En busca de los orígenes del sistema solar en la Antártida

Hombres armados con picos y palas, protegidos por gruesos abrigos, recorren el hielo virgen de la Antártida en busca de "piedras" de un valor inestimable, pues se trata de meteoritos y micrometeoritos procedentes de otros mundos.

Hombres armados con picos y palas, protegidos por gruesos abrigos, recorren el hielo virgen de la Antártida en busca de "piedras" de un valor inestimable, pues se trata de meteoritos y micrometeoritos procedentes de otros mundos.

"El objetivo es hallar polvo de asteroides o de cometas para estudiar los primeros momentos del sistema solar. Es decir, objetos que estén lo más cerca posible de los que formaron nuestra estrella hace unos 4.500 millones de años", explica Jean Duprat, cosmoquímico del Centro de Espectrometría Nuclear y de Espectrometría de Masa (CSNSM) del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) francés.

La Antártida ha resultado ser uno de los mejores lugares para la búsqueda de esas piedras procedentes de la Luna, de otros planetas y de asteroides. Sobre su casco glacial, lejos de toda contaminación humana y con lluvias muy débiles, las rocas capturadas por el hielo son fácilmente recuperables y, sobre todo, no tienen muchas posibilidades de ser de origen terrestre.

Desde hace más de 30 años, los geólogos recorren este continente en busca de su Grial, de la muestra que les permitirá avanzar de modo decisivo en la comprensión del sistema solar, de su formación.

Así, miles de meteoritos, de objetos de más de un centímetro, han sido recuperados en las campañas norteamericanas, europeas, japonesas y rusas.

Pero desde hace algunos años, las investigaciones se orientan más bien hacia los micrometeoritos, "granos de polvo interplanetarios, de tallas comprendidas entre 25 y 500 micrones", precisa Duprat, que dirige las colectas realizadas en la base franco-italiana "Concordia".

En este sitio aislado, a 1.100 km de las costas y a 3.200 m de altitud, los investigadores van en busca de nieve a profundidades de hasta 6 metros, con el objeto de extraer micrometeoritos.

Su sueño es recoger "materiales procedentes de los confines del sistema solar que podrían haber sido apresados por cometas, muy temprano, y que por lo tanto se habrían modificado muy poco", indica el cosmoquímico.

Los trabajos en la Antártida han permitido determinar que los micrometeoritos "representan, de lejos, el principal aporte de materiales extraterrestres" que caen actualmente sobre nuestro planeta: unas 6.000 toneladas por año, según las estimaciones más recientes, contra sólo 3 a 8 toneladas por año para los meteoritos, señala Duprat.

Aproximadamente 80% de los micrometeoritos recogidos en "Concordia" encierra sulfuros de hierro, y uno de ellos contenía un carbonato, "un elemento bastante soluble, cuya presencia prueba muy claramente que ese objeto sufrió muy poca alteración acuosa", explica.

El estudio de los micrometeoritos de Concordia podría tal vez aportar en el futuro algún elemento de respuesta al misterio de la aparición de la vida en nuestro planeta.

En su simulación Emma (Early MicroMeteorite Accretion), el cosmoquímico Michel Maurette indica que los elementos volátiles (azote o neón) aportados por los intensos bombardeos de meteoritos sufridos por el planeta hace más de 3.900 millones de años pudieron contribuir "de modo determinante" a la formación de la atmósfera y los océanos de la Tierra primitiva.

18/02/07
CORREO DE CARONI

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