Estudian restringir los cruceros turísticos a la zona antártica

Estudian restringir los cruceros turísticos a la zona antártica

El Gobierno estudia imponer restricciones al tránsito de cruceros turísticos en la zona antártica luego del hundimiento del buque Explorer, en el que viajaban 100 pasajeros y 54 tripulantes, que chocó contra un iceberg y horas después se hundió.

El Gobierno estudia imponer restricciones al tránsito de cruceros turísticos en la zona antártica luego del hundimiento del buque Explorer, en el que viajaban 100 pasajeros y 54 tripulantes, que chocó contra un iceberg y horas después se hundió.

La secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti, convocará a una reunión interministerial esta semana, según afirmaron ayer voceros de la funcionaria a LA NACION, para estudiar la posibilidad de limitar la cantidad de cruceros turísticos que este verano, según cifras oficiales, llevarían unos 30.000 pasajeros a la zona antártica, casi el doble que el año pasado.

"Estamos en conversaciones con otros ministerios y estamos estudiando el Tratado Antártico y otros protocolos para elaborar una propuesta y definir una estrategia", confirmó ayer un vocero de la Secretaría de Medio Ambiente. La cartera ambiental esgrimirá, como argumento, que el Tratado Antártico, que regula la actividad en la región, suscripto por 28 naciones, no hace mención a la explotación turística de la Antártida y sólo determina parámetros para el uso científico, ambiental y de convivencia internacional dentro de ese territorio.

"Es cierto que hay que determinar jurisdicciones, porque la región está bajo el paraguas el Tratado Antártico, pero nunca se habla de turismo en los documentos", consideró el vocero de Medio Ambiente.

Anteayer, luego de sobrevolar la zona donde se hundió el Explorer el viernes pasado, Picolotti deslizó la idea de restringir el turismo. "El objetivo de la Antártida no es la actividad turística. Los Estados tenemos que realizar un mayor esfuerzo para ser más rigurosos en los controles", había manifestado la secretaria de Medio Ambiente, y responsabilizó a la empresa canadiense GAP Adventures, que vende la excursión, por la mancha de combustible de 5 kilómetros que quedó sobre el agua. Picolotti señaló que se trata de un ecosistema "frágil" y que el hundimiento del crucero de bandera liberiana con 185.000 litros de gasoil 1000 kilómetros al sur de Ushuaia produjo un impacto negativo en el ambiente.

Entretanto, ayer arribó a la ciudad de Punta Arenas el segundo grupo de 77 náufragos. Las condiciones del tiempo permitieron que el avión Hércules de la fuerza aérea de Chile transportara a los turistas y tripulantes que habían quedado en la isla 25 de Mayo, la principal de las Shetland del Sur. Entre los rescatados del segundo grupo estaba uno de los dos argentinos que viajaban en el barco: Andrea Salas, que es parte de la tripulación y que por orden de la empresa no mantuvo contactos con la prensa. Algunos de los pasajeros que habían llegado anteayer, en el primer contingente, por la tarde viajaron en avión hacia Santiago de Chile, última escala antes de emprender el regreso a sus hogares, en distintos países europeos. Incluso ayer por la mañana pudo verse a algunos de los turistas rescatados realizando compras de indumentaria en Punta Arenas para compensar la que habían perdido en el hundimiento del crucero.

El atractivo de lo exótico

Hubo un tiempo en que la Antártida era un territorio inhóspito, reservado para los exploradores altamente capacitados, científicos y fuerzas militares de diferentes países.

Desde hace algunos años, varias empresas turísticas venden travesías en cruceros por los helados mares del Sur. Hay dos tipos de viajes de ese estilo por las aguas antárticas: puede ser en cruceros "panorámicos" o en los buques que se promocionan como de "expedición".

Los primeros, similares a los utilizados en el Caribe, ofrecen cierta cuota de aventura por el simple hecho de observar el paisaje, pero no está contemplada la posibilidad de bajar a tierra ni caminar por el hielo. Estos buques cuentan con todas las comodidades -casino, diferentes restaurantes y negocios a bordo, piscina y discos- y pueden llevar hasta 2000 pasajeros.

La segunda opción, la de "expedición", permite el descenso en algunas islas con equipos especiales y con un calzado apropiado que previamente se desinfecta para evitar la contaminación del medio ambiente. Esta alternativa sugiere un perfil de mayor conciencia ambiental de los pasajeros y los buques poseen menos infraestructura lúdica. Algunas de estas travesías también incluyen escalas en las islas Malvinas y en las islas Georgias.

Por Franco Varise

Foto: AP

26/11/07
LA NACIÓN

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