Flotas de pesca asiáticas recalan en Montevideo por logística y reparaciones

Un gran número de barcos pesqueros de bandera asiática llegó al Puerto de Montevideo donde permanecerán durante al menos cuatro meses. Es la época en que terminan la zafra anual de la captura de calamar cerca de la costa uruguaya y recalan en el puerto para hacer tareas de descarga y mantenimiento.

Un gran número de barcos pesqueros de bandera asiática llegó al Puerto de Montevideo donde permanecerán durante al menos cuatro meses. Es la época en que terminan la zafra anual de la captura de calamar cerca de la costa uruguaya y recalan en el puerto para hacer tareas de descarga y mantenimiento.

Sus tripulaciones, conformadas por cientos de marinos chinos, coreanos, vietnamitas, japoneses, malayos y filipinos, cada tardecita descienden de los barcos en busca de esparcimiento. En la zona portuaria, los comerciantes dicen que sólo concurren a bares acondicionados según sus costumbres, al casino, o asisten al templo evangélico de la calle Bartolomé Mitre.

Por estos días está terminando la zafra anual de los barcos pesqueros extranjeros que trabajan durante largos meses cerca de las costas uruguayas. Es por eso que a muchos de ellos ya se los puede ver ocupando un amplio sector del puerto de Montevideo. Allí permanecerán al menos durante cuatro meses, hasta que otra vez naveguen mar adentro, para continuar con su pesca, centrada sobre todo en la captura del calamar. La gran mayoría de estos pesqueros son de bandera asiática: chinos, coreanos, japoneses, malayos, filipinos, vietnamitas e indonesios. Esto no significa que en su tripulación no haya marineros de  otras nacionalidades.

En general, la tripulación de estas embarcaciones está compuesta por unas 35 ó 40 personas, en su mayoría jóvenes que firman un contrato con las empresas por dos o tres años. Eso les permite volver a su país con cierto capital, que de otra forma les sería muy difícil juntar o lo harían a muy largo plazo. Por ejemplo, hasta hace unos años, en China era casi la única forma de conseguir algunos valiosos dólares.

Trabajar en un barco pesquero no deja de ser un gran sacrificio. "Es realmente un trabajo duro, pero lo más difícil de la vida del mar es el desarraigo. Es mucho tiempo que se está fuera del hogar", explica Gabriel Richard, quien fue durante años armador de buques de bandera uruguaya que trabajaban con tripulación extranjera.

Durante el tiempo que el barco está en el puerto, la actividad de los tripulantes cambia; los marineros se dedican casi exclusivamente a tareas de mantenimiento, cumpliendo un horario que termina al caer la tarde. Comen en la propia embarcación y allí tienen sus camas para descansar. También gozan de un día libre semanal, algo que casi no existe cuando pescan en altamar.

Una vuelta por los alrededores del puerto y una intensa actividad nocturna son sus actividades preferidas. Los comerciantes de la zona ni siquiera los tienen en cuenta. Aseguran que su poder adquisitivo es muy bajo y que cuando se acercan a preguntar por alguna mercadería, regatean el precio. "Si algo vale 20 dólares lo quieren llevar por cinco", se queja Echechuri, que tiene un puesto de venta de mates y otros artículos típicos. "Los barcos chinos no traen compradores", afirma Marisa, encargada de una tienda de ropa de cuero de la zona. "Hace 15 años sí. Venían, pescaban y compraban. Ahora van a Ta – Ta y compran galletitas y golosinas". "Al mercado no vienen", apunta Carlos, dueño de uno de los bares dentro del Mercado del Puerto. "Ellos tienen sus propios lugares, por eso no vienen acá. Van a sus boliches, por la calle Florida, por Convención, donde las mujeres que trabajan son uruguayas pero se manejan con parámetros distintos porque ellos tienen su manera de ser, sus comidas típicas. Son muy reservados. Donde los encuentra es en el casino del Radisson. Ninguno habla español. Es una vida fea, difícil, complicada, no se abren para hablar", agrega.

Sin embargo, muchos pescadores prefieren permanecer la mayor cantidad del tiempo en el barco o asistir al templo evangélico de origen coreano que está en la calle Bartolomé Mitre. "La Iglesia de los Hermanos" se estableció hace unos años, precisamente para ser un punto de referencia espiritual para la gran cantidad de marineros asiáticos que llegan a Montevideo. "Hay que tener en cuenta que son personas que vienen a trabajar al otro lado del mundo, por lo que es normal que puedan sentir miedo o una gran soledad en una tierra de la que conocen muy poco", considera Richard. En ese templo, además de darles la posibilidad de practicar su religión, también organizan actividades recreativas para que confraternicen con sus compatriotas, hablen su propio idioma, y al menos por unas horas, se sientan un poco más cerca de su lejano hogar.

Ingreso de divisas

La presencia de los barcos pesqueros en el puerto de Montevideo representa un fuerte ingreso de divisas, producto de los múltiples servicios que requieren. Desde el costo de un remolcador, los amarradores y el tiempo de muellaje, hasta los servicios de descarga a tierra de las capturas por parte de estibadores y grúas privadas, elevadores, y la operativa que implica rellenar los contenedores refrigerados.

Son todas operaciones que involucran una gran cantidad de servicios y recursos humanos que, si bien se mantienen constantes a lo largo del año, por estos meses se intensifican debido a la gran cantidad de pesqueros de bandera extranjera que llegan a nuestro puerto. Estos barcos han elegido al puerto de Montevideo no sólo por su ubicación estratégica como centro de distribución de sus capturas, sino también como lugar para realizar el mantenimiento de sus embarcaciones y equipos.

Es muy frecuente que entren a dique para hacer reparaciones mayores, que implican trabajos especializados con altos costos, que sin embargo son de alta calidad y competitivos internacionalmente.

Fuentes: EL PAÍS Y UVM

07/08/08
VISION MARITIMA – URUGUAY

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