Los peces antárticos son un componente vital de la cadena alimentaria que sostiene la vida en el frío océano Austral que rodea la Antártida. Se alimentan de organismos más pequeños y sirven como comida para los más grandes. Pero poco se sabe acerca de cómo la rapidez con que se están calentando estas aguas afectará el desarrollo de los embriones de los peces y su crecimiento después de la eclosión, sostiene el profesor William Detrich, de la Universidad del Noreste (EEUU).
Los peces antárticos son un componente vital de la cadena alimentaria que sostiene la vida en el frío océano Austral que rodea la Antártida. Se alimentan de organismos más pequeños y sirven como comida para los más grandes. Pero poco se sabe acerca de cómo la rapidez con que se están calentando estas aguas afectará el desarrollo de los embriones de los peces y su crecimiento después de la eclosión, sostiene el profesor William Detrich, de la Universidad del Noreste (EEUU).
Según el investigador, las respuestas a estas preguntas son necesarias para entender la manera en que la ecología del océano Antártico puede ser perturbada por el cambio climático.
Detrich, que es un experto en biología molecular y bioquímica marina, ha recibido un subsidio de USD 1,25 millones de la Fundación Nacional de Ciencia para desarrollar un proyecto de cuatro años que apoyará su investigación continua para abordar lo que él llama una brecha investigación crítica.
“La península antártica es la zona crítica en este momento para el calentamiento de las aguas oceánicas”, explica. “A lo largo de la península, el océano Austral se está calentando más rápido que en cualquier otro océano del planeta. Eso es un gran eje impulsor para esta investigación. Estamos trabajando en un área que realmente está demostrando el cambio climático.”
El profesor Detrich señala que el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático estima que la temperatura del océano Austral alrededor de la península antártica podría aumentar entre dos y cinco grados centígrados en los próximos uno o dos siglos. En la actualidad, la temperatura corporal de los peces antárticos se ubica en un rango muy estrecho determinado por su hábitat frío -entre -1,9 °C y 2 °C, y el objetivo a largo plazo de su proyecto de investigación es entender si estos peces están equipados para responder y adaptarse a temperaturas más altas a medida que el océano Austral se calienta.
“Para los organismos como los peces, que se han adaptado a las temperaturas de hábitats muy fríos durante un largo período de tiempo, de 50 millones de años, el desafío de un rápido aumento de temperatura será un verdadero shock para sus sistemas fisiológicos. La pregunta es: ¿son capaces de lidiar con eso?”, pregunta Dietrich.
En el marco de este proyecto se evaluarán los efectos de las temperaturas más elevadas sobre la viabilidad de los embriones de los peces, las tasas de desarrollo de los embriones y los genes que responden al estrés por la temperatura. El profesor y su equipo se concentrarán en dos especies relacionadas, un rockfish de sangre roja, un draco rayado de sangre blanca. Para cada especie, habrá un grupo criado a la temperatura actual del agua (0 °C) y otro a la temperatura más elevada prevista (4 °C).
El equipo también tratará de determinar cómo y por qué los peces de sangre blanca evolucionaron para dejar de producir glóbulos rojos, un defecto que puede hacer que sus embriones sean particularmente vulnerables al calor.
Dietrich espera que esta investigación ayude a proporcionar al público y a los responsables de políticas más datos para tomar decisiones en torno a las estrategias para enfrentar el cambio climático, en particular para la protección de la vida en el océano Austral.
El investigador prevé que el aumento de la temperatura puede dar lugar a dos resultados extremos. Un resultado podría ser que las temperaturas más altas perjudiquen mucho el desarrollo y que los embriones de los peces mueran. El segundo resultado es que los peces podrían vivir, pero se desarrollarían mucho más rápido. En este último caso, los peces podrían eclosionar antes de lo normal, en el oscuro invierno, cuando su fuente de alimento -el fitoplancton, que requiere luz- todavía no prosperó.
“En el escenario de rápido desarrollo, lo que se tendría son larvas de peces en busca de comida, que tal vez no encuentren”, concluye el profesor. (Fis.com)
30/06/15

