“Fue la medalla más difícil que me colgué”

“Fue la medalla más difícil que me colgué”

Carlos Espinola, el argentino mas ganador de los juegos olímpicos- El regatista correntino repasó las peripecias que debió sortear para subir al podio en la clase Tornado. Y dejó un manto de dudas sobre su continuidad en esta disciplina.

Carlos Espinola, el argentino mas ganador de los juegos olímpicos- El regatista correntino repasó las peripecias que debió sortear para subir al podio en la clase Tornado. Y dejó un manto de dudas sobre su continuidad en esta disciplina.

Carlos Mauricio Espínola estaba séptimo en la cola del supermercado, con changuito en mano y en medio de la multitud capitalina.
"Hace como media hora que estoy varado en la caja", le aseguró `Camau’ a "La Nueva Provincia" , mientras se disponía a dejarle el mando a uno de los integrantes de su familia.

"Aguantame; me voy a un costado y charlamos", amplió el regatista, de 36 años, que comenzó a navegar a los 11 en las serenas aguas de su Corrientes natal.

–¿Más tranquilo?

–Sí, pero no pude pasar desapercibido. Algunos me reconocieron (risas).

–Gajes del oficio.

–Puede ser. De todas maneras, me estoy poniendo al día con las cosas de la casa (risas).

–¿Cómo te definirías?

–¿En la vida?

–Sí.

–Ante todo me gusta ser profesional, organizado, trabajar en equipo y, por sobre todas las cosas, tener muchísima constancia. Me parece que algunas de las pautas se fueron cumpliendo con el correr de los años.

Esta vez, Espínola –en el aspecto deportivo– le hizo pata ancha a las adversidades. En dupla con Santiago Lange debió superar una serie de obstáculos para llegar a su cuarta medalla olímpica consecutiva (récord para un deportista argentino en la cita ecuménica) en los últimos Juegos Olímpicos de Beijing.
Eso sí, sin quemar etapas, aferrado a su natural optimismo y cumpliendo con un rol distintivo en la clase Tornado de Yachting.

"El proceso de preparación fue muy difícil. Los planes iniciales se fueron modificando, surgieron imponderables y se fue complicando todo. Dimos un par de regatas de diferencia", se lamentó el cuádruple medallista olímpico.

El periplo de la tripulación argentina se complicó desde el primer día, modificando todo tipo de esquemas.

¿Las razones? A pocas horas del inicio de la extenuante competencia, su embarcación sufrió un choque y debió ser reemplazada por un barco de repuesto. Ese cambio de plan complicó el objetivo inicial. Y la dupla debió reponerse a intensas jornadas de armado, incluyendo un vuelco del catamarán.
Ahí, Espínola se dio cuenta que cualquier metal era bienvenido…

"Premio al sacrificio"

"Esta medalla es el premio al sacrificio y al trabajo de equipo que realizamos con aquellos que nos acompañaron desde afuera del agua. Cada medalla es particular, pero ésta es la más difícil de las cuatro que me colgué", reconoció.

"Estuvimos muy cerca de ganar el oro, pero las condiciones eran tan extremas que irse de China con una medalla era una satisfacción enorme, porque en una mala decisión se podía perder todo", amplió.

Espínola dio sus primeros pasos en el windsurf siguiendo a su hermana María Inés. Allí comenzó una brillante carrera que contó con una primera experiencia olímpica, en Barcelona `92, en donde finalizó en el puesto 24º, para luego encadenar una serie de cuatro Juegos consecutivos en los que obtuvo medallas.
"Es increíble el estres que provoca saber que podíamos ubicarnos terceros o décimos. Y el equipo que sufrió en carne propia esa peripecia fue el griego. Venían para podio y con un mala jornada se hundieron. Cada vez que tuvimos un inconveniente, al día siguiente navegamos al frente de la flota y ganamos. Y eso sin contar las adversidades que pasamos".

Y amplió: "En Atenas hice la evaluación del campeonato y todavía no sé por qué se nos fue el oro; no sentíamos que corrimos mal".

–¿Fue para tanto?

–Veníamos preocupados para encontrar las mejores velas, trabajando contra reloj. Perdimos horas reparando nuestra embarcación y al final fue un derroche de energías porque usamos el muletto.

"Además, perdimos días de navegación porque las algas formaban un colchón y era imposible salir de puerto. Para esta competencia pusieron una flota de viejitos pescadores, que salían a barrer temprano las canchas con redes, como quien limpia una pileta".
"En la cuarta regata arrancó el torneo"

–¿El primer día de competencia fue el más complicado?

–Fue difícil el primer día; sentí que el panorama se iba a complicar. De todas maneras, Santiago (Lange) me tranquilizó y me dijo que esto recién comenzaba. Y me comentó que en la cuarta regata iba a empezar el verdadero torneo.

–¿Estados Unidos y Holanda fueron dos de las grandes decepciones?

–Estaban para pelear más arriba. Voy a contar una infidencia… Previo a los Juegos Olímpicos, estas embarcaciones se aprovecharon de un vacío legal y desarrollaron una vela que, con poco viento, les daba una ventaja bárbara.

"Corrimos diez regatas y nos ganaron en las diez. Eso nos generó una sensación angustiante; así –razonó "Camau"– no íbamos a pelear por una medalla. Por suerte, en el torneo no anduvieron de ninguna forma".

–¿Por qué ustedes fueron de menor a mayor?

–Es difícil de explicar. Arrancamos con un decimotercer puesto en la primera regata, que era como para colgar la toalla. Son momentos en los que debíamos sacar nuestro optimismo… Y le dimos para adelante.

"Ahí resurgimos porque, necesitados, hicimos dos regatones y ganamos las dos del día siguiente, aunque también tuvimos que sufrir porque en la segunda nos cambiaron la boya en plena competencia y nos perjudicaron.

"Santiago (Lange) se pasó casi cuatro horas en la protesta, hasta que nos dieron la razón. Pero claro, volvió a casa a las diez de la noche, palmado, como para comer y meterse en la cama. En la regata siguiente, tumbamos".

–Entonces, se impuso la experiencia.

–Creo que sí. Sabíamos cuándo atacar y sacarle el jugo a cada situación. Llegamos a la Medal Race sabiendo que hasta podíamos quedarnos con el oro, dependiendo de los errores de los españoles y del equipo australiano.

"Como el clima era extremo; fuimos conservadores. Y cuando se tumbó el barco alemán, respiramos, aunque no nos relajamos hasta el final".
Futuro incierto

–¿La sensación cuando se aseguraron la medalla?

–Fue un alivio muy grande. Cruzar la línea fue una satisfacción porque quedó claro que, más allá del podio, cumplimos paso por paso con un desafío interno planificado y bien estructurado. Y eso es lo mejor que nos pudo pasar.

–¿Por qué razón no seguiría la clase Tornado en competencias olímpicas?

–Es una de las clases con menos barcos en una competencia olímpica. Se realizó una elección general, porque había que bajar una clase, y se votó entre Star –que son unos barcos grandes y pesados– y el Tornado (que tiene un sistema de regatas espectacular). Y se perdió por un voto. En noviembre habrá una resolución en la asamblea internacional. Las versiones que escuchamos son que está presupuestado el yachting con 11 medallas, lo que le abriría de nuevo la puerta al Tornado. Diría que la chance está 50 y 50.

–Si no hay aceptación, ¿competirías en otra especialidad?

–Como poder, podría. Hay que ver si tengo energía para empezar de cero y dedicarme con las mismas ganas. Primero quiero esperar el resultado final. Me gustaría descansar, tomarme un tiempo y evaluar con mi familia los próximos pasos a seguir.

"Además, tenemos una estructura para Tornado, con gente que se especializó en esto. Ejemplo: Santiago (Lange) se va a competir en la Volvo Ocean Race (vuelta al mundo) a partir del 4 de octubre".

–No tiene descanso.

–Está totalmente loco; recién terminan los Juegos y vuelve a meterse en un barco durante diez meses. De todas maneras, no me veo formando una tripulación con otra persona o haciendo una campaña olímpica en soledad.

"Tal vez analizaría si aparece un proyecto para armar un barco argentino de Copa América, pero es soñar despierto. Hay tiempo de sobra para tomar una decisión".

"Santiago (Lange) es igual que yo"

–¿Cuánto tiempo requirió la etapa preparatoria?

–Viajamos con dos meses de anterioridad a China. Nos quedamos trabajando, entrenando y conociendo el sector de navegación.

–¿Es una gran ventaja viajar con antelación?

–En un certamen olímpico es importante ganar tiempo, básicamente para conocer las condiciones del tiempo, sumado a las diferentes corrientes y la velocidad del viento. Todas las canchas tienen algunos secretos, que requieren de tiempo para develarlos.

–¿Es verdad que Santiago (Lange) te convenció para competir en Beijing?

–En realidad, fue una determinación de ambos. Viajamos con la misión de traernos algo y esa fortaleza se incrementó en la previa de la competición.

–¿Qué similitudes tenés con él?

–Posee la misma pasión y convicción. Vive soñando, disputó cinco Juegos Olímpicos y acumuló mucha experiencia en su carrera. Le tengo mucha admiración, nos respetamos mutuamente y cuando se le pone algo en la cabeza se aferra a ello y no da el brazo a torcer.

–¿La medalla de oro es una deuda pendiente en tu carrera?

–No te voy a mentir… La medalla de oro es lo que siempre soñé. Es una de los objetivos que me quedaron pendientes. Pero siempre estuve muy cerca de alcanzarla, no se dio, pero tampoco me quita el sueño.

–¿Qué es mejor: ganar una medalla de oro o conseguir cuatro preseas de otro material?

–Prefiero ganar cuatro medallas en distintas olimpiadas. Realmente me siento realizado con todo lo que conseguí. No me puedo quejar.

–¿La organización?

–Fue exhuberante. Salió todo a la perfección. Planificaron hasta el pronóstico del tiempo. La organización fue perfecta, no nos faltó absolutamente nada. Y por si fuera poco, los chinos salieron primeros en la tabla de medallas.
Cristian Lema/Especial para "La Nueva Provincia"

10/09/08
LA NUEVA PROVINCIA

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