Gula en los puertos de Brasil, hambre en los de Buenos Aires

Brasil está en boca de todos. En materia portuaria está cambiando el marco regulatorio y abriéndose al sector privado, al que apalanca con una abrumadora inversión pública de US$ 26.800 millones, hasta 2017, para el desarrollo de puertos, según anunció la presidenta Dilma Rousseff al lanzar el Programa de Inversión en Logística, en diciembre último.

Brasil está en boca de todos. En materia portuaria está cambiando el marco regulatorio y abriéndose al sector privado, al que apalanca con una abrumadora inversión pública de US$ 26.800 millones, hasta 2017, para el desarrollo de puertos, según anunció la presidenta Dilma Rousseff al lanzar el Programa de Inversión en Logística, en diciembre último.

Nada que ver con los latiguillos brasileños de “grandeza” y “progreso”. En Santos, el tiempo promedio para cargar maíz en un buque es de casi 19 días, de los cuales 16 son de espera inoperante, según advirtió el Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior. Las colas de camiones llegan a 30 kilómetros y China suspende las compras por los atrasos en las entregas. Esto, y no los argumentos folklóricos, motiva las políticas ciclópeas brasileñas de inversión en infraestructura: están atrasados, no dan abasto y encima enfrentan una cosecha récord.

En términos gastronómicos, la gula amenaza a Brasil con atragantarse. En cambio, en Buenos Aires, “el hambre” de cargas recuerda la antropofagia del cuento de Manuel Mujica Lainez.

Los puertos de Exolgan y Tecplata (en construcción) fueron objeto de denuncias de organizaciones ambientalistas por el impacto que generan las obras de ampliación de bocas y dragados de los canales de acceso, necesarias (como en cualquier puerto del mundo) para adecuarse al tamaño que la industria naviera le impone a los servicios que llegan a estos muelles. A Exolgan la Justicia le ordenó detener las obras de dragado; en el caso de Tecplata, se denegó el pedido de una cautelar para frenarlas.

En ambos casos coincide entre los demandantes la Fundación Agronegocios y Agroalimentos, presidida por los ingenieros agrónomos Gustavo Mozeris y Hugo Cetrángolo, asiduos disertantes en congresos agropecuarios y autores de obras como la Caracterización del complejo oleaginoso de Buenos Aires. La Fundación tomó estado público con las denuncias por movimientos de metales pesados en el Riachuelo (Exolgan) y daños en la flora por el volcado del refulado en las islas Paulino y Santiago (Tecplata).

En Puerto Nuevo no hay respuesta sobre las propuestas de inversión para la ampliación de las terminales, que reclaman mayor tiempo de concesión para amortizar los montos desembolsados. Si la importancia de los temas en la agenda del Gobierno es directamente proporcional a la cantidad de apariciones mediáticas, el puerto de Buenos Aires está bien abajo. Sólo 3 comunicados de 140 (entre 2011 y 2013) hablan de las terminales: la extensión por tres años a Bactssa, el retorno el tren de cargas a TRP y la llegada del Maersk La Paz, de 7450 TEU, a Terminal 4.

La canibalización entre las terminales, un riesgo evitable, se acerca..

Por Emiliano Galli

02/04/13

LA NACION

 

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