Impulsar construcción naval, bueno para México

En los últimos cinco años, México adquirió embarcaciones nuevas por unos 5 mil millones de dólares. Prácticamente todas ellas fueron adquiridas en astilleros internacionales, es decir, ayudaron a crear fuentes de trabajo y generar riqueza allende nuestras fronteras.

En los últimos cinco años, México adquirió embarcaciones nuevas por unos 5 mil millones de dólares. Prácticamente todas ellas fueron adquiridas en astilleros internacionales, es decir, ayudaron a crear fuentes de trabajo y generar riqueza allende nuestras fronteras.

En los próximos años, se calcula que las inversiones en este renglón serán mayores por el crecimiento de las actividades petroleras costa afuera que tendrá Petróleos Mexicanos (PEMEX), tanto en la Sonda de Campeche como en la región marina noreste, frente a Tamaulipas, donde iniciará la exploración en aguas profundas.

Adicionalmente, el país necesita impulsar más el desarrollo de rutas de cabotaje marítimo y de short-sea-shipping (rutas internacionales cortas) que coadyuven a seguir reduciendo los costos logísticos del país, generando nuevas y mejores opciones para el comercio interior y exterior. Y las actividades pesqueras. Nada más los pescadores de atún, han hecho órdenes de construcción de nuevos buques por más de 200 millones de dólares recientemente.

Por eso, el nuevo presidente de la Cámara Mexicana de la Industria Marítima (Cameintram), Juan Pablo Vega, ha propuesto que México debe aprovechar esta área de oportunidad para reactivar la construcción de buques y con ello a los astilleros nacionales.

Una de sus principales acciones al frente del organismo será promover ante las instancias debidas la construcción nacional de buques como una alternativa para la generación de fuentes de empleo que el país tanto necesita y la generación de riqueza.

Estamos de acuerdo con la propuesta. Los astilleros del país en Veracruz, Mazatlán, Tampico, Salina Cruz, Guaymas y Ensenada han sobrevivido en los últimos 25 a 30 años de actividades de reparación de buques o de la fabricación de estructuras industriales, pero no de la construcción naval.

Las últimas embarcaciones importantes hechas en México, de 44 mil toneladas de peso muerto, se construyeron en la administración del ex presidente José López Portillo.

Para recuperar esta actividad, necesitaríamos implementar una política pública que le dé un impulso a esta industria. PEMEX anunció a finales de la pasada administración el interés de construir un cierto número de remolcadores en nuestro país de un total de 131 embarcaciones que sus actividades demandarán, pero hasta la fecha esto no se ha dado.

La actividad petrolera es la principal usuaria de servicios de transporte marítimo, por eso esta industria bien podría ser el detonador para su reactivación.

Es cierto que, al principio, los astilleros nacionales requerirían firmar alianzas estratégicas con socios tecnólogos, mientras desarrollan su propio know how y su cadena de proveedores que después les permitan navegar con sus propias velas.

Tenemos muchas ventajas que debemos aprovechar. La ubicación geográfica, nuestros vastos litorales, los recintos fiscalizados estratégicos que nos permitirían importar partes libres de impuestos para después exportar embarcaciones terminadas, por ejemplo.

Si en esta administración queremos darle impulso a la creación de empleos, la construcción naval es una alternativa buena por los trabajos directos e indirectos que se generan. Hoy, México es un importante actor en la producción automotriz, aérea y ferroviaria, pero en materia naval prácticamente no existe. Ya es hora de que también aquí el papel mexicano sea más relevante.

Por Osiel Cruz

05/04/13

T21

 

 

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