A pesar de que se anunciarán medidas para paliar la deficitaria infraestructura del puerto, el sector de los cruceros sigue reclamando una terminal propia en Buenos Aires.
A pesar de que se anunciarán medidas para paliar la deficitaria infraestructura del puerto, el sector de los cruceros sigue reclamando una terminal propia en Buenos Aires.
Una de las principales características del negocio de los cruceros es la previsibilidad: dos años antes, las compañías saben dónde y cuándo atracarán. La Argentina, el reino de lo provisionalmente definitivo, parece no encajar demasiado en ese modelo.
Pese a todo, los atractivos del país han hecho que en los últimos años el números de barcos blancos que llegan a estas tierras se incremente a un ritmo del 25 o 30 por ciento.
Cada temporada -que arranca en noviembre y se prolonga hasta abril- llegan más buques, de mayor tamaño, y con más pasajeros.
Sin embargo, la infraestructura para recibir a esas visitas gigantescas (verdaderos hoteles ambulantes de tres cuadras de largo, equivalentes a edificios de varios pisos, y que transportan a miles de personas) no ha crecido de la misma manera.
La preocupación de quienes intervienen en el circuito, que deja varios millones de dólares al país, no sólo se renueva cada año, sino que crece junto con el aumento de recaladas.
La temporada 2008/2009 no es la excepción.
En los últimos días hubo llamados, consultas y reuniones entre los funcionarios de la Administración General de Puertos (AGP), los representantes de Terminales Río de la Plata (TRP) -donde funciona la actual terminal de cruceros-, e integrantes del Centro de Navegación, entidad en la que están representadas las agencias marítimas.
TRP arrojó la primera piedra. El gerente comercial de la terminal, Roberto Triay, dijo que la empresa anunció a la AGP que de los 128 buques anunciados para la próxima temporada no podrán atender a 15.
¿Qué pasará con esos buques?, le preguntó LA NACION. "La AGP designará en qué muelles se los atenderá. Al resto, los recibiremos con nuestro habitual servicio de calidad", respondió Triay.
Cuando en noviembre de 2001, se inauguró la terminal Benito Quinquela Martín, se dijo que se trataba de una terminal provisoria, ya que para 2004 estaría lista la definitiva. El contrato con TRP se firmó por tres años, pero la realidad hizo que luego fuera necesario ir extendiendo cada año la concesión.
El ingeniero Rodolfo Ghiglione, gerente de Ingeniería y Operaciones de la AGP, reconoció que hay diferentes iniciativas privadas para la construcción de una nueva terminal de cruceros, y recordó que también existe un proyecto oficial.
Todos tienen en común la zona: entre la Dársena Norte y el Antepuerto. "Es el mejor lugar porque no está cerca del sector operativo del puerto, donde están los contendores, y además tiene la mejor visión de la ciudad y un acceso rápido a la zona más turística", dijo el funcionario.
Ghiglione hizo un anuncio importante: antes de fin de año se llamará a licitación para correr la escollera exterior del puerto.
"El problema principal es que los cruceros que llegan para la próxima temporada tienen 300 metros de eslora y no da el círculo de maniobra en la punta del Antepuerto para que puedan entrar a las dársenas. La solución es correr la escollera exterior, de piedra, lo que significa una inversión muy grande, pero es imprescindible para el puerto más allá de los cruceros", detalló.
La primera etapa del plan consiste en "abrir la boca de entrada al puerto, de los 200 metros actuales a 300". Además, recordó que en la actual terminal de cruceros se ampliará la capacidad de atención al pasajero.
"Se habilitarán ex depósitos de ELMA y así, a los 7000 metros cuadrados de hoy se sumarán 2900 metros cuadrados".
Dieciséis empresas se presentaron a la licitación para la obra que tendrá un costo de 1,6 millones de pesos y deberá estar lista antes de diciembre. Contempla la ampliación del depósito de valijas, la zona de check-in , migraciones, el acondicionamiento de los pisos, techos e iluminación, entre otras cosas.
Si bien es cierto que la superposición de buques (el año pasado hubo un día en el que coincidieron cinco) genera temores en cuanto a los tiempos y calidad de atención de los pasajeros y al manejo del equipaje, esa posibilidad genera otro problema mayor: no hay suficientes frentes de atraques.
La terminal de cruceros funciona hoy en el tercer espigón, en la Dársena C. Pero ante los números de la próxima temporada (que indican un incremento que ronda el 30 % de las recaladas), la AGP analiza sumar muelles alternativos.
"TRP habilitaría dos frentes para cruceros. Estamos dragando la zona de giro frente a la Dársena C para ocuparla. Y entre las alternativas que estamos evaluando figuran la cabecera del quinto espigón, que no está concesionada. Ahí es donde descargan los buques petroleros, así que todo depende de las tratativas con Camesa. Otra posibilidad es la cabecera de Terbasa", dijo el funcionario de la AGP.
Pero como más allá de estos parches circunstanciales, la cuestión de fondo sigue irresuelta, LA NACION consultó a la Secretaría de Transporte sobre cuál será la política oficial sobre el tema.
No hubo respuesta del organismo oficial. Un tema para Massa
La cuestión de los cruceros es de vital importancia para la ciudad de Buenos Aires, a tal punto, que es uno de los ítem que figura en la agenda que el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, llevará al jefe de Gabinete de la Nación, Sergio Massa, cuando éste lo convoque como parte de la ronda de diálogo con gobernadores.
"Los cruceros tienen en la ciudad un impacto directo de 100 millones de dólares. Si tuviéramos jurisdicción sobre el puerto lanzaríamos de modo inmediato la construcción de una nueva terminal de cruceros", dijo el ministro de Cultura y Turismo porteño, Hernán Lombardi.
"Se trata de un negocio previsible, que deja mucho dinero no sólo por el paso de los barcos y sus pasajeros, sino por el recambio de tripulaciones. En los próximos años, Buenos Aires deberá competir con otras ciudades para atraer cruceros. Si bien es cierto que todos pronostican el crecimiento de la demanda, eso no significa tener un lugar asegurado. Nos interesa mantener y aumentar la cantidad de barcos que llegan, por eso ofrecimos toda la cooperación del gobierno porteño para que, aún en condiciones que no son las mejores, los visitantes estén bien atendidos", agregó.
Una de las primeras voces de queja que se escucha cada año, proviene del Centro de Navegantes. La entidad agrupa a líneas de navegación extranjeras y argentinas, y agencias marítimas. Es la caja de resonancia del sector.
Julio Delfino, ofició de vocero del Centro y rescató el hecho de que desde la AGP se estuvieran atendiendo las "cuestiones urgentes".
"Hay que separar lo urgente de lo importante. Con recursos limitados y la temporada casi encima, es bueno que se estén buscando soluciones. Seguramente en los próximos días habrá una comunicación formal de cuáles serán los muelles alternativos", comentó.
Luego, habló de lo "importante".
"Es muy importante desarrollar una estrategia para posicionar los atractivos de Buenos Aires para los cruceros. Para eso es fundamental contar con una terminal dedicada a cruceros, de calidad internacional. Es fundamental trazar una política clara y a largo plazo que mire más allá de la coyuntura, porque a nadie le escapa que si se mantiene el ritmo de crecimiento actual, las soluciones ideadas para esta temporada serán insuficientes el año que viene. Tenemos que resolver qué haremos en cinco años", sostuvo.
Cuando se menciona la posibilidad de construir una terminal exclusiva para cruceros, asoma de inmediato un tema: la estacionalidad. Y con ella, las eventuales dificultades económicas para los inversores privados que monten una súper estructura que sólo se use cuatro o cinco meses al año.
Delfino opinó que "los ingresos que deja una temporada pueden administrarse de modo que rindan todo el año" y que es necesario "alinear intereses" porque se trata de un tema muy importante para el país.
En las dos iniciativas privadas conocidas hasta ahora para construir una nueva terminal de cruceros (de lo que se informa por separado), el negocio inmobiliario paralelo a la terminal aparece como un elemento fundamental.
Todo indica que llegó la hora de las decisiones en el puerto de Buenos Aires. Si no mejoran las condiciones, los cruceros, un negocio que mueve 23.000 millones de dólares anuales en el mundo, puede verse tentado de buscar nuevos rumbos.
Por Florencia Carbone
De la Redacción de LA NACION
Propuestas: bajo el paraguas de la Iniciativa Privada
El sitio es el mismo. Los argumentos, casi idénticos. Ambos nacieron al abrigo del decreto966 o Régimen de Iniciativa Privada, por el que el gobierno nacional promueve que el sector privado participe en proyectos de infraestructura, presentando propuestas sin esperar a que el Estado fije los parámetros, y otorga al PE la potestad de convocar a una licitación pública o adjudicarla en formadirecta si así lo considera, por razones de interés general.
Primero fue el turno del consorcio integrado por London Supply (compañía argentina especializada en la gestión y administración de aeropuertos), la constructora Decavial y las firmas de logística Rowing e International Trade Logistic.
En 2005, presentaron como "Iniciativa Privada" al entonces presidente Néstor Kirchner, Megaport, un proyecto que contemplaba una inversión de 1200 millones de pesos para construir una terminal de cruceros.
Una de las patas fundamentales de la iniciativa era la fase inmobiliaria porque, como explicó Francisco Heredia Lafuente, gerente comercial de London Supply, "por su estacionalidad, la terminal de cruceros sola no tiene repago".
Heredia Lafuente buscó derrumbar los argumentos de quienes critican ese punto: "No es quitarle tierras al puerto porque esa parte no se utiliza", dijo.
"Ver llegar a un crucero de lujo y después ver por dónde se bajan los pasajeros, entre los contenedores, es terrible. La gente de la terminal (TRP, que tiene la concesión de la actual terminal de cruceros) hace un trabajo fantástico pero la infraestrctura no es la mejor. Además, se está privando a la ciudad del espectáculo de los cruceros. Desde Miami a Barcelona, la llegada y zarpada de un crucero es una verdadera fiesta", agregó.
-¿Cómo está hoy la propuesta?, preguntó LA NACION. "Stand by", respondió.
Luego, mucho más cerca en el tiempo, hace apenas tres semanas, otro grupo empresario, mediante el recurso de "Iniciativa Privada", presentó una propuesta similar a la presidenta Cristina Kirchner.
Esta vez la inversión anunciada es de 1100 millones de dólares. Se trata del proyecto urbano Bicentenario de la República, un complejo turístico, comercial y cultural que sería levantado sobre los viejos edificios del hotel y del sanatorio de los Inmigrantes, en la zona de Puerto Madero, y que contempla también la construcción de una terminal de cruceros.
El grupo inversor está compuesto por la Corporación América, IRSA y las compañías de desarrollo inmobiliario Fernández Prieto y Asociados, y Vizora, propiedad del banquero Jorge Brito. En la reunión con la presidenta estuvo también Juan Carlos López Mena, de Buquebús.
12/08/08
LA NACIÓN

