Inundaciones y políticas de Estado

Los dramas derivados de inclemencias climáticas habitualmente previsibles podrían ser evitados con acciones ajenas a las disputas partidarias.

Los dramas derivados de inclemencias climáticas habitualmente previsibles podrían ser evitados con acciones ajenas a las disputas partidarias.


La sudestada y las intensas precipitaciones registradas en las últimas horas provocaron inundaciones en la zona ribereña, que obligaron a evacuaciones y dejaron anegadas varias zonas costeras, desde Tigre hasta Berisso y Ensenada. Cualquier episodio de esta naturaleza debe convertirse en una oportunidad para replantear y mejorar las políticas tendientes a prevenir esta clase de desastres y evitar consecuencias indeseadas.


Esta vez, la ciudad de Buenos Aires fue la excepción. No se puede decir que los temores de los porteños, acostumbrados a lidiar con inundaciones periódicas en distintos barrios, se hayan terminado. De hecho, las propias autoridades admiten que si se presentaran precipitaciones extraordinarias que superasen los 50 milímetros en un lapso de 30 minutos, se seguirían provocando desbordes que anegarían a algunas zonas.


Pero es cierto que con la construcción de los túneles aliviadores del arroyo Maldonado y la realización de otras obras hídricas para los arroyos Vega y Medrano o para la cuenca La Boca-Barracas, el riesgo de inundaciones ha disminuido de manera importante.


Históricamente, las deficiencias del sistema hídrico en la ciudad de Buenos Aires se relacionaron con una inadecuada capacidad de la red de desagües por la falta de inversiones a lo largo de décadas; el veloz crecimiento demográfico y de las construcciones, además de la disminución de la capacidad de retención del suelo por pavimentaciones, modificaciones de los terrenos y reducción de los espacios verdes.


Lamentablemente, la mayor cantidad de residuos domiciliarios y la insuficiente concientización de no pocos vecinos porteños sobre la necesidad de cumplir las normas ambientales al respecto continúa siendo un problema, que requerirá de más intensas campañas de educación.


Si las tristes imágenes de vecinos porteños caminando con el agua hasta la cintura tras una tormenta quedarán en el pasado, se debe no a un gobierno, sino a la continuidad de una política de Estado seguida a lo largo de varias gestiones gubernamentales. El hecho de que el actual jefe de gobierno, Mauricio Macri, haya estado acompañado por sus predecesores Jorge Telerman, Aníbal Ibarra y Enrique Olivera durante la inauguración del primer túnel aliviador del arroyo Maldonado, producida el año pasado, es todo un dato al respecto.


La búsqueda de consensos y de soluciones integrales al problema de las inundaciones debería ser encarada con urgencia, dejando de lado toda disputa partidaria. Gobernadores, intendentes y el gobierno nacional, aportando el necesario apoyo para la obtención de financiamiento local o internacional orientado a obras de infraestructura hídrica, deberían actuar en conjunto para evitar la repetición de tristes sucesos, como los ocurridos en estos días en determinadas zonas de Quilmes, donde muchas familias perdieron todo lo que tenían.


Lo mismo vale para las zonas rurales afectadas desde hace semanas por inundaciones que alcanzaron a casi un tercio de la provincia de Buenos Aires, donde se espera la finalización del viejo plan maestro del río Salado.


Sólo con políticas de Estado se evitará que periódicamente se repitan los dramas derivados de inclemencias climáticas habitualmente previsibles.


21/09/12


LA NACION

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