“Quiero un país que sea como esa maravillosa provincia, San Luis”- El ex comandante del rompehielos “Almirante Irízar” destacó la importancia de cristalizar durante su gestión todos los proyectos e ideas que se difundan: “Hay que tener respeto por la palabra, lo acordado y lo escrito”.
“Quiero un país que sea como esa maravillosa provincia, San Luis”- El ex comandante del rompehielos “Almirante Irízar” destacó la importancia de cristalizar durante su gestión todos los proyectos e ideas que se difundan: “Hay que tener respeto por la palabra, lo acordado y lo escrito”.
Era un deseo de Anatol Tarapow que su hijo llevara su nombre de origen ruso, pero no pudo ser porque no figuraba en el listado del Registro Civil en aquellos años ’60. Esa fue parte de la razón para que finalmente su padre decidiera honrar a diversos héroes. Así surgió el primer nombre, Guillermo, en recuerdo del almirante Guillermo Brown; Alejandro, por el rey macedonio conocido como “El Grande”, y Nelson, en honor al héroe de la marina británica Horace Nelson.
Guillermo Alejandro Nelson Tarapow, el comandante del rompehielos “Almirante Irízar”, demostró siempre estar dispuesto a cumplir un viejo axioma marítimo: “Un capitán debe permanecer en su barco pase lo que pase”.
El rompehielos se incendió el martes 11 de abril, cerca de las 22, mientras navegaba rumbo al Puerto Metropolitano tras poner fin a la campaña antártica anual. Y el fuego desatado aquel día en el “Almirante Irízar” lo colocaría finalmente frente al verdadero significado del dicho que reza: morir se muere una vez, pero vivir sin honor, es morir todos los días. Con esa convicción enfrentó esos días de capitán y con la misma fuerza y pasión dice emprender este camino que lo llena de entusiasmo.
El Diario de la República entrevistó en forma exclusiva a quien hoy encabeza la lista de candidatos a diputados nacionales en Capital Federal del Frente Justicia, Unión y Libertad.
Lejos ya de sus recuerdos, con la vista al frente, Guillermo Tarapow piensa una vez más en su destino, y asegura entreverlo parecido al de siempre: estar al servicio de la Patria, al servicio de su país. De las horas de angustia e hidalguía a este presente que lo tiene de nuevo en la consideración pública al encabezar la lista de diputados que tiene a Alberto Rodríguez Saá como candidato a presidente, se advierte la seguridad de alguien que no le tiene miedo a los desafíos. Tomó una decisión, y el anuncio de su paso a la política causó conmoción entre sus pares y en los sectores políticos.
Al consultarlo por su vocación, la historia se remonta en el tiempo y se confunde en el devenir, vuelve a la actualidad y se resuelve en sus seres queridos. Su familia —asegura— lo apoya en todo: los hermanos —dos ligados a su misma profesión— y sus padres, quienes recibieron atónitos el afecto de toda Mar del Plata, ciudad en la que residen, cuando la incertidumbre era la tapa de todos los diarios durante esos días de abril. El apellido Tarapow fue sinónimo de algo a lo que lamentablemente poco estamos acostumbrados los argentinos: reconocer a nuestros verdaderos héroes. Y también fue sinónimo de coraje, valor. Un héroe de carne y hueso, con 45 años, que confiesa haber vivido, estar “felizmente casado” y ser padre de “cuatro maravillosas hijas”.
—T: ¿Cómo fueron sus comienzos en esta profesión que abrazó por décadas?
—GT: Mi ingreso a la Armada se da en 1979, tenía 16 años, y permanecí durante 28 años en la Armada prestando distintas tareas en diferentes buques, capacitándome. Vengo de una familia naval y tengo a mis hermanos también en la misma actividad, así que saben de qué se trata esto. Una de las cosas que aprendí en la escuela naval, es que los hombres de mar no nacen, se hacen. Así que todo esto que soy, que desarrollé se lo debo a la educación que recibí.
—T: Un complemento ideal de la familia.
—GT: Del seno de mi familia traía el cariño por el mar. Pero me consolidé en mi formación, entré a la Escuela Naval Militar, la secundaria la cursé en Punta Alta y aquí en Capital Federal.
—T: ¿Cuál fue el primer lugar al que lo destinaron?
—GT: El primer destino que tuve fue en el buque de desembarco San Antonio que tuvo una importante función en Malvinas, luego me especialicé en el área comunicaciones, después fui a un destructor recién llegado al país, más tarde a una base antártica y ocupé distintos cargos, una carrera muy balanceada, como solemos decir en la jerga naval.
—T: ¿Qué puede decir hoy sobre el Irízar?
—GT: Con lo que sucedió en abril se comprobó lo que ya sabíamos: el “Almirante Irízar” es un buque excepcional porque prácticamente no hay naves de estas características en el mundo. Tiene que ser motivo de orgullo de los argentinos y de tranquilidad para la comunidad antártica internacional. No se trata de un buque que compramos por catálogo sino que se lo construyó sobre la base de 30 años de experiencia de la Armada Argentina. El Irízar es el forjador de su propias glorias en Malvinas y en numerosas tareas humanitarias y científicas.
—T: ¿Qué sensación le provoca el hecho de ser señalado por tanta gente como un héroe?
—GT: No me siento un héroe. Hice lo que tenía que hacer en ese momento, asegurarme que toda mi tripulación hubiera abandonado el buque. Además, tenía una segunda preocupación: si alguien hubiera muerto en el incendio debía recuperar su cuerpo para entregárselo a la familia.
—T: ¿Qué sentía en ese momento mientras actuaba pensando en los demás?
—GT: En toda esta situación me sentí completamente en paz. Reitero: no me siento un héroe, ya que me siento igual a todos, porque todos hubieran combatido con la misma pasión, como lo hicimos nosotros.
—T: ¿Cómo fueron esas noches en el Irízar?
—GT: Lo primero que se me pasó por la cabeza es cómo esto podía estar sucediéndome, veía el buque y no lo podía creer, este pensamiento me afectó durante buena parte de ese tiempo, pero en un momento me di cuenta que mi función debía ser salvaguardar a esa gente, que esa gente que estaba a bordo y ahora en una balsa fueran rescatadas de la mejor forma y de la manera más precisa. Ya una vez que estaba solo en el buque, empecé a pensar que al no estallar el buque, y luego de que se informara que habían sido rescatados los 240 tripulantes de saber que habían atravesado esa situación en las peores condiciones meteorológicas imaginables, noche cerrada, mar fuerte, vientos intensos, me dije, lo importante es remolcar el barco hasta puerto, y determinar cuáles eran las causas de este incendio y sacar conclusiones y enseñanzas para que esto no vuelva a pasar. Si el buque hubiera colapsado, las teorías hubieran llevado a cualquier tipo de fabulación, imagínese libros, teorías de las más diversas.
—T: ¿Se puede estar preparado para la muerte?
—GT: Estaba dispuesto al cumplimiento de mi deber, estaba preparado para morir, estaba seguro de que mi deber era que la gente, mi tripulación, estuviera a salvo, cuando vi que esto era así y después de asegurarme que a bordo no quedaba nadie, sólo me restaba llevar a buen puerto el Irízar. Mi testamento afectivo se lo había entregado a mi ayudante antes que abordara la balsa y a otro capitán que estaba en el buque le di mi testamento profesional. Ahí me di cuenta que había tenido la suerte que no mucha gente tiene, fíjese, poder expresar su última voluntad a las personas que corresponden. Créame que eso tranquiliza mucho. Pero la idea de la muerte es imposible que no lo ronde a uno en algunos momentos, sólo el deber cumplido me resultaba un buen paliativo.
—T: Pasemos de su pasado reciente a su presente novísimo. ¿Es cierto que en el 2000, en Ushuaia le ofrecieron participar en política?
—GT: Sí, fue a partir de unos trabajos que me encomendara el gobierno de Tierra del Fuego en un acuerdo con la Armada Argentina. Ese trabajo hizo que tuviera un impacto en la gente, y me ofrecieran una posibilidad electiva porque tenía, por suerte, una muy buena consideración entre la ciudadanía por mi trabajo. Y ahora, las circunstancias me llevaron a este presente. Después del 10 de abril vislumbré un horizonte nuevo, y la política se presentó como una posibilidad.
—T: ¿Percibe que gracias a su accionar, nos dio a los periodistas la posibilidad de poder hablar bien de la institución Armada, que podemos hablar de lo necesario que es rescatar el espíritu patriótico allí imperante?
—GT: La Armada es una institución que siempre trabajó en forma silenciosa, no busca estridencia, pero se sabe, lo que vende son las malas noticias, pero se ha trabajado muy bien, sin ir más lejos, déjeme decirle: tenemos un héroe contemporáneo que es el capitán Pedro Eduardo Giachino. El fue el primero en morir en Malvinas, lo hizo de la misma forma, y permítame que le diga otra cosa: él me iluminó en mi decisión al mando del Irízar, él fue herido de gravedad y no quiso, o permitió de ninguna forma que lo atendieran hasta que antes no atendiesen a dos subordinados, a pesar de estar gravemente herido, tal vez si lo hubieran hecho estaría con vida, pero en cambio sin especular hizo lo correcto, lo que debía. El murió por su gente. Hay héroes, permítame que le diga, lo que pasa es que muchas veces esta búsqueda de identidad a partir de criticar a otros lleva a crear situaciones que no construyen, tenemos que confiar en todos nosotros, el cambio comienza en nosotros, yo estoy muy contento de estar a la altura de la institución, que me inculcó lo que hice en el momento que lo tenía que hacer. Esta convicción es la misma que ahora me lleva a la política.
—T: ¿Qué lo impulsó a tomar la decisión de dar el salto hacia la actividad política?
—GT: Lo primero que me entusiasmó fue la idea de seguir sirviendo a mi país. Después de lo que me sucedió en “el Irízar” sentí que una etapa importante de mi vida, de todo lo que había imaginado estaba ya cumplida, que había dado el máximo de mi esfuerzo, honor y profesionalismo, así me lo hizo sentir la fuerza, la gente, otras instituciones del mundo. Con la llegada de algunas propuestas de distintos partidos políticos, vislumbré un futuro posible en otro lugar, cosa que confieso no sé si alguna vez hubiera pensado. Pero la vida tiene estas cosas, y saber afrontarlas es parte de lo que he aprendido, de lo que me ha dado esta vida de marino.
—T: ¿Qué lo sedujo o ilusionó de este grupo político en particular?
—GT: Inicialmente no era un partido político en sí, lo que buscaba. Intentaba encontrar a personas que tuvieran una vocación y una idea de la política parecida a mi manera de ser, que ejercieran el poder obtenido por los votos transformándolo en realidades. La política sin esa retroalimentación no tiene ningún sentido. Por eso al ver la gestión de Rodríguez Saá en San Luis, ahí dije y pensé categóricamente, quiero un país que sea como esa maravillosa provincia. Quiero llevar esa realidad a la Nación toda.
—T: ¿Qué opinión tiene de quienes integran el Frente Justicia, Unión y Libertad (Frejuli), entre los que se encuentran Alberto y Adolfo Rodríguez Saá, Puerta, Menem?
—GT: Como he dicho en varias oportunidades en estos días, sumare al proyecto que encabeza Alberto Rodríguez Saá es entrar a la política por la puerta grande. Y en este punto debo aclarar que la decisión la tomé luego de escuchar a varios partidos. Quienes integran este espacio han sido buenos políticos, y lo único que hago es seguir a gente que a lo largo de 25 años cumple lo que promete.
—T: ¿Es optimista para el 28 de octubre?
—GT: Obviamente que sí. Creo que podemos tener un país mucho mejor. No tengo ninguna duda que Alberto Rodríguez Saá tiene la capacidad necesaria, porque lo viene demostrando desde hace años en su provincia.
—T: ¿Cómo piensa abordar esta nueva etapa, qué proyecto cree va poder desarrollar?
—GT: En este momento me estoy reu-niendo e intercambiando ideas con todos. Mi primera inquietud es simple e importantísima, a mi modo de ver, y es que todo lo que se acordó en la constituyente comience a cumplirse, tenga mi gestión un ritmo y una armonía para que se cumpla lo que está escrito y se le dé valor, me preocupa mucho el respeto por la palabra, por lo acordado, por lo escrito.
—T: ¿Cómo imagina que será su trabajo en una ciudad tan grande como Capital Federal?
—GT: Esta ciudad, con toda la problemática que significa ser una gran ciudad, tiene problemas estructurales y guardan relación con el trabajo, como ordenador de la sociedad, que cuando falta hace fallar todo lo que se nos presenta hoy como grandes problemas, y se resienten inmediatamente, la salud, la seguridad, la educación. Lo importante es no defraudar a la gente que nos elija. La ambición de todos los políticos tiene que ser transformadora.
—T: ¿Cómo tomaron sus ex camaradas este paso que está dando?
—GT: Todos los comentarios y adhesiones son con mucho respeto, afecto y apoyo. Pero déjeme decirle inmodestamente que a diario recibo ese afecto, esa esperanza de que uno pueda colaborar con la buena política, eso me pasa en la calle. En mi familia se tomó muy bien mi decisión, el tema es que ahora se transforma todo, uno ahora pasa a tener una esposa y una amante, (espero que esto sea bien entendido), lo que quiero decir es que a partir de ahora la política es mi esposa y mi amante viene a ser mi esposa (entre risas). Una vez más, esta tarea se llevará parte de mi pasión.
—T: ¿Cuáles considera que son las diferencias entre navegar en el Irízar y hacerlo en un país tan necesitado de llegar a un buen destino?
—GT: Este es un comando de cuatro años, y no de un año como era el buque Irízar, y 150 mil personas que confían en uno y una Nación expectante a lo que se haga en el Poder Legislativo. Créame, nunca el mal le ganó al bien, así que la realidad es llegar a objetivos concretos, no desviarnos de lo que queremos, de lo que quiere el pueblo todo. Ese único objetivo por delante es el que nos tiene que guiar, con ese norte es difícil no llegar a buen puerto, de esa manera no hay ni desafíos difíciles ni destino común imposible de realizar.
Un poco de historia
Rompehielos “Almirante Irízar”
El “Almirante Irízar” fue construido en 1977 en los Astilleros Wärtsilä, en Helsinki, Finlandia. El 15 de diciembre de 1978 fue entregado a la República Argentina. Es el segundo rompehielos argentino. Sirvió de hospital en la Guerra de Malvinas. Su nombre rinde homenaje a Julián Irízar, el comandante de la corbeta uruguaya que en 1903 rescató en la Antártida a una expedición científica sueca perdida desde el año anterior. Hace cinco años rescató al buque alemán “Magdalena Oldendorff”. El Irízar es el que abre a golpes de puños anaranjado los hielos más impenetrables, un bastión de la presencia argentina en la Antártida. Se trata del único rompehielos con asiento en el Hemisferio Sur, ya que otros buques en el hemisferio tienen categoría de transporte polar.

Irizar y Taparow
Buen día, existe un libro escrito por el comandante del Irizar que cuente el incendio y todo lo sucedido? gracias