Fotografías del Rompehielos Irizar en los mares del Sur

En el Museo Municipal "José A. Mulazzi" (calle San Martín 323), de la ciudad de Tres Arroyos desde el 1º al 15 de agosto se presenta la exposición de fotografías realizadas por A. Bécquer Casaballe en la reciente Campaña Antártica de Verano, en la que participó en el Rompehielos ARA Almirante Irizar.

En el Museo Municipal "José A. Mulazzi" (calle San Martín 323), de la ciudad de Tres Arroyos desde el 1º al 15 de agosto se presenta la exposición de fotografías realizadas por A. Bécquer Casaballe en la reciente Campaña Antártica de Verano, en la que participó en el Rompehielos ARA Almirante Irizar.

Está integrada por 50 obras en papel color referidas a la vida a bordo del buque y a las actividades en las bases, así como de paisajes del Mar de Weddell con sus impresionantes témpanos, del archipiélago de las Shetland y de Orcadas del Sur, tomas aéreas de glaciales, costas y del mar congelado, que dan una idea de la inmensidad y belleza del extremo austral del mundo que integra la Antártida Argentina.

La inauguración es el sábado 4 de agosto a las 19 horas, oportunidad en la que el autor realizará una proyección y disertación sobre su experiencia en el auditorio del Museo. Por la tarde, ofrecerá una charla orientada a fotógrafos y periodistas sobre "Creatividad y Ética en el Documentalismo", actividad que ha sido organizada por el fotoclub local.

La exposición ha sido declarada de Interés Municipal por la intendencia local y, con posterioridad, recorrerá otras ciudades de la Argentina para, finalmente, ser expuesta en Buenos Aires a fines de este año o en los primeros meses de 2008.

Cabe mencionar que en 1994 Casaballe fue tripulante y documentalista de la expedición a la Antártida del velero "Callas" al mando del capitán Jorge Trabuchi, habiendo viajado en otras oportunidades a la base Vicecomodoro Marambio.

Prefacio

La Antártida es el último continente en ser descubierto cuando, en 1819, el capitán William Smith abordó las costas de las Shetland de Sur dando a conocer su hallazgo, no obstante que era visitado desde dos años antes por cazadores de focas en barcos con patente de Buenos Aires.

Los griegos sospechaban de su existencia como una tierra destinada a compensar el Artico, de ahí que se la bautizara Anti-artikos. Era tal el convencimiento sobre su existencia que, en el siglo XVIII, los británicos enviaron a los mares australes al capitán James Cook con la mision secreta de descubrir el continente austral, mientras que los geógrafos desde los tiempos de Magallanes, lo dibujaban de manera caprichosa mencionándolo como Terra Australis Incognita.

A lo largo del siglo XIX se produjeron travesías de cazadores que focas, que casi terminaron por hacer desaparecer la especie; después se inició el ciclo de los balleneros, que también depredaron aquellos mares.

Felizmente, también se sucedieron expediciones de hombres de ciencia y de marinos, animados por la curiosidad de conocer un continente que se presentaba adverso al hombre y a sus posibilidades de colonizarlo. Adrien de Gerlache con el "Bélgica", Jean Charcot con "Le Français", William Bruce con el "Scotia", Otto Nordenskjöld en el "Antartic", Ernest Shackleton en el "Endurance", estuvieron entre aquellos científicos y exploradores que escribieron memorables páginas pero, entre ellos, se destaca el Alférez de Fragata José María Sobral, el primer argentino en invernar en la Antártida, así como la gesta de la cañonera Uruguay que fue a rescatar a los náufragos de la expedición sueca de 1903, entre los cuales estaba Sobral.

La Argentina, desde 1904, es el primer país en tener presencia permanente en la Antartida, al adquirir a la expedición escocesa de William Bruce la estación magnética y meteorológica de Isla Laurie, en Orcadas del Sur. Desde entonces, hombres de ciencia, marinos, civiles y militares, han hecho del continente austral un espacio geográfico que de alguna manera nos pertenece.

Estas imágenes son un recorrido por la inmensidad del Mar de Weddell, cuyas barreras milenarias de hielos, glaciales, costas abruptas, montañas jóvenes desconocedoras de la erosión con sus picos afilados e, incluso, rodeadas de aguas calmas, nos remiten a una existencia en la cual el hombre es un intruso y a donde llegan, por curiosidad, algunos pocos que deben saber respetar el ambiente.

De alguna manera, estas fotografías son una invitación a reflexionar sobre la importancia del cuidado de nuestro planeta, que es nuestra casa.

18/07/07
HISTARMAR

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