Gobierno se impone en el cambio de guardia en la minera Vale (Brasil)

El cambio en la dirección de una empresa privada no debería ser considerado una cuestión política que requiera la participación activa del gobierno del país en que esa empresa actúa.

El cambio en la dirección de una empresa privada no debería ser considerado una cuestión política que requiera la participación activa del gobierno del país en que esa empresa actúa.

Pero cuando esa compañía es un gigante mundial de las dimensiones de la compañía de minería Vale, la mayor empresa privada del país y su mayor exportadora, los criterios deben adecuarse a esa realidad.

Especialmente cuando el estado, directamente a través de su banco de fomento e indirectamente por medio de los fondos de pensión de compañías estatales, es dueño o controla la mayoría de las acciones de esa empresa.

Durante los últimos diez años Vale fue presidida, según algunos de forma casi autocrática, por Roger Agnelli, ejecutivo que hizo su carrera en el banco Bradesco, principal accionista privado de la compañía minera.

La "era Agnelli" se caracterizó por dos ejes centrales: la diversificación, de modo que la empresa no dependiese tanto del hierro (es la mayor productora mundial) y la internacionalización, que la hizo presente en 38 países.

La empresa que nació (en 1942) como una empresa estatal que explotaba hierro en Minas Gerais es dueña ahora de minas de potasio en Argentina, de fosfatos en Perú, de níquel, cobre y cobalto en Canadá, de carbón en Mozambique, de cobre en Zambia y níquel en Indonesia.

Además, lleva adelante en Guinea el mayor proyecto africano de explotación de hierro integrada a una fuerte infraestructura de transportes,y está montando centros de distribución regional en Omán y Malasia.

Algunos números dan una idea más precisa del significado de la "era Agnelli": las ganancias líquidas pasaron de 1.300 millones de dólares en 2001 a 17.300 millones en 2010; las inversiones, de 1.500 a 19.400 millones de dólares.

Las exportaciones de la empresa saltaron de 3.300 a 29.000 millones de dólares, mientras su valor de mercado pasó de 9.200 millones a 176.300 millones de dólares, y el número de empleados creció de menos de 30.000 a los 119.000 actuales.

La producción de hierro, que sigue siendo su principal producto, era de 134,3 millones de toneladas en 2001 y el año pasado llegó a 297 millones de toneladas.

Ese crecimiento vertiginoso consolidó la posición del ejecutivo al frente de Vale: al fin y al cabo, ¿a qué inversionista puede desagradarle que en una década sus acciones tengan una valorización de 592 por ciento"

Pero en 2008 Agnelli chocó de frente con el entonces presidente Luiz Inácio Lula da Silva. A mediados de aquel año, Vale anunció la construcción de 12 grandes navíos en China, cuando el gobierno trataba de fortalecer la industria naval nacional.

Pocos meses después, Agnelli decidió despedir cerca de 1.300 empleados y dar vacaciones colectivas a otros 5.500, debido a los reflejos de la crisis internacional, cuando el gobierno se esforzaba por mantener el empleo y los niveles de consumo.

En un plano más estratégico, Lula quería que Vale jugase un papel mucho más activo en la creación de siderúrgicas nacionales, para agregar valor a las exportaciones del país, pero Agnelli alegaba haber oferta excesiva de acero en el mercado internacional.

Para empeorar las cosas, una reestructuración de la empresa en 2009 resultó en el despido de Demian Fiocca, director de Gestión, que había sido presidente del banco estatal de fomento (BNDES) y era muy allegado al ministro de Hacienda, Guido Mantega.

A partir de entonces, el destino de Roger Agnelli parecía sellado, debido al poder del gobierno en la dirección de Vale.

La propiedad de la empresa es algo bastante complejo. Un consorcio,Valepar, es dueño del 33,3 por ciento de todo el capital de Vale, lo que incluye el 53 por ciento de las acciones con derecho a voto.

Ese consorcio está formado por Litel, empresa creada por los fondos de pensión de los funcionarios del Banco de Brasil (estatal), de Petrobras(semiestatal) y de la Caja Económica, otro banco estatal, que es dueña del 49 por ciento de las acciones de Valepar.

El segundo accionista es el banco privado Bradesco, con 21,21 por ciento de las acciones, seguido por la siderúrgica japonesa Mitsui (18,25%), el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES, estatal), con 11,51 por ciento y Eletron, con 0,03 por ciento.

El sector estatal controla directa o indirectamente, entonces, el 60,51 por ciento de las acciones del consorcio controlador. Pero un acuerdo de los accionistas de la época de la privatización de la empresa (1997) establece que se necesita el 70 por ciento de los votos para modificar el directorio.

Por eso, el gobierno brasileño necesitaba el acuerdo de por lo menos uno de los grandes accionistas para sustituir a Agnelli en su cargo de presidente. Arduas negociaciones obtuvieron el acuerdo de Bradesco, y la sustitución fue consagrada.

El nuevo presidente Murilo Ferreira, un cuadro originario de la propia Vale, que asumirá el cargo el 22 de mayo, lo hará conciente de que su capacidad de contrariar deseos del gobierno brasileño es muy limitada. (Xinhua)

11/04/11
PUEBLO EN LÍNEA

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