camino para la construcción de la bomba atómica, mientras Lula consideraba que desarrollar el programa nuclear es un derecho de los iraníes, siempre que tenga fines pacíficos.
Por Paulo de Tarso Lyra
27/01/11
CRONISTA.COM
