Los distintos estamentos de la producción primaria sienten los efectos de una crisis de la que las retenciones móviles sólo representan su arista más visible y mediática.
Los distintos estamentos de la producción primaria sienten los efectos de una crisis de la que las retenciones móviles sólo representan su arista más visible y mediática.
"Tarde o temprano los productores deberán vender", es una de las especulaciones más frecuentes entre los acopiadores de granos.
La frase tiene que ver con el contexto internacional que demanda alimentos afanosamente, un mercado que en la Argentina creció más en divisas que en volúmenes.
"En Córdoba se guardó 40%-60% de la cosecha gruesa y fina. Acá, entre los silos-bolsa y los campos, hay no menos de cinco millones de toneladas", informó el gerente de la Sociedad de Acopiadores de Granos provincial, Juan Carlos Giraudo.
Pese a las palabras, la semana que pasó estuvo signada por las dudas: casi no hubo negocios a futuro y los granos vendidos apenas sirvieron para cumplir con los negocios pactados.
En lo que va de julio, sólo 1.500 toneladas de trigo pan se subieron a uno de los 122 barcos que amarraron en las distintas terminales portuarias, cuando los compromisos externos asumidos son por más de siete millones de toneladas.
Nuestro país sigue considerado entre los cinco principales productores cerealeros del mundo que, según el último informe del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, tiene una demanda anual de 2.164 millones de toneladas.
La crisis alimentaria internacional también golpeó a la pesca, que mundialmente da trabajo a 42 millones de personas. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación –FAO, por su sigla en inglés– acaba de pronosticar riesgos para los recursos ictícolas debido al cambio climático.
El organismo alertó sobre importantes modificaciones en cuatro aspectos:
* El metabolismo.
* La productividad.
* La reproducción.
* Los flujos migratorios.
Un ejemplo argentino es la ballena franca del sur que llega a la península de Valdés (Chubut) cada vez más temprano y ahora come su alimento –el krill– en mayo cuando antes lo hacía en octubre, lo que repercute en toda la cadena alimentaria oceánica.
Consecuentemente, y por el faltante de algunas especies, se exportaron menos productos pesqueros –540 mil toneladas– a España, Italia y el Brasil.
Más: con la "carpa verde" instalada frente al Congreso, los productores al costado de las rutas y la posibilidad de aprobar una ley de retenciones móviles que perjudicará a más de cien mil productores medianos y pequeños, también se supo que las compensaciones no serían tales.
Por la base de cálculo utilizada, distintos economistas descubrieron que el mecanismo terminará por reintegrar menos. Si las retenciones fueran del 30% y al precio FOB el productor de hasta 300 toneladas debería cobrar 392 dólares por tonelada, con el sistema oficial recibirá 341 dólares. Traducido: pagaría 38,8% de derechos de exportación en vez de 30%.
Por las dudas, el senador nacional Roberto Ríos (Frente para la Victoria-Corrientes) prometió que el gobierno eliminará esa resolución cuando se aprueben las retenciones móviles.
Como si fuera poco, mientras aumentan los insumos –fertilizantes, herbicidas, semillas y gasoil–, el transporte, las labores agrícolas y otros costos internos, el productor retenido y mal compensado recibirá un precio irreal, muy lejos de lo que paga el mundo por las materias primas.
En la plaza rural-inmobiliaria se habla de una paciente apuesta a esperar que baje el valor de la tierra y suba la concentración en arrendamientos y compra de hectáreas.
El proceso tuvo un patrón de seguimiento: primero se ofrecieron alquileres por sólo un año, luego descendieron los valores 30% –de 15 quintales la hectárea a 10, por ejemplo–, pero no es suficiente porque los márgenes de ganancia son casi inexistentes.
Algunos ya hablan de colocar los campos a porcentaje porque los tiempos de un dólar agrario conveniente pasaron y la soja ya no es medida de certidumbre.
Matilde Fierro/NA
14/07/08
LA NUEVA PROVINCIA – BAHÍA BLANCA
