No es casual que desde que a finales de 2011 la UNASUR ha declarado a Sudamérica territorio de paz, se hayan comenzado a publicar los datos acerca del gasto militar que existe en la región.
No es casual que desde que a finales de 2011 la UNASUR ha declarado a Sudamérica territorio de paz, se hayan comenzado a publicar los datos acerca del gasto militar que existe en la región.
El objetivo es, de acuerdo a la tendencia creciente que muestra la evolución de este gasto, poner de manifiesto la contradicción entre reuniones y declaraciones que hablan de paz y un marcado incremento en la adquisición de armamento. Con la declaración de la UNASUR se persigue crear un reglamento que será presentado, en diciembre próximo por los jefes de Estado, para poder regular y dar solución a los posibles desencuentros o tensiones que puedan surgir en la región.
Mientras que este importante paso tenía lugar en noviembre de 2011, a finales del mes pasado tuvo lugar una nueva reunión de los ministros de Defensa del mismo organismo para que seis de sus países miembros comunicaran sus cifras de gastos militares como un medio de contribuir a la confianza y la paz en la región. Y nuevamente se publican en la prensa los gastos en Defensa en la región insistiendo en que esta tendencia es particularmente ascendente. De ahí que más que contradicción, la reunión citada podría interpretarse como un acto de auténtica hipocresía. En efecto, según rezan los datos publicados, mientras los presidentes y ministros de la región derrochan discursos basados en una retórica pacifista, el incremento del gasto militar, según el SIPRI, es del 8,5% por año, en el período 2003-2010.
Pero ¿realmente lo es? ¿Hay tal contradicción?
En primer lugar cabría hacer algunas observaciones respecto a este gasto militar, muy particularmente en relación a su destino. No hay que olvidar que el grueso principal de la mayoría de los presupuestos en los países de Iberoamérica corresponde a las partidas de personal de las Fuerzas Armadas y personal funcionario de las administraciones de Defensa y Seguridad. Pero si además contemplamos el gasto en armamento, lo cierto es que este gasto está mas destinado a la renovación de equipamiento militar obsoleto que a su acumulación.
Muchos países de la región mantienen milagrosamente un equipamiento que adquirieron en la Guerra Fría y solo desde principios de la década de 2000 han tenido oportunidad de empezar a renovarlo. No hay que olvidar que, desde que se inician los procesos de transición democrática, los presupuestos en defensa han sufrido un recorte dramático. Más allá de todo eso, y ciertamente sean cuales sean los motivos, hay países como Brasil, Colombia, Venezuela, Chile o Ecuador que sobresalen en gasto destinado a la adquisición de armamento por encima del resto de sus vecinos sudamericanos. Cuestión que, en efecto, podría despertar la desconfianza y tensión o cuanto menos suspicacias mutuas.
Así por ejemplo, en este año, el presupuesto destinado al Ministerio de Defensa brasileño tendrá un aumento del 5,8% en comparación con 2011.Un presupuesto que está volcado en el desarrollo de una industria local, a través de muy diferentes proyectos como un avión de transporte (KC-390), la construcción de un submarino nuclear (PROSUB), el desarrollo del Sisfron (Sistema Integrado de Monitoreo de Fronteras), la compra de helicópteros EC-725 de Francia (montados en Brasil) o la construcción del blindado Guaraní para el Ejército. La compra de 36 cazas para modernizar la flota de la Fuerza Aérea, dentro del programa F-X2, no fue incluida en el presupuesto, ya que queda condicionada a la evolución de la crisis internacional. Estos proyectos se extienden también a la Marina, aunque la mayor partida queda destinada a la Aeronáutica.
En este caso, entre las motivaciones que justifican la renovación del equipo militar brasileño se encuentra su proyecto de proyección internacional como potencia emergente. Sin embargo, no solo es Brasil el que se encuentra inmerso en este proceso de modernización. En mayor o menor medida también lo está el resto de la región. Incluso Argentina, el país que cuenta con menor presupuesto para Defensa, ha experimentado un incremento en esta partida. O Bolivia, uno de los países más pobres, también se encuentra embarcado en este proceso de modernización.
Por ello, las iniciativas adoptadas en la UNASUR, para la resolución pacífica de conflictos y el desarrollo de medidas de confianza mutua, lejos de ser contradictorios son particularmente oportunas. Nada mejor que, en el momento en que se incrementan los presupuestos de defensa y la adquisición de armamento, que la región se declare territorio de paz y se apueste por la transparencia, y que contribuya a la convivencia sin desconfianzas. Así lo han realizado Paraguay, Chile, Argentina, Uruguay, Colombia y Ecuador quienes, bajo una metodología común para la medición del gasto militar, han entregado las informaciones correspondientes con el objetivo de consolidar la paz en la región. Este primer paso es trascendental porque la idea es que en los próximos meses lo hagan el resto de los miembros integrantes de la UNASUR.
De manera que estos logros, además de ser históricos, se realizan en el mejor momento.
Por Sonia Alda (Doctora en Historia por la UAM y profesora en el IUGM)
25/02/12
REVISTA ATENEA
