No es casual que, como inusualmente sucede, en nuestra edición de la fecha el sector gremial ocupe un lugar mayor que el dedicado a la pesca, a los puertos o a la industria naval.

No es casual que, como inusualmente sucede, en nuestra edición de la fecha el sector gremial ocupe un lugar mayor que el dedicado a la pesca, a los puertos o a la industria naval.

Días atrás se inició formalmente la temporada del calamar y son sólo 8 los barcos que a esta altura están operando. En Puerto Deseado, por ejemplo, la fila de poteros amarrados es visto con cierta angustia por toda la población, ya que el año pasado de allí provino buena parte del movimiento de dinero que convirtió el 2006 en un año económicamente satisfactorio para los deseadenses.

También se están alistando los tangoneros, ansiosos de repetir una temporada como la pasada cuando el langostino se pescaba “con la gorra”, como gustan decir algunos capitanes.

Pero paralelamente a las acciones de arranche de poteros y tangoneros los sindicalistas afilaban los lápices para volver a la carga con un aumento en las remuneraciones.

Es necesario recordar, que muchos de los acuerdos logrados el año pasado al frenético ritmo impuesto por el langostino y el calamar fueron considerados tanto por los empresarios como por los mismos sindicalistas como “insostenibles” para el presente año si se caían las capturas o los precios internacionales para estas especies.

Sin duda alguna que los mercados internacionales están saturados, sin duda que los precios se han desbarrancado y las capturas aún están por verse. Aparecen promisorias para el langostino y no tanto para el calamar.

Que un trabajador gane bien siempre es justo. Que un trabajador gane más de lo que la empresa puede pagarle, es injusto, ya que solo podrá sostenerse ficticiamente por poco tiempo. Que los empresarios acuerden salarios mayores que los que finalmente podrán pagar para sacar los barcos es temerario. Que con todas estas cartas en la mesa no se pueda lograr un acuerdo que satisfaga a todos es absurdo.

Ni la voracidad sindical ni la avaricia empresaria son los elementos que el sector pesquero necesita para consolidarse como una de las industrias más pujantes del país.

12/02/07
PESCA & PUERTOS

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