Indonesia reprime constantemente -con mano extremadamente dura- la pesca ilegal en sus aguas marítimas. Su peculiar Ministro de Asuntos Marítimos y Pesca, la Sra. Susi Pudjiastuti, está absolutamente decidida a proteger con toda firmeza a los pescadores nacionales y a no permitir que se atente impunemente contra el recurso, disminuyendo la cantidad y calidad de los peces que se capturan en su jurisdicción en violación de las leyes locales y del derecho internacional. Y sus acciones ciertamente dan testimonio de que no se queda sólo en palabras o en amenazas.
Indonesia reprime constantemente -con mano extremadamente dura- la pesca ilegal en sus aguas marítimas. Su peculiar Ministro de Asuntos Marítimos y Pesca, la Sra. Susi Pudjiastuti, está absolutamente decidida a proteger con toda firmeza a los pescadores nacionales y a no permitir que se atente impunemente contra el recurso, disminuyendo la cantidad y calidad de los peces que se capturan en su jurisdicción en violación de las leyes locales y del derecho internacional. Y sus acciones ciertamente dan testimonio de que no se queda sólo en palabras o en amenazas.
Indonesia calcula que la pesca ilegal le cuesta al país unos 20 billones de dólares por año. Desde que la ministro Pudjiasuti se hizo cargo de su cartera, en el 2014, esto es en los últimos dos años, Indonesia ha destruido -durante o luego de su captura- a nada menos que 170 buques de pesca extranjeros que trabajaban ilegalmente en los mares que rodean al país. El sector pesquero representa un 2,5% del PBI del país.
En paralelo, Indonesia está estimulando que los buques de su flota nacional de pesca sean construidos en los astilleros de Indonesia.
Con estas medidas, el sector pesquero ha crecido saludablemente (un 8,4%) en el 2015, luego de un crecimiento del 7,4% en el 2014.
Hay sin embargo quienes argumentan que las acciones de la ministro no son sino expresiones de proteccionismo. Apenas eso.
Además, las acciones de destrucción de buques intrusos han generado (como cabía suponer) una serie de incidentes diplomáticos con las países desde donde provenían los buques destruidos o hundidos.
Como era también de suponer, la ministro, que proviene del propio sector pesquero local, recibe el apoyo de prácticamente toda la actividad, que naturalmente se siente muy tenida en cuenta y protegida por las medidas del gobierno que, por lo demás, han derivado ya en una mejora sensible de sus niveles de captura.
Se puede, queda visto, ser duro y justo, a la vez. También es posible ser duro, sin arrogancia y con disposición a explicar las razones de cada procedimiento empleado en defensa de la ley y en la protección al sector pesquero local.
Las autoridades de Indonesia acaban de detener (pescando ilegalmente en sus aguas) a un pesquero chino que estaba requerido por Interpol por haber pescado en la Argentina, también ilegalmente. La nave está en la base naval de Belawan. En su tripulación encontraron a un marinero con una pierna herida por disparos de las autoridades de nuestro país en marzo pasado.
Esto demuestra que hay que concertar la acción con países que, como la Argentina, sufren la depredación ilegal de sus recursos ictícolas.
Y hablar muy seriamente con China, que no puede “mirar para otro lado” cuando los buques que enarbolan su bandera violan las leyes internacionales. Particularmente cuando lo hacen serialmente. (Por Emilio J. Cárdenas; La Nueva)
06/05/16
