Intimidades de la vida cotidiana con 60 grados bajo cero

Intimidades de la vida cotidiana con 60 grados bajo cero

Hay 63 argentinos que hoy enfrentan jornadas de sólo seis horas de una tenue luz solar y vientos que llevan la sensación térmica a condiciones inhumanas.

Hay 63 argentinos que hoy enfrentan jornadas de sólo seis horas de una tenue luz solar y vientos que llevan la sensación térmica a condiciones inhumanas.

“En este momento, la temperatura es de -29 grados centígrados, pero el viento lleva la sensación térmica a los -60”. La voz del otro lado de la línea suena muy cercana, pero difícilmente se pueda estar más lejos si se piensa en sus condiciones de vida. El que habla es Christian Colman, un vicecomodoro de la Armada que ejerce la jefatura de la base Marambio, en la Antártida Argentina.

Como pocos, las 63 personas que hoy se encuentran allí representan a quienes pueden jactarse de “hacer patria”. Habló con Hoy ayer al mediodía, apenas dos horas después del amanecer, en medio de una jornada despejada en la que el sol apenas alcanzaba para derramar una tenue luz.

Es una tregua en una noche casi eterna, en la que la tolerancia para lograr una buena convivencia se tensa a límites insospechados en suelo continental. “Acá, yo soy el jefe, pero son necesarias algunas flexibilizaciones, porque somos pocos y todos hacemos todo”.

El amanecer no es el amanecer. Cuando cerca de la siete de la mañana comienza la actividad en la intimidad de los dormitorios, la noche cerrada ni siquiera no amenaza con romperse.

Tampoco cuando, a las ocho en punto, todos se sientan a desayunar. Ni cuando algunas horas más tarde se ingresa en el horario laboral.

“¿Cómo es una jornada acá?”, se repregunta a la distancia Colman. “Después del desayuno hacemos una presentación en la que se distribuyen las tareas diarias”. Hay una serie de trabajos que son esenciales para la vida en la base, y se reparten entre el personal de forma rotativa.

Producir agua y energía eléctrica, mantener las instalaciones con tareas de carpintería y herrería, preservar en condiciones la pista de aterrizaje (la más importante en la península), despejar de hielo y la nieve de los caminos, hacer la clasificación de los residuos, realizar las tareas de meteorología y estar a cargo de las comunicaciones, son las más importantes.

Lejanas quedaron las jornadas de verano en que la actividad se realizaba en turnos de 24 horas. Alrededor de las 14, cuando el grupo hace un alto para almorzar, concluye la primera etapa. Después, hasta las 17, se realizan algunas tareas en el interior del base.

Desde esa hora, en la que ya es noche cerrada, y hasta la cena, los antárticos quedan liberados. “Por suerte estamos equipados para eso también”, dice Colman. Están quienes aprovechan para conectarse vía internet con sus familias, quienes recurren a la sala de juegos, o aquellos que prefieren ir a ejercitarse en el gimnasio de aparatos.

Es difícil que después de nueve meses el grupo no sienta que es una gran familia. Por eso no faltan los festejos en días especiales. Aunque todos extrañan el continente, también sienten que en ese confín del mundo dejarán parte de su ser.

29/07/07
HOY

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