Hoy se cumple el 193er. aniversario del combate naval del Buceo, librado frente a Montevideo por la segunda de nuestras escuadras navales, al mando del almirante Guillermo Brown, cuya victoria liberó al Río de la Plata de naves realistas.

Hoy se cumple el 193er. aniversario del combate naval del Buceo, librado frente a Montevideo por la segunda de nuestras escuadras navales, al mando del almirante Guillermo Brown, cuya victoria liberó al Río de la Plata de naves realistas.

Por ese motivo, en esta fecha festeja su día la Armada Nacional. Se trata de una fecha propicia para reflexionar acerca de la necesidad imperiosa de revalorizar el papel que le cabe a nuestra Marina de Guerra como parte integrante que es, sin duda, de la sociedad argentina.

Con sólo tener a la vista el mapa de la Argentina, en que resalta la generosa extensión de sus costas y la vastedad de su mar territorial, resultaría casi superfluo subrayar la importancia de esa fuerza, apenas poco menos longeva que la patria misma, para la defensa nacional. Sin embargo, es menester hacerlo para contribuir al restablecimiento de los criterios de equidad que ciertos sectores insisten en desmerecer, dándole prioridad a temporales y lamentables circunstancias que, por cierto, no contaron con el respaldo unánime de quienes vestían y visten el uniforme naval. Parcializaciones que incluso los argentinos de bien pretenden dar por superadas en aras de la conciliación y el entendimiento fraternos.

Desde la guerra de la independencia y hasta nuestros días, la Armada se hizo presente cada vez que fue requerida. Ya fuese para sostener nuestros derechos soberanos o para realizar tareas solidarias en su natural campo de acción que abarca desde los grandes ríos del Litoral hasta los confines del continente antártico, cuando no se ha extendido a otros países y continentes integrando fuerzas de paz de las Naciones Unidas o mediante sus buques escuela. En muchas de esas misiones derramó generosamente la sangre de sus hombres e hizo gala del abnegado compromiso y de la profesionalidad de todos sus integrantes, desde el más modesto marinero al más encumbrado miembro de su escalafón de oficiales.

Ahora, abocada a reponerse de la honda herida provocada por el incendio del buque rompehielos ARA Almirante Irízar, gravísimo percance felizmente superado merced al valor y aptitud de todos sus tripulantes, nuestra Armada sería merecedora de poder disponer rápidamente de los recursos indispensables para recuperar esa invalorable nave, lo cual representaría, tal vez, el punto de partida del reequipamiento tantas veces postergado. Y, al mismo tiempo, de que quedasen atrás de una vez por todas los resquemores que injustamente siguen recayendo sobre las nuevas generaciones de marinos. Si así empezase a ocurrir, ese gesto se constituiría en la más digna celebración del aniversario de nuestra Armada.

17/05/07
LA NACIÓN

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