La decisión está tomada: los científicos latinoamericanos que se dedican al estudio de cetáceos aumentarán su participación en los debates de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), una organización mundial que protege a estos gigantes del océano, los cachalotes, los delfines y las marsopas, entre otros, de la caza y, por lo tanto, de la extinción. La Argentina es uno de los 78 países miembros.
La decisión está tomada: los científicos latinoamericanos que se dedican al estudio de cetáceos aumentarán su participación en los debates de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), una organización mundial que protege a estos gigantes del océano, los cachalotes, los delfines y las marsopas, entre otros, de la caza y, por lo tanto, de la extinción. La Argentina es uno de los 78 países miembros.
Un documento firmado anteayer en la sede de la cancillería argentina por el denominado Grupo Buenos Aires, que reúne a los delegados de 15 gobiernos de América latina, les reconoce a los investigadores de esos países el lugar que reclaman desde hace años en las decisiones que garanticen el uso "no letal" de estos animales, como es el avistaje, y la creación de santuarios en los océanos Atlántico y Pacífico Sur, donde las ballenas podrían refugiarse de su matanza y comercialización.
"Es necesario que el bloque latinoamericano tenga más representación dentro del comité científico de la CBI para evitar la manipulación de la información disponible sobre los distintos cetáceos que promueven los países balleneros. Y eso sólo se logra con una mayor presencia de científicos de nuestros países", dijo a LA NACION el embajador Eduardo Iglesias, comisionado argentino ante la CBI.
Es que año a año los países balleneros intentan que se levante la moratoria internacional que desde 1986 prohíbe la caza comercial de ballenas, que a veces se esconde detrás del "uso científico". El Grupo Buenos Aires presentará el documento con la Estrategia Latinoamericana de Cooperación para la Conservación de Cetáceos en 2008, en la 60» reunión anual de la CBI, en Chile. Fabiola Czubaj
07/12/07
LA NACION
